mayo 19, 2024 7:27 am
Una prueba de democracia

Una prueba de democracia

Discurso de la alcaldesa Clara López Obregón al entregar el cargo a su sucesor Gustavo Petro, Plaza de Bolívar, Bogotá, enero 1 de 2012

Desde que existe la elección popular de alcaldes, Bogotá se ha convertido en una prueba de democracia.

Cada 4 años, una buena parte de los bogotanos y bogotanas van a las urnas a expresar su opinión independiente, informada, considerada y, bueno, muchas veces inconforme.

Bogotá responde ante sus necesidades, sus anhelos y sus esperanzas. Espera que sus administraciones construyan sobre lo construido. Que avancen, planifiquen y, sobretodo, que cumplan.

Más que dejar una huella, cada administración debe seguir un camino.

Eso le ha permitido a Bogotá abrirse paso en las últimas dos décadas. El saneamiento de las finanzas de Jaime Castro, la cultura ciudadana de Antanas Mockus, el Transmilenio de Enrique Peñalosa, el salto social que empezó con Lucho Garzón y que en los últimos 8 años ofrece resultados evidentemente positivos.

Esta administración deja estructurado, para su implementación progresiva, el nuevo sistema integrado de transporte público y la primera línea del Metro que significará otro salto en materia de inclusión social.

Son ocho años de gobiernos de izquierda en los cuales Bogotá se puso en la vanguardia social del país.

Los programas sociales inicialmente diseñados e implementados en Bogotá, ahora son hojas de ruta para la Nación.

Bogotá declaró la gratuidad total en la educación pública desde diciembre de 2009.

Desde hace dos años, más de un millón de estudiantes de nuestra ciudad cursan del grado 0 hasta el 11 sin pago de matrícula o pensión y con acceso a alimentación y salud complementarias.

A pesar de las restricciones de la Ley 100, Bogotá implementó a partir del 2004 sus programas de atención primaria en salud que hoy llegan a dos y medio millones de los habitantes más vulnerables a través de Salud a su casa, Salud al colegio y Salud al trabajo.

Esta novedosa estrategia de salud preventiva, que ha mejorado los indicadores de mortalidad materna, perinatal y de la infancia, ha sido recogida por la reciente reforma como la apropiada para el desarrollo de los servicios de salud a nivel nacional.

Bogotá también se adelantó a la Ley de Víctimas con su red de 14 Centros de Atención Integral a las Víctimas del conflicto armado, de delitos de lesa humanidad y de graves violaciones a los derechos humanos y con el Centro de Memoria Histórica que abrirá sus puertas el año entrante en el Parque de la Reconciliación sobre la Calle 26.

La aplicación consciente de estas y otras políticas de inclusión social ha reducido la pobreza en más de la mitad, del 29% de los hogares bogotanos en el 2003 al 12,7% de hoy gracias a la destinación de 70 de cada 100 pesos de la inversión distrital directamente en la gente.

Y todo esto se logró con finanzas sanas y sostenibles a partir de una cultura tributaria afianzada que ha permitido reducir al mismo tiempo la deuda pública distrital.

Con todo, es mucho lo que falta saldar de la deuda social. Hoy, a pesar del inmenso volumen de inversión social, el coeficiente de Gini acusa una sensible agudización de la concentración del ingreso que exige atención estructural.

Bogotá evoluciona. Es una capital que refleja las necesidades del país, y también sus profundos problemas. Pero siempre propone soluciones.

Tenemos una ciudad que ya vive el pos-conflicto mientras que en muchas regiones del país la realidad es muy diferente. El conflicto armado se vive, se siente y se sufre.

Bogotá ha sido capaz de absorber el mayor número de reinsertados de los grupos armados ilegales, ofrecerles oportunidades y así lograr los más bajos índices de reincidencia en el país.

Es la ciudad que acoge al mayor número de desplazados y víctimas del conflicto armado y los ayuda a volver a tejer sus vidas.

Es la ciudad que se ha convertido en el escenario para el despliegue de la protesta social y estudiantil pacífica que ofrece espacios para el compromiso y la negociación.

Miren el ejemplo de cohabitación a nivel político. Ocho años de administración del Polo durante ocho años de gobiernos nacionales con ideologías diferentes.

Nuestra ciudad pide lo mejor de su administración de acuerdo a sus necesidades.

Es una democracia que está madurando y que exige políticas públicas sostenibles que reflejen sus deseos de prosperar, de sentirse segura, de erradicar la pobreza y de construir una sociedad digna, justa e incluyente.

Bogotá es una ciudad que ya tiene una visión de la alternativa que busca el país. Donde, en lugar de confrontación, se avanza en concertación.

Donde se reconoce que se necesita escuchar a la gente en toda su diversidad.

Donde, más que autoridad, se construye tolerancia y respeto.

Donde, más que soberbia, se necesita humildad.

Somos un ejemplo de cómo podemos avanzar como país. Un país obligado a construir la paz.

Con optimismo recibimos las recientes declaraciones del Presidente de la República en las que además de expresar su voluntad de dialogo con la guerrilla, afirma algo que es la esencia de nuestros anhelos, que la verdadera victoria es la paz.

En la última encuesta de cultura se ve claramente como estamos avanzando de una concepción limitada de cultura ciudadana hacia algo más complejo y exigente: una verdadera cultura democrática.

Les doy un ejemplo, la discriminación contra las mujeres se ha reducido en 15 puntos porcentuales en apenas dos años.

La que afecta a afrodescendientes, población LGBT y a los pobres, también registra reducciones apreciables.

Los indicadores evidencian que las políticas de respeto e inclusión social de los más variados sectores poblacionales van produciendo resultados concretos que nos llevan por el camino de convertirnos en una ciudad de derechos que vence la discriminación y los prejuicios.

Las soluciones en infraestructura avanzan. Soluciones técnicas avaladas por expertos que necesitamos para hacer de Bogotá una ciudad moderna e incluyente, eficiente y competitiva.

De los errores que se cometieron en su ejecución hay que asegurarnos que no vuelvan a ocurrir.

El pasado es para aprender, el presente para corregir y el futuro para ver todo lo que esta ciudad puede ser.

El futuro es para vernos.

Ha sido un honor servirle a esta ciudadanía tan exigente.

Le agradezco al Presidente Juan Manuel Santos por su decisión de designarme.

Su apoyo constante es un ejemplo extraordinario de esa democracia que tenemos que construir entre todos.

A los entes de control por su ayuda en tratar de enderezar ese relajamiento de prácticas que nos causaron tanto daño.

Al Concejo de Bogotá por debatir con la Administración en la búsqueda de lo mejor para nuestra ciudad.

A mi Partido, el Polo Democrático Alternativo por haberme dado la oportunidad de demostrar que si somos capaces de gobernar y de gobernar bien.

Al equipo de mujeres y hombres que me acompañaron en estos seis meses por su entereza, compromiso y capacidad de producir resultados.

Y sobre todo les doy las gracias a los bogotanos y bogotanas por darme la mano. Por su comprensión y su incesante exigencia.

Para terminar, les cuento la historia que da su nombre al nuevo auditorio del Edificio Bicentenario de la Alcaldía Mayor. La historia de Huitaca.

Quienes primero habitaron estas tierras tenían varias deidades. La menos popular pero la más honesta era Huitaca, la diosa rebelde. Ella es la luna que nos guía en la noche. Es el agua que nos da vida.

Para los Muiscas, Huitaca representa lo que somos. Con honestidad, sin miedos, sin temores. Huitaca es Bogotá.

Dr. Petro, dejo en sus manos a una ciudad que vive de los anhelos de todos sus habitantes. Una ciudad que expresó su voluntad democrática y puso su futuro sobre sus hombros.

En los últimos meses Bogotá me dio algo extraordinario.

Ver a los estudiantes en las protestas abrazando a la policía.

A los vecinos en las inundaciones cruzar, con el agua fétida a la cintura, la que fuera la calle de su barrio para socorrer a su comunidad.

Entender la solidaridad ética de la inmensa mayoría de los habitantes que redujeron su consumo de agua en más de una quinta parte para aliviar el reflujo del Río que afectaba a Bosa y Kennedy.

Ver como organizaciones sociales, empresas privadas e instituciones se sobreponían a sus intereses particulares para avanzar el bien común.

Bogotá me ayudo a recuperar la fe.

Espero que la ciudad sea tan generosa con usted como lo fue conmigo.

Muchas gracias.

Bogotá, enero 1 de 2012.

Síguenos en Redes Sociales

Scroll al inicio