febrero 11, 2026 8:30 pm
97 años de la Masacre de las Bananeras. Ciénaga: del silencio de los rieles al grito de la dignidad

97 años de la Masacre de las Bananeras. Ciénaga: del silencio de los rieles al grito de la dignidad

POR RICARDO VILLA SÁNCHEZ /

Durante 97 años, los rieles oxidados de Ciénaga, municipio al nororiente del departamento colombiano del Magdalena, arrastraron una herida sin reconocimiento pero que ha sido un hito de reinvindicación y de dignidad. Por allí pasaron los trenes de la United Fruit Company cargados de banano, capital y silencio. Pero también, según la memoria popular y la literatura, por esos mismos vagones viajaron los cuerpos de cientos —quizás miles— de obreros asesinados por exigir salario en dinero, jornada digna, derecho a huelga y libertad sindical. Lo que se llamó motín fue masacre. Lo que se llamó rumor fue verdad. Lo que fue crimen, el Estado colombiano no se atrevía a nombrarlo. Hasta ahora.

El pasado sábado 6 de diciembre de 2025, bajo el sol inclemente del Caribe y el atardecer mágico de luna llena, la Plaza del Centenario cambió de atmósfera. Ya no olía a pólvora ni a miedo. Olía, esta vez, a justicia. Ya no habría que gritar: “cabrones, les regalo el minuto que falta”, como lo haría José Arcadio Segundo en ‘Cien años de soledad’. Sino se escuchaban arengas de esperanza.

Por primera vez desde 1928, un Presidente de la República se paró frente al pueblo de Ciénaga, no como verdugo ni como ausente, sino como testigo de una historia negada. Con tono firme, muy puntual y voz clara, Gustavo Petro dijo lo que otros callaron durante casi un siglo:  la Masacre de las Bananeras fue un crimen de Estado al servicio de intereses extranjeros.

Pero el discurso no se quedó en el pasado. Petro trazó un nuevo horizonte. Pronunció una fórmula que sintetiza la ética del Gobierno del Cambio: “Palabra más multitud es más poderosa que misil más dinero”. En ella se resume una apuesta política: reemplazar la represión por la democracia, el miedo por la dignidad, el interés extranjero por la soberanía popular. “Ayer el presidente conservador Abadía Méndez ordenó disparar para defender a una multinacional. Hoy, este Presidente está del lado de los trabajadores y las trabajadoras”, afirmó, en una de las frases más duras y lúcidas de su discurso.

El Presidente no habló solo. Antonio Sanguino, Ministro del Trabajo, aportó una imagen que lo dice todo: el edificio donde funcionaba el cantón militar desde donde salieron los soldados del general Carlos Cortés Vargas, hoy es una universidad pública. “Aquí, donde antes salían balas asesinas, hoy salen jóvenes formados por el Gobierno del Cambio”. La metáfora es real: la dignidad se construye transformando los espacios del miedo en casas del saber. Los campesinos, obreros, amigos no son “cuadrillas de malhechores”, cuando defienden sus derechos y participan, son ciudadanos, actores políticos con dignidad.

La masacre de 1928, invisibilizada por casi 100 años, volvió al centro del debate nacional. Pero esta vez no como nostalgia trágica, sino como exigencia de transformación. Porque no hay memoria verdadera sin reformas concretas. No hay verdad histórica sin justicia social. Y no hay reparación, si no se tocan las estructuras que generaron la violencia. La Paz es la transformación del territorio. La Paz también es honrar la palabra empeñada a las mayorías.

Quizás por esto, el presidente Petro cerró con una pregunta que no admite evasivas: “¿Vamos a regresar a la masacre o vamos a hacer realidad la reforma laboral para que el trabajo sea digno en Colombia?”.

La pregunta quedó flotando en el aire cálido de Ciénaga, como una canción antigua que por fin encuentra letra nueva, para que no siga sufriendo sin queja un pueblo soñador, como la canción de Santander Durán Escalona, un descendiente de otra dinastía, que entonaron en el escenario.

La sangre regada no puede seguir siendo cifra olvidada ni relato literario. Debe ser semilla de soberanía, de trabajo decente con derechos, de paz con justicia. En Ciénaga ya se dijo la verdad. Ahora, toca continuar luchando para hacerla realidad.

@rvillasanchez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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