febrero 13, 2026 11:23 am
¿Nos acercamos al fin de la especie humana?

¿Nos acercamos al fin de la especie humana?

POR LEONARDO BOFF

Si reducimos el proceso cosmogénico de 13.700 millones de años a un año, como lo hizo el cosmólogo Brian Swimme y antes que él Carl Sagan, llegamos a la conclusión de que nuestro antepasado primitivo apareció el 31 de diciembre a las 22 horas: somos nosotros, los sapiens sapiens, el 31 de diciembre, 58 minutos y 10 segundos, por lo que somos el último de los seres más grandes en entrar en escena en el proceso de evolución, menos de dos minutos antes de la medianoche. Nosotros en este momento, comenta Swimme, aparecemos “10 segundos antes de la medianoche y somos los nuevos ricos de la vida”.

Este ser, con inteligencia, voluntad y propósito, al no tener ningún órgano especializado, se vio obligado a interferir en la naturaleza para garantizar su subsistencia, pero desde un principio lo hizo utilizando su fuerza hasta el punto de desequilibrar los diversos ecosistemas. Según el economista y ecologista húngaro Georgescu-Roegen (1906-1994), uno de los primeros en plantear la cuestión de los límites del sistema terrestre, este ser, el humano, es muy creativo, agitado, agresivo y poco aficionado a las mediciones. Por este motivo, afirma, cambiará la faz de la Tierra pero está destinado a tener una vida corta en la Tierra. Lyn Margulis, en su ‘Microcosmos’“cuatro mil millones de años de evolución microbiana” (1990) llega incluso a afirmar que nuestra especie es “una especie de maleza mamífera, a pesar de nuestra personalidad y logros” (p.213), amenaza a otras especies, hasta el punto de que en los tiempos modernos hemos inaugurado, según algunos científicos, una nueva era geológica, el antropoceno, es decir, el ser humano sería la mayor amenaza para la vida en el planeta.

Se produce un fenómeno que nos hizo plantearnos la pregunta anterior: ¿no nos acercamos a nuestro propio fin? Algunos biólogos notables, como A. Meredith y la propia Lyn Margulis, piensan que el reciente y fantástico éxito del ser humano en poblar el planeta no sería más que “un fenómeno del ocaso”, es decir, el gran juego de luces antes de lo inevitable, el fin del mundo. La expansión demográfica realmente nos hace pensar.

Sólo en 1800 llegamos a los mil millones de personas; en 1930 ya éramos 2 mil millones, en 1974 llegamos a la cifra de 4 mil millones; en 1987 éramos 5 mil millones; en 1999 emergimos como 7 mil millones y en 2022 finalmente llegamos a 8 mil millones de personas.

Si miramos de cerca, hay un crecimiento exponencial. Comenta Margulis, uno de los mayores expertos en microbiología: “Según datos históricos, se sabe que las especies suelen reproducirse con considerable profusión momentos antes de extinguirse” (Microcosmos, p.213). Otro gran científico John R. Plat comenta “Nos asustamos cuando observamos estos ejemplos de aceleración evolutiva” (The Acceleration of Evolution, en The Futurist, 1981).

El argumento que más me convence y sustenta mi hipótesis (no es más que una hipótesis) de que nuestro fin no está lejano lo aporta la propia Margulis. Pone el ejemplo de lo que sucede con los microorganismos colocados dentro de la placa de Petri: “Las placas de Petri son placas redondas equipadas con comida transparente, lo que permite al investigador ver las colonias de bacterias en forma de puntos incluso con el ojo”. Alimentados con nutrientes, los microbios casi siempre resultan ser muy prolíficos… “Cuando agotan todas las sustancias nutritivas y llegan a los bordes de la placa de Petri, los múltiples miles de millones de bacterias dejan de desarrollarse y mueren repentinamente por falta de alimento y de espacio vital, humanidad, el mundo puede parecer idéntico a una placa de Petri” (p.214).

En otras palabras, los organismos de la ONU muestran anualmente el sobregiro de la Tierra. Lo alcanzaremos este año 2023, el 22 de julio. Esto significa: se han agotado los nutrientes esenciales que nos proporciona la Tierra para garantizar la continuidad de la vida. Como los países ricos, en particular, no reducen su consumo suntuoso, la Tierra viva ya no puede dar lo que no tiene. Luego responde con más calentamiento global, más eventos extremos, más virus letales y otros fenómenos que podrían poner el futuro de la vida humana y de la naturaleza en una situación de disolución e incluso desaparición. El citado científico Plat estima que la vida en la Tierra se acerca a su mayor punto de inflexión después de 4 mil millones de años de existencia. No existe una conciencia colectiva de este riesgo entre la población, ni entre los “tomadores de decisiones” ni entre los jefes de Estado.

Cada año desaparecen miles de especies vivas tras permanecer en nuestro planeta durante millones de años. Al llegar a su clímax, desaparecen para dar paso a otros. Pregunto: ¿no nos ha tocado a nosotros desaparecer de este planeta? La Tierra seguirá girando pacíficamente alrededor del sol. Pero sin nosotros.

No quisiera que se hiciera realidad el pronóstico de uno de los últimos grandes naturalistas, Jacob Monod, que en su libro ‘Y si la aventura humana fracasara’ (2000) observa: “somos capaces de conductas tontas y dementes. Pero se puede temer a todo, realmente a todo, incluso a la aniquilación de la especie humana. Sería el precio justo por nuestra locura y nuestras crueldades” (p.246). Con esperanza confiamos en que daremos un salto en nuestra conciencia, despertaremos, cambiaremos de rumbo y así salvaremos la vida, nuestras culturas y nuestro futuro, es la esperanza esperanzadora.

@LeonardoBoff

 

 

 

 

 

 

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