febrero 12, 2026 7:41 am
Cuba, Estados Unidos y Colombia: la salud entre la solidaridad y el negocio

Cuba, Estados Unidos y Colombia: la salud entre la solidaridad y el negocio

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Dos realidades completamente opuestas: en un rincón del mundo, médicos llegan a zonas rurales, barrios marginados y regiones en crisis sin pedir nada a cambio, solo con el propósito de salvar vidas. En otro, hospitales con tecnología de punta niegan tratamientos a quienes no pueden pagar, mientras aseguradoras deciden quién vive y quién muere según su capacidad económica. Este no es un ejercicio de ficción; es la diferencia entre Cuba y Estados Unidos en materia de salud, una lucha que también se refleja en Colombia, donde la mercantilización de la atención médica ha profundizado desigualdades y sufrimiento.

La salud como derecho vs. la salud como negocio

Desde 1959, Cuba ha sostenido un principio inquebrantable: la salud es un derecho humano y debe estar al servicio del pueblo. A pesar del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, la isla ha construido un sistema de salud basado en la prevención, la gratuidad y la solidaridad internacional. Las brigadas médicas cubanas han estado presentes en más de 164 países, salvando vidas en situaciones de emergencia como el ébola en África Occidental, el terremoto de Haití y la pandemia del Covid-19.

Por otro lado, Estados Unidos representa la cara opuesta: un sistema donde la salud es un negocio manejado por aseguradoras y farmacéuticas que priorizan las ganancias sobre la vida. En este modelo, más de 26.4 millones de estadounidenses carecen de acceso a atención médica y el costo de los tratamientos es la principal causa de bancarrota personal. En este contexto, el éxito de Cuba representa un desafío ideológico para el capitalismo sanitario, lo que explica las sanciones impuestas por Washington a quienes facilitan la cooperación médica cubana.

Colombia: entre el neoliberalismo y la esperanza de cambio

Colombia ha seguido la misma lógica de mercantilización de la salud. Desde la Ley 100 de 1993, impuesta bajo la doctrina neoliberal, el sistema ha estado en manos de Empresas Promotoras de Salud (EPS), cuyo objetivo principal es generar rentabilidad y no garantizar el bienestar de los ciudadanos. Las consecuencias han sido desastrosas: millones de colombianos enfrentan trabas para recibir atención, demoras que cuestan vidas y tratamientos negados porque «no son rentables».

La ultraderecha y los grandes empresarios han defendido este modelo con uñas y dientes, respaldados por los medios de comunicación tradicionales, que han desinformado sobre las reformas necesarias para garantizar el derecho a la salud.

El Gobierno del Cambio que lidera el presidente Gustavo Petro busca transformar esta realidad, pero enfrenta una feroz resistencia de quienes han lucrado con la enfermedad y el sufrimiento del pueblo.

El imperialismo y la salud global

 

El ataque de Estados Unidos a la cooperación médica cubana no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia imperialista que busca mantener su dominio sobre los sistemas de salud del mundo. Washington no solo impone sanciones a Cuba, sino que también ha retirado fondos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y recortados programas globales contra enfermedades como la malaria y la tuberculosis, afectando a millones de personas en países en desarrollo.

El modelo capitalista impone un sistema donde las grandes corporaciones dictan las condiciones: el acceso a la salud depende del poder adquisitivo y no de la necesidad. Mientras Cuba envía médicos a los rincones más olvidados del planeta, Estados Unidos impone bloqueos y sanciones que ponen en riesgo la vida de millones de personas.

La salud no es un privilegio, es un derecho

 

La confrontación entre Cuba y Estados Unidos en materia de salud no es solo una disputa entre países, sino un reflejo de la lucha global entre el humanismo socialista y la lógica capitalista. La experiencia cubana demuestra que es posible garantizar salud para todos sin convertirla en un negocio. Mientras tanto, el modelo neoliberal sigue cobrando vidas en países como Colombia y Estados Unidos, donde la salud ha sido convertida en una mercancía.

La pregunta no es si el sistema actual es sostenible —porque la realidad demuestra que no lo es—, sino si la humanidad está dispuesta a permitir que el capital siga decidiendo quién vive y quién muere. La respuesta dependerá de la organización y la lucha de los pueblos, porque la historia nos enseña que los derechos no se mendigan, se conquistan y se exigen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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