EDITORIAL TSC /
Históricamente las clases dominantes que han (mal)gobernado Colombia han legislado a la medida de sus mezquinos intereses, haciendo que el Estado sea un instrumento que responda a sus demandas y a su concupiscente provecho. El resultado es que convirtieron al país en uno de los más desiguales del mundo según el Coeficiente de Gini (medida utilizada para evaluar la desigualdad en la distribución del ingreso).
Con un puntaje de 54,8 en esa escala, Colombia se ubica como el tercer país con mayor índice de desigualdad en términos de ingresos económicos a nivel mundial. Solo Sudáfrica y Namibia superan a Colombia en este ranking, con puntajes de 63 y 59,1 respectivamente. A nivel continental, lidera la lista en América, seguido de Belice y Brasil.

La injusticia social en Colombia es un tema complejo y multifacético que abarca diversos aspectos de la vida económica, política y social del país que ha marcado su historia, y lo que sigue siendo preocupante, continúa afectando a su población de manera significativa. Es decir, constituye un problema profundo que requiere atención y acción en múltiples frentes para mejorar las condiciones de vida de su población.
Por ello, el Gobierno del presidente Gustavo Petro ha buscado por los medios institucionales revertir esta vergonzante situación de injusticia social, acentuada hace más de tres décadas con la implementación del malhadado modelo económico neoliberal que convirtió los derechos fundamentales como la salud en pingües negocios para una camarilla de avivatos. No obstante, los esfuerzos de su gestión, la respuesta de los sectores retardatarios defensores del statu quo ha sido el bloqueo a sus proyectos de reforma social y los intentos de golpe de Estado.
Es evidente por su accionar político egoísta que la oposición de derecha lo que pretende es seguir manteniendo sus privilegios a costa del interés general, afectando de manera grave y en grado superlativo a las mayorías nacionales que luchan a diario por su sobrevivencia.

Ante el sistemático bloqueo institucional de los sectores tradicionales del conservadurismo que han detentado históricamente el poder, una alternativa es la consulta popular a la que ha llamado el presidente Petro para lograr avanzar en la concreción de las reformas sociales que posibiliten revertir en algo la inicua situación socioeconómica de la gran mayoría de la población.
Son las reformas sociales la vía más expedita para generar el verdadero cambio tantas veces postergado y por el que se eligió en 2022 la fórmula presidencial Gustavo Petro-Francia Márquez.
Este empeño reformista no puede quedar en medio camino y los sectores democráticos, progresistas y de izquierda tienen el compromiso político y moral de consolidar su organización para seguir dando la batalla por alcanzar el cambio que tanto reclaman las mayorías nacionales.
Es una dura confrontación política entre el presente y el futuro representado por las fuerzas alternativas y los sectores del conservadurismo neoliberal que están dispuestos a lo que sea por mantener sus codiciosos intereses.

La convocatoria del Gobierno Petro de seguir respaldando con ahínco las reformas y el mecanismo de la consulta popular para materializarlas tiene que ir acompañada por la organización y cohesión de las expresiones políticas y sociales comprometidas con el cambio. De ahí la importancia de avanzar en los esfuerzos por la concreción del Frente Amplio con miras al reto electoral de 2026.
El Frente Amplio es la posibilidad más certera para enfrentar el statu quo al que quiere condenar la derecha al país. Esta gran confluencia política y social debe tener el propósito de configurarse como el líder intelectual y moral que constituya y reproduzca la voluntad de los sectores marginados, los trabajadores, los desempleados, las mujeres, los jóvenes, las diversidades sexuales, la población de la tercera edad, las comunidades ancestrales. Es decir, el conjunto de las mayorías populares que de manera conjunta se nuclean en este proyecto de cambio para hacer realidad una visión de país como la que ha planteado el Gobierno del presidente Petro, que sea verdadera alternativa al interés politiquero y egocéntrico de la decadente clase dominante tradicional de la derecha.



