CON INFORMACIÓN DEL NEW YORK TIMES /
En los primeros tres meses del Gobierno de Donald Trump, se ha puesto en marcha un marcado desmonte del Estado liberal que había caracterizado la política de Estados Unidos en las últimas décadas. Este breve periodo de gestión del magnate republicano ha estado marcado por un creciente oscurantismo, impulsado por una serie de políticas y decisiones que buscan silenciar a los adversarios del nuevo Gobierno y están teniendo un impacto significativo en sectores clave como las universidades y los inmigrantes.
El liberalismo político en Estados Unidos ha sido un pilar fundamental que sostiene la particular concepción de “democracia” de este país, el respeto por los derechos civiles y las libertades individuales. Sin embargo, con la llegada de Trump al poder, se está en presencia de la ejecución de una serie de acciones que buscan revertir muchos de estos avances. Desde la revocación de regulaciones ambientales hasta la debilitación de los programas de salud pública, en la Casa Blanca se proyecta una política enfocada a desmantelar planes sociales de corte progresista, fortaleciendo contrario sensu, un Estado más autoritario.
Reestructuración de la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Justicia

En una decisión controvertida, el presidente Trump ha reestructurado la misión de la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Justicia, lo que ha llevado a una serie de renuncias y transferencias dentro de ese organismo. Este cambio de enfoque ha sido recibido con fuertes críticas por parte de defensores de los derechos civiles, quienes consideran que la reestructuración socava los esfuerzos históricos para proteger los derechos de las minorías y otros grupos vulnerables.
Según el Departamento de Justicia, la reestructuración tiene como objetivo redirigir los recursos hacia la lucha contra la discriminación religiosa y la promoción de la libertad de expresión. Sin embargo, los críticos argumentan que estas prioridades podrían desviar la atención de problemas urgentes como la brutalidad policial y la discriminación racial.
El cambio en la misión de la Oficina de Derechos Civiles ha provocado un «éxodo» de personal, con varios empleados de larga data renunciando en protesta y otros siendo transferidos a diferentes departamentos. La salida de estos funcionarios experimentados amenaza con debilitar la efectividad de la Oficina y su capacidad para llevar a cabo investigaciones y litigios cruciales.
Críticas
Organizaciones de derechos civiles y políticos de oposición han manifestado su preocupación por el impacto negativo que la reestructuración podría tener en la protección de los derechos civiles en Estados Unidos. Algunos señalan que la medida podría ser parte de un esfuerzo más amplio para desmantelar las protecciones establecidas durante administraciones anteriores.
Esta reestructuración ha generado un significativo rechazo y preocupación, habida cuenta que se teme por un grave retroceso respecto de la garantía de los derechos civiles en el país.
Turbulencia política y social

Uno de los sectores más afectados por el desmonte del Estado liberal es el de la inmigración. Las políticas de Trump incluyen la prohibición de entrada a ciudadanos de varios países y una intensificación de las deportaciones.
Estas medidas no solo están generando al interior de EE.UU. un ambiente de miedo e incertidumbre entre las comunidades inmigrantes, sino que también vienen siendo criticadas por violar principios básicos de derechos humanos.
Represión a las universidades
Las universidades, tradicionalmente vistas como bastiones de pensamiento libre y crítica al poder, también vienen siendo objeto de ataques por parte del Gobierno de Trump. Se observa una retórica de deslegitimación de los académicos y científicos, acompañada de recortes de fondos presupuestales para investigaciones y restricciones en la libertad académica. Esto forma parte de una estrategia más amplia de desacreditación de instituciones que promueven valores liberales y progresistas.

Oscurantismo y persecución de adversarios
El Gobierno de Trump también se caracteriza por un aumento en el uso del oscurantismo como herramienta política. Se divulga desde el Gobierno una narrativa sobre supuestas teorías conspirativas y se desinforma a la población a través de redes sociales y medios afines. Además, se ha desplegado una persecución activa de adversarios políticos, periodistas y activistas, lo cual contribuye a ahondar el clima de pugnacidad política y de suscitar violencia.
Las consecuencias del desmonte del Estado liberal y el oscurantismo durante los primeros meses del Gobierno de Trump son profundas y extendidas. A nivel nacional, se observa una erosión de la confianza en las instituciones democráticas, un aumento de la división social y un debilitamiento de los derechos civiles. Internacionalmente, estas políticas vienen afectando la imagen de Estados Unidos, lo que refleja su declive como potencia planetaria.

En síntesis, se puede afirmar que el periodo inicial del Gobierno de Trump representa un desafío significativo para los valores liberales que habían sostenido el régimen político estadounidense.
El desmonte del Estado liberal y el uso extendido del oscurantismo son estrategias claves que marcan una era de incertidumbre y conflicto.
Sectores políticos y sociales de EE.UU. coinciden en señalar que es imperativo reflexionar sobre las nuevas circunstancias políticas para entender los desafíos que enfrenta el sistema político del país y hacer esfuerzos por enfrentar el estilo ultraconservador de Trump que va en contravía de la protección y fortalecimiento de los valores democráticos y liberales en la nación norteamericana.




