febrero 12, 2026 1:41 am
La OTAN aumenta gasto militar: una cumbre para cortejar a un Trump que se compromete a «defender con peros» a Europa

La OTAN aumenta gasto militar: una cumbre para cortejar a un Trump que se compromete a «defender con peros» a Europa

POR BRUNO SGARZINI /

El magnate mandatario de EE.UU., Donald Trump puso en duda la definición de cómo se aplicaría el artículo 5 de defensa colectiva si uno de sus miembros fuera atacado.

«Europa pagará a lo grande y será tu victoria», escribió, en un mensaje de texto, Mark Rutte, secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), al presidente estadounidense Donald Trump en las vísperas de su viaje a La Haya, donde se realizó la cumbre. Durante los días previos, una obsesión de los organizadores fue crear un ambiente que le permitiese a Trump sentirse cómodo después de su varios años de ausencia en una cumbre de la OTAN.

La gran duda era si no repetiría su salida repentina de la reunión, como una semana antes había pasado en cumbre del G7: por lo que los anfitriones optaron por hacer una sola sesión, de dos horas y medida, para que el Presidente estadounidense fuera menos de 24 horas a Países Bajos y hubiese menos tiempo para alguna discusión, o contratiempo, con uno de sus pares, como en otras reuniones.

Mark Rutte, secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Rutte se esforzó tanto en que la cumbre sea favorable a Trump que hasta lo elogió por sus bombardeos a Irán, dentro de las “reglas internacionales”, y ser un hacedor de la “paz” con Israel. “Solo quiero reconocer su decisiva actuación respecto a Irán. Es un hombre de fuerza, pero también de paz”.

El líder de la OTAN también minimizó la oposición de España a gastar un 5 % de su PIB en gasto militar en una declaración que contradijo su carta pública, donde aceptaba que España se adaptase al compromiso principal de la cumbre a cambio de que firmase la declaración final.

“En la OTAN no hay cláusulas de exclusión”, afirmó. Y puso de ejemplo los planes presupuestarios de Alemania y países nórdicos como Noruega y Suecia. Al menos, en la declaración final se excluyó que “todos los aliados” estén obligados a elevar sus erogaciones bélicas, lo que podría ser presentado por España como una victoria “pírrica” para evadir el compromiso.

Toda la cumbre fue diseñada para que el mandatario  estadounidense pasase una velada, sin cruces ni críticas, y volviese tranquilo a su mansión de Mar-A-Lago por la noche.

El presidente estadounidense Donald Trump fue quien les trazó las pautas a los países integrantes de la OTAN.

Pero esa coreografía, elaborada con cuidado y palabras afables, fue destruida por una sola sentencia, lanzada por Trump en una conferencia de prensa en el avión presidencial Air Force One, cuando lo consultaron sobre la aplicación del artículo 5 de la Alianza de Defensa colectiva en caso de que un país miembro fuera atacado. “Depende de la definición que sea. Hay numerosas definiciones”, respondió con un manto de duda. Ante las repreguntas de los periodistas, aclaró, luego, que se comprometía a apoyar a los países miembros de la OTAN: “les daré una definición exacta cuando llegue el momento».

La declaración reavivó los rumores de que Trump podría cumplir con su amenaza de condicionar la ayuda estadounidense, ante cualquier agresión, al gasto militar establecido por Washington. También puso en duda que Washington tuviese que gastar un 5 % de su PIB en Defensa como el resto, al afirmar: “No creo que debamos pagar lo mismo que los demás. Gran parte de ese dinero se destina a reconstruir sus puentes y carreteras, para que puedan transportar maquinaria pesada. Y nosotros no tenemos carreteras en Europa. No tenemos puentes en Europa”.

Ambas declaraciones cambiaron el sentido de una cumbre dedicada, de forma exclusiva, a cumplir con la demanda estadounidense de que los países europeos gastasen un 5 % de su PIB en presupuesto militar para 2035.

“Si no incrementamos el gasto militar, podremos conservar nuestros sistemas de salud y pensiones, pero será mejor que aprendamos a hablar ruso”, había dicho Rutte, unas semanas antes de la cumbre, para salir al paso a las críticas contra la medida. En una reversión del mismo discurso, Kaja Kallas, jefa de la política exterior de la Unión Europea (UE), luego, profetizó que, si “no apoyamos a Ucrania, tendremos que aprender ruso”, como si su agencia de marketing, y comunicación, fuera la misma del secretario general de la OTAN. Por supuesto, la “amenaza rusa” sobrevoló toda la cumbre como el principal argumento para justificar el expansionismo militar.

«Rusia se está reconstruyendo militarmente a un ritmo asombroso y aterrador. En munición de 152mm, Rusia produce en tres meses lo que toda la OTAN produce en un año. Si quieren prevenir la guerra, gastemos más. Hagamos la paz mediante la fuerza», sostuvo el Secretario General de la OTAN en el marco de la Cumbre.

Así Rutte reutilizó el mismo slogan de campaña de Trump de la “paz por la fuerza”, en un claro ejercicio de mimetismo, como si a la cumbre de la OTAN solo le faltase que sus miembros usaran las características gorras rojas del movimiento MAGA. Lo que es una paradoja porque mientras las naciones europeas se preocupan por aumentar el gasto militar para “disuadir a Moscú de un nuevo ataque”, Trump negocia con Vladimir Putin los nuevos términos de la relación ruso-estadounidense y un acuerdo de paz en Ucrania. Tanto así que en la declaración final estuvo ausente cualquier compromiso con Kiev para su adhesión a la alianza, un viejo reclamo de Moscú. Un seguidismo retórico y vacío a tono con la cumbre.

Los mandatarios de los países que hacen parte de la OTAN en una de las sesiones de deliberación durante la cumbre de esta alianza militar realizada en La Haya.

Por eso, en los términos de los organizadores, las declaraciones de Trump desbarataron la credibilidad de la cumbre, dispuesta para presentar a Estados Unidos un compromiso de los países europeos para asumir su “seguridad”, o, mejor dicho, las amenazas consideradas por Washington.

Varios meses antes, en una reunión de Ministros de Defensa de la OTAN, el secretario del Pentágono, Peter Hegeseth, había sido claro cuando dijo: “Las realidades impiden a Estados Unidos ser el garante de seguridad de Europa. Nos enfrentamos a un competidor de la talla de los chinos comunistas con la capacidad y la intención de amenazar nuestra patria y nuestros principales intereses nacionales en el Indo-Pacífico. Estados Unidos ya no tolerará una relación desequilibrada que fomente la dependencia. Por el contrario, nuestra relación dará prioridad a capacitar a Europa para que asuma la responsabilidad de su propia seguridad».

Los aliados europeos, al menos, pudieron arrancarle a Estados Unidos el compromiso de que “un ataque contra uno es un ataque contra todos, según el artículo 5 del Tratado de Washington”. El problema es que para uno de los funcionarios trumpistas, las circunstancias de ese ataque podrían dictar “lo que los aliados se verían obligados a hacer para defender a uno de sus miembros”. Una Defensa Colectiva con peros, de acuerdo con esta renovada doctrina de la Casa Blanca.

La demanda estadounidense de que Europa asuma su seguridad, por otro lado, llevaría entre cinco o diez años para “elevar las capacidades europeas y reemplazar la mayoría de las competencias europeas”, según funcionarios europeos consultados por Financial Times. Todo esto a pesar de que, en 2024, el gasto militar de la OTAN ascendió a los “1506 mil millones de dólares, un 55 % del gasto militar mundial”según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.

Para Guiberteau Ricard, investigadora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armamento del instituto: “incrementar el gasto no se traduce necesariamente en una capacidad militar significativamente mayor ni en una mayor autonomía respecto a Estados Unidos”.

Una de las grandes ausencias de los debates públicos de la cumbre, en ese sentido, fue la interoperabilidad del armamento sujeto al Reglamento sobre el Tráfico Internacional de Armas de Estados Unidos (ITAR), que prohíbe que sea fabricado, vendido y suministrado a terceros sin el consentimiento y el apoyo de Estados Unidos. Sobre todo, después de que Trump lanzara varias amenazas de detener el funcionamiento de varios sistemas estadounidenses en el marco de su pelea pública con el presidente ucraniano Volodímir Zelensky. Los aliados, por ende, que aumenten su gasto militar, y sus compras a las armamentísticas estadounidenses, seguirán a merced de los humores del rey de la Casa Blanca.

Un reflejo claro de que los europeos son tomados como guardianes de la política de Washington en el Viejo Continente con sistemas armamentísticos propiedad de los estadounidenses, un colonialismo de ocupación que impone más gasto militar y menos Estado del Bienestar.

Un ejemplo del sentido vacío de la cumbre es que los países líderes del mundo “libre”, que promueven los derechos humanos y se oponen a las guerras de agresión, realizaron este encuentro en La Haya, a poca distancia de la Corte Penal internacional, cuya actividad está bloqueada por las sanciones de Estados Unidos debido a sus investigaciones por el genocidio en Gaza contra Benjamín Netanyahu y su antiguo ministro de Defensa, Yoav Gallant. A ninguno pareció importarle ni Gaza, ni los palestinos, ni el futuro del Derecho Internacional, unos días después de que Israel lanzara su última guerra de agresión contra Irán, y Trump bombardease tres de sus instalaciones nucleares.

A pagar a lo grande

Diario Red, España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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