febrero 12, 2026 4:37 am
El FMI y el grito de dignidad del Sur Global

El FMI y el grito de dignidad del Sur Global

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

En Colombia estamos acostumbrados a ver cómo los poderosos del mundo toman decisiones que terminan afectando nuestros bolsillos, nuestras vidas y hasta el futuro de nuestros hijos. Nos dicen que es por el bien de la economía, que toca apretarse el cinturón, que hay que pagar la deuda. Pero nadie nos explica por qué siempre somos los mismos los que pagamos los platos rotos. Esta vez, el presidente Gustavo Petro decidió romper el silencio y decirle al Fondo Monetario Internacional (FMI) lo que nadie se atrevía: que su modelo fracasó, que está destruyendo la vida en el planeta y que es hora de cambiar las reglas del juego.

¿Qué es el FMI y por qué importa?

El FMI es como un banco gigante al que los países piden plata cuando están en crisis. Pero esa plata no es gratis. Viene con condiciones duras: hay que recortar el gasto público, vender empresas del Estado, congelar salarios, reducir subsidios y dejar que el mercado lo decida todo. ¿Resultado? Más pobreza, menos salud y educación, más privatización, y gobiernos maniatados que ya no pueden gobernar para su gente sino para los acreedores.

Colombia, como muchos países del Sur, ya ha vivido eso. Lo vivimos en los años 90, cuando se privatizaron empresas, se desmantelaron derechos y se abrieron las puertas al capital extranjero sin control. Y lo estamos pagando aún hoy.

Lo que dijo Petro: basta ya de recetas que matan

Desde el Foro de Sevilla, Petro alzó la voz. No fue un discurso técnico, fue un llamado de emergencia. Dijo que el FMI no puede seguir exigiéndole a los países pobres que paguen deudas mientras sus pueblos se ahogan por el cambio climático, pierden cosechas por las sequías o lo pierden todo por los incendios. Denunció que el Fondo sigue pensando como en el siglo pasado, cuando el planeta se está derritiendo y el tiempo se nos agota.

Petro habló claro: el FMI no puede seguir siendo un verdugo disfrazado de salvador. Si quiere tener futuro, tiene que cambiar.

El presidente Gustavo Petro durante su intervención en la Cuarta Conferencia de la ONU sobre Financiación al Desarrollo en Sevilla (España).

Una contradicción criminal: salvar bancos o salvar vidas

Mientras el FMI insiste en que hay que cuidar las cifras, millones de personas en África, América Latina y Asia están muriendo por falta de agua, comida o salud. Nos exigen pagar intereses mientras se caen los puentes, se inundan los pueblos y se mueren los niños por desnutrición. ¿Qué lógica es esa? ¿Qué ética?

El presidente Petro no solo hizo una crítica, propuso un camino: dejar de depender del dólar, buscar nuevas alianzas como los BRICS, y sobre todo, crear mecanismos financieros que sirvan para proteger la vida y no para llenar los bolsillos de los bancos.

Financiar la vida, no la deuda

El cambio climático no es solo una cuestión ambiental. Es un problema económico, social, político y humano. Si los países ricos no quieren asumir su responsabilidad, el Sur debe levantar la cabeza y decir: no más. No vamos a morir por pagar deudas injustas mientras ustedes siguen contaminando y enriqueciéndose.

Eso es lo que está en juego. Petro lo dijo con fuerza: no podemos enfrentar una crisis de vida con un sistema que solo piensa en ganancias.

La dignidad del Sur está despertando

Este discurso no es solo de Petro. Es el grito de millones de personas que ya no aguantan más. Es un llamado a dejar de obedecer sin pensar. A cuestionar a esos “expertos” que siempre dicen que no hay plata para el pueblo, pero sí para los bancos. Es una invitación a que los países del Sur hablen entre ellos, se apoyen y construyan un nuevo modelo, uno que ponga la vida por encima del mercado.

Porque ya basta de obedecer recetas que empobrecen, contaminan y matan. Es hora de pensar por nosotros mismos, de decidir por nuestras comunidades, de gobernar para la gente y no para las élites globales.

El mensaje de Petro no es solo una crítica, es una oportunidad

Lo que dijo Petro es valiente y necesario. No solo está hablando como Presidente de Colombia, está hablando como voz del Sur global. Está diciendo que no aceptamos más ser tratados como patio trasero. Que merecemos respeto, soberanía y justicia.

Y, sobre todo, que merecemos vivir.

Así que no lo olvidemos: cuando un gobierno decide enfrentarse al FMI, no es un capricho, es un acto de dignidad. Y esa dignidad, si la cuidamos, puede abrirnos el camino a otro futuro.

Porque otro mundo no solo es posible: es urgente.

 

 

 

 

 

 

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