LA BASE AMÉRICA LATINA /
En La Base América Latina se abordó la presencia de exmilitares colombianos al servicio del crimen organizado en México. Moisés Ninco Daza, exembajador de Colombia en el país, explicó el trasfondo de un fenómeno que crece entre la precariedad, el reclutamiento engañoso y las secuelas del Plan Colombia.
La captura de doce ciudadanos colombianos vinculados al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) puso en alerta a ambos países. Los detenidos, presuntamente involucrados en la colocación de una narco-mina que mató a elementos de la Guardia Nacional en Michoacán, forman parte —según las autoridades— de un patrón de reclutamiento más amplio.
Desde el estudio de La Base, Inna Afinogenova, Estefanía Veloz y Marco Teruggi abrieron un debate urgente: ¿quiénes son estos hombres que cruzan fronteras para terminar al servicio del narco en México?, ¿cómo llegan hasta ahí?, ¿quién los recluta y por qué?

Para responder, conversaron con Moisés Ninco Daza, exembajador de Colombia en México, quien aclaró que lo que ocurre es resultado directo de las huellas que dejó el Plan Colombia. Tras años de recibir entrenamiento militar extranjero, muchos soldados colombianos quedaron expuestos a un fenómeno preocupante: “el mercenarismo colombiano se catapultó en el extranjero”, afirmó. En muchos casos, los entrenamientos recibidos rozan prácticas propias de crímenes de guerra.
Por su parte, el presidente Gustavo Petro fue directo en declarar: “Estamos exportando mercenarios a la mafia”. Tanto Petro como la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, plantearon la gravedad del caso y acordaron fortalecer la cooperación bilateral en seguridad.
México y Colombia ya trabajan en una estrategia conjunta para hacer frente al fenómeno, sin intervención de Estados Unidos. Se trata de desmantelar redes de trata que operan bajo la fachada de ofertas laborales atractivas —salarios por encima de lo que reciben los soldados regulares— para cuidar cultivos, con promesas falsas que terminan en desapariciones o inserción forzada en estructuras criminales.

El desafío es doble, explicó Ninco Daza: por parte de México, mejorar los instrumentos de inteligencia para identificar las dinámicas de reclutamiento de los cártes. Por parte de Colombia, entender cómo los cárteles acceden a reservistas, retirados o veteranos entrenados. Para ello, la cooperación entre agencias de ambos países será clave.
En paralelo, el Gobierno Petro ha intentado atacar el problema desde la raíz. “Cuando llegamos, los soldados regulares ganaban 73 dólares. Este año logramos incluir en el presupuesto un aumento para que al menos ganen el salario mínimo”, explicó el exdiplomático. La cifra actual ronda los 399 dólares. También se ampliaron 10,000 cupos en universidades para militares en servicio, con el objetivo de profesionalizar las Fuerzas Armadas y ofrecerles una salida laboral al término de su carrera militar.

Lo que está en juego no es solo la seguridad regional, sino el futuro de miles de hombres que, tras servir en el ejército, se enfrentan a la falta de oportunidades, la precariedad y, cada vez más, a redes criminales que saben aprovechar esas grietas.
El programa periodístico en el siguiente video:



