febrero 12, 2026 1:41 am
Trabajo, fetichismo y reforma: sobre la falsa libertad en el debate laboral contemporáneo

Trabajo, fetichismo y reforma: sobre la falsa libertad en el debate laboral contemporáneo

POR ESTEBAN CRUZ RODRÍGUEZ*

La actual discusión sobre la reforma laboral en Colombia ofrece una oportunidad ineludible para problematizar, desde una perspectiva marxista, el lugar estructural del trabajo en el modo de producción capitalista. Si bien el debate hegemónico gira en torno a ajustes normativos y criterios de competitividad, lo esencial permanece oculto: la forma que adopta el trabajo bajo el capital y la ideología que lo naturaliza.

Toda cosa tiene un valor de uso, en tanto responde a una necesidad humana concreta. Esta relación utilitaria se configura a partir de la actividad transformadora del trabajo, que pone en relación con el ser humano con la naturaleza para satisfacer necesidades. El trabajo, en ese sentido, no es una mera categoría económica, sino un hecho histórico-natural, constitutivo del metabolismo social. Es esta objetividad lo que lo hace esencial para toda organización social.

Sin embargo, en el modo de producción capitalista, el trabajo no se manifiesta directamente como actividad productiva de valores de uso, sino como productor de valor de cambio, es decir, se cosifica en la forma mercancía. Esta escisión entre trabajo útil (valor de uso) y trabajo abstracto (valor de cambio) da origen al fetichismo de la mercancía, una forma mistificada en la que las relaciones sociales entre personas aparecen como relaciones entre cosas. En este fetichismo, el valor no se presenta como lo que es —tiempo de trabajo socialmente necesario—, sino como una propiedad natural de las mercancías mismas.

A partir de esta mistificación, la ideología burguesa ha logrado imponer una narrativa en la cual la libertad —entendida como libertad contractual, de empresa o de elección individual— se posiciona como principio rector del orden laboral. En esta narrativa, el trabajador aparece como un sujeto autónomo que escoge libremente vender su fuerza de trabajo, y el empresario como un agente racional que decide bajo libertad económica. Esta supuesta simetría, sin embargo, ignora las condiciones materiales de reproducción del capital, donde el trabajo es forzado por la necesidad, y la libertad del trabajador se reduce a la libertad de morirse de hambre si no se somete a la ley del valor.

La proliferación de nuevas formas de relación laboral —Uber, Rappi, OnlyFans— se inscribe en esta ideología de la libertad invertida. Bajo el ropaje de la autonomía, se esconde una mayor precarización, desregulación y fragmentación de los derechos laborales, en la cual el trabajador queda despojado de toda garantía colectiva. Esta nueva economía del deseo, de la performatividad o del emprendimiento individual no es una superación del trabajo alienado, sino su reinvención en clave neoliberal.

En este contexto, una agenda de izquierda no puede limitarse a reformas dentro del horizonte burgués. El derecho laboral debe dejar de reproducir el fetichismo jurídico del contrato como expresión de libertad individual y asumir su papel como instrumento de des-fetichización. Esto implica reconocer el trabajo como una forma de objetivación humana esencial, que debe ser protegida y organizada no por su capacidad de generar valor de cambio, sino por su condición de fundamento de la vida social.

La dignificación del trabajo, por tanto, no es una consigna moral sino una tarea revolucionaria: recuperar su dimensión humana, abolir su forma mercantil, y construir una estructura normativa y política donde la producción se oriente a las necesidades sociales y no a la acumulación de valor.

*Abogado, asesor legislativo.

@EstebanCruzRod2

 

 

 

 

 

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