febrero 12, 2026 3:06 am
A propósito de una visita al mural de barracudas y cóndores en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional: evocación del maestro Alejandro Obregón (1920-1992)

A propósito de una visita al mural de barracudas y cóndores en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional: evocación del maestro Alejandro Obregón (1920-1992)

La senadora Clara López Obregón acompañó al hijo del maestro Alejandro Obregón, Mateo y su familia, a dimensionar el mural de barracudas y cóndores que preside el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, el cual su progenitor elaboró en 1986.

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La senadora Clara López Obregón acompañó a familiares del maestro Alejandro Obregón a visitar el Salón Elíptico del Capitolio Nacional donde se levanta imponente el mural de barracudas y cóndores de su autoría que contrasta con el tríptico histórico Bolívar y el Congreso de Cúcuta.

En efecto, la congresista López Obregón (sobrina nieta del escultor y pintor colombo-catalán) recorrió el Salón Elíptico guiando al hijo del maestro Obregón, Mateo y sus familiares, para dimensionar la obra pictórica de su progenitor.

Para un foro político como el Capitolio Nacional Obregón buscó una estética completamente distinta a las alusiones patrióticas. Evitó el escenario de héroes y figuras épicas inspiradas en la iconografía decimonónica para hacer un llamado a la unidad nacional a partir del mayor tesoro de Colombia: su diversidad natural. Esta vez los cóndores, las barracudas, el mar y las montañas serían los protagonistas.

Con el trasfondo del imponente mural de barrcaudas y cóndores, la senadora Clara López Obregón departe con Mateo, uno de los hijos del maestro Alejandro Obregón.

Un diálogo entre la naturaleza y la nación en el Capitolio Nacional

En el emblemático Salón Elíptico del Capitolio Nacional de Colombia, sede permanente de las plenarias de la Cámara de Representantes, se alza desde 1986 una de las obras monumentales del maestro colombo-catalán Alejandro Obregón Rosén (1920-1992): el mural de barracudas y cóndores. Esta pieza, en la que confluyen fuerza simbólica y virtuosismo pictórico, no solo embellece el recinto legislativo, sino que promueve la reflexión sobre la identidad nacional y la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Obregón, reconocido por su capacidad para fusionar elementos de la flora y fauna colombianas con motivos de la historia y el sentir social, encuentra en este mural una síntesis de su visión estética y ética. Las barracudas, peces depredadores de movimiento ágil y mirada desafiante, emergen desde las profundidades acuáticas que el artista traduce en vibrantes tonalidades azuladas y verdes, dotando a la escena de una energía casi eléctrica.

El maestro Alejandro Obregón durante el montaje de su mural en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional en 1986.

En contraste, los cóndores —aves emblemáticas de los Andes— se elevan por encima de las aguas, abriendo sus alas en un gesto de soberanía y vigilia. Obregón dota a estos seres alados de una presencia monumental, casi mítica, sugiriendo la idea de vigilancia, libertad y trascendencia. El choque y la convivencia entre los mundos acuático y aéreo configuran una metáfora visual del debate, la pluralidad y la tensión inherentes a la vida democrática.

Símbolos de vitalidad, poder y territorio 

La elección de las barracudas y los cóndores no es fortuita: ambas especies evocan, en la visión de Obregón, la fortaleza, la sutileza y la persistencia. El mural se convierte así en un escenario donde la naturaleza cobra voz propia y dialoga con quienes legislan el rumbo del país. Obregón, fiel a su paleta cromática intensa y a su trazo expresivo, transforma a las criaturas en emblemas de las fuerzas vitales que atraviesan la historia de Colombia.

El relieve y la composición otorgan al mural un dinamismo que desafía la rigidez arquitectónica del Salón Elíptico, invitando a quienes lo observan a una contemplación activa. Los colores desbordantes, los contrastes y la superposición de formas transmiten la idea de un país en permanente transformación, donde la belleza y el conflicto coexisten.

El mural de Alejandro Obregón no solo enriquece el patrimonio artístico del Capitolio Nacional, sino que recuerda a los congresistas la necesidad de escuchar las voces de la tierra y las criaturas que la habitan. Es, en suma, un recordatorio de la compleja relación entre poder, territorio y naturaleza en Colombia.

Obregón, a través de sus barracudas y cóndores, deja un mensaje que trasciende lo meramente decorativo: la nación es, en última instancia, el fruto de un diálogo permanente entre sus fuerzas vitales, sus tensiones y su esperanza.

El mural permanece como un testimonio de arte comprometido, vibrante y siempre actual, digno de la memoria colectiva del país.

 

 

 

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