POR ANTONIO GERSHENSON /
El imperialismo estadounidense vuelve a sus andadas. Gastando energéticos a lo absurdo, contaminando los mares, desperdiciando tecnología a manos llenas y, sobre todo, mintiendo a todo el mundo por enésima vez. La presencia de las naves militares de EE.UU. en mares del Caribe no es para disminuir el tráfico de drogas, más bien todo apunta a que es para distraer la atención de los graves problemas económicos y políticos en los que se ha metido el Gobierno republicano del magnate Donald Trump e intentar convencer de que Washington está combatiendo al narcotráfico.
Para nadie es un secreto que los grandes mercaderes de las drogas viven en un paraíso en Estados Unidos. Nadie los persigue, o es selectiva la persecución. El consumo de sustancias tóxicas permitidas, desde las más sencillas hasta las más letales, son símbolo de la libertad que tienen los distribuidores y administradores de las enormes ganancias que genera la adicción a esos tipos de veneno. ¿Les importa la salud de su población? No. ¿Les importa seguir con el negocio millonario de las drogas pese al daño a la población? Sí. De la misma forma sucede con la proclividad económica al armamentismo.
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Opción que ha seleccionado cada gobierno avalado por el Congreso de Estados Unidos en turno. Y, como política internacional de ese país, también, está la afición a las armas: han producido hasta la fecha más de 13.4 millones; son apasionados de las intervenciones y las invasiones a otros países y de las guerras que éstas generan.
Son especialistas en financiar los golpes de Estado y en la intromisión en asuntos de otros países. Cada una de estas acciones, sirve como pasarela holywoodense para alardear de su armamento de punta y, de paso, promover su venta. Negocios son negocios. Y, para muestra el siguiente botón: la armada de Trump ya está en el mar Caribe.
Al mismo tiempo que distraen la atención de sus erradas acciones contra la migración en su país y de su criminal apoyo a su abyecto socio el premier israelí Benjamin Netanyahu, además de andar ofreciendo recompensas millonarias para secuestrar a un presidente, como si éste fuera prófugo de la justicia. Todo ello muestra la impunidad con la que pretenden amedrentar al mundo con dichos desplantes, al estilo del viejo oeste, e insultando a los países de la región con la presencia del submarino nuclear de ataque.
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Las armas nucleares están vetadas. La energía nuclear debe existir para bien de la humanidad, no para amenazarla ni para destruirla. Estados Unidos, hasta 1967, contaba con 31.255 ojivas. Sin embargo y de acuerdo con la USAFacts, organización sin fines de lucro que proporciona información veraz y análisis, supuestamente, objetivo, el Gobierno estadunidense ha reducido su arsenal nuclear estratégico y no estratégico, más de 80 por ciento desde 1991, es decir, en 29 años fueron desmanteladas 12.088 ojivas y dos mil más, están en espera de serlo.
Tal disminución, no le da derecho a ese país a seguir amenazando con desatar la guerra en el continente. Volviendo al sistema de la falsa información, generado básicamente por el neoliberalismo, como política pública, creemos que, para llegar a una sociedad altamente confiable y desarrollada, las mentiras deberían ser parte de un pasado lejano, ya que ha puesto en peligro uno de los métodos más importantes que tienen los pueblos para comunicarse, para conocerse y para generar un pacto de confianza permanente.
Por esa razón el despliegue de más de cuatro mil marines en la zona del mar Caribe, aunque peligrosa la situación, no deja de ser un montaje más de EE.UU. Y, aún peor, el despliegue del armamento demuestra que el Gobierno de Trump sigue cometiendo error, tras error. Todo mundo sabe que su lucha no es contra los cárteles de la droga, mismos que ellos permiten en su país.
La Jornada, México.



