febrero 12, 2026 3:02 am
A más de seis décadas de su aparición: la vigencia de Mafalda como reflejo y crítica social latinoamericana

A más de seis décadas de su aparición: la vigencia de Mafalda como reflejo y crítica social latinoamericana

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

Desde su primera aparición en 1964, Mafalda se ha consolidado como uno de los personajes más emblemáticos de la historieta latinoamericana y, sin duda, como uno de los mayores referentes culturales de la Argentina y el mundo. Creada por el caricaturista Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido universalmente como Quino, Mafalda no solo es una niña de seis años con un agudo sentido del humor, sino que representa, hasta el día de hoy, una voz lúcida y crítica ante las realidades sociales y políticas de su tiempo y, sorprendentemente, de los nuestros.

La figura de Mafalda trasciende los límites del cómic y se instala como un símbolo cultural de la sociedad latinoamericana. En el libro ‘Mafalda: historia social y política’, la filósofa e historiadora uruguaya Isabella Cosse ofrece una investigación minuciosa sobre el fenómeno de este simpático personaje, desentrañando los factores sociales, políticos, económicos y culturales que explican su perdurabilidad y relevancia más de seis décadas después de su nacimiento. Esta reseña y análisis explora los principales aportes de la obra, reconstruye la historia detrás del mito y reflexiona sobre los motivos por los cuales Mafalda sigue viva en el imaginario colectivo.

Mafalda surge en un contexto histórico cargado de tensiones políticas, sociales y culturales. La década de los sesenta del siglo pasado fue testigo de grandes transformaciones, marcada por la Guerra Fría, la lucha por los derechos civiles, el auge de los movimientos juveniles y la efervescencia intelectual en gran parte del mundo. En Argentina, el clima de incertidumbre política y los constantes cambios de gobierno generaban una atmósfera propicia para la sátira y la reflexión.

En ese escenario, Quino da vida a Mafalda y a su universo, un grupo de niños que, desde su inocencia, dialogan y cuestionan el mundo de las personas adultas. Desde el primer momento, Mafalda se distingue por su curiosidad, su inconformismo y su rechazo frontal a la injusticia, la guerra, la desigualdad y la hipocresía.

Características principales del personaje y su universo

Mafalda es una niña como cualquier otra, pero con una inquietud poco común: está profundamente preocupada por el destino de la humanidad y la paz mundial. Su visión del mundo es crítica, irónica y, al mismo tiempo, cargada de esperanza. A través de sus preguntas y comentarios, pone en evidencia las contradicciones y absurdos de la vida cotidiana, la política y la sociedad.

El universo de Mafalda está habitado por sus padres, personas comunes, rehenes de una cotidianidad marcada por el trabajo, las obligaciones y la desilusión. Pero también por sus amistades: Felipe, el soñador; Manolito, el materialista; Susanita, la tradicionalista; Libertad, la progresista; Miguelito, el existencialista, y Guille, su propio hermano, completan un elenco en el que cada personaje encarna una posición social y una mirada sobre el mundo. Este mosaico permite a Quino explorar, con profundidad y humor, las múltiples facetas de la sociedad argentina —y, por extensión, latinoamericana— de la época.

El personaje de Mafalda fue creado por el ilustrador gráfico argentino Joaquín Lavado, más conocido como ‘Quino’ y publicado por primera vez el 29 de septiembre de 1964.

La vigencia social de Mafalda

Más de medio siglo después de su creación, Mafalda sigue siendo un referente de crítica social. Su vigencia social radica fundamentalmente en la universalidad de sus planteamientos y en la capacidad de interpelar a distintas generaciones. Mafalda no solo cuestiona a las personas adultas, sino que las obliga a reflexionar sobre sus propias acciones y contradicciones, sobre la educación, el rol de la familia, la economía, la violencia y el futuro.

A diferencia de otros personajes de historietas, Mafalda no envejece, pero sus preguntas siguen resonando. La desigualdad, la guerra, la discriminación y la intolerancia no son problemas resueltos; por el contrario, persisten o adoptan nuevas formas. En este sentido, Mafalda se convierte en un símbolo de la resistencia ante la resignación, una voz que invita a no aceptar la realidad como un destino inamovible, sino como algo transformable.

Las tiras de Mafalda han sido traducidas a decenas de idiomas y leídas por millones de personas en todo el mundo. A través de ellas, muchas personas han encontrado un primer acercamiento a la reflexión política y social, desde el humor y la empatía. Mafalda enseña —sin moralismos— que el cuestionamiento es legítimo y necesario, y que la niñez puede y debe tener voz propia.

Vigencia política

El componente político de Mafalda es, quizás, uno de los elementos más notables de su legado. Mafalda representa la inquietud ciudadana, la preocupación por los derechos humanos, la denuncia de la injusticia y el compromiso con la paz. Sus preguntas, aparentemente inocentes, desnudan las contradicciones del poder, los límites de la democracia, la corrupción y el autoritarismo.

A lo largo de sus tiras, Quino aborda temas como el militarismo, la carrera armamentista, el subdesarrollo, la censura, la opresión de género y la desigualdad económica. Mafalda expresa el anhelo de un mundo más justo, más pacífico, más humano. Su vigencia política se manifiesta cada vez que una nueva crisis sacude a la sociedad, cada vez que una injusticia queda impune, cada vez que una persona joven pregunta “¿por qué?” y se niega a aceptar respuestas vacías.

Además, Mafalda trasciende el contexto argentino y latinoamericano. Sus reflexiones sobre la política internacional, el poder de los medios de comunicación, la manipulación de la información o el papel de la ciudadanía activa dialogan con problemáticas globales. En tiempos de polarización, desinformación y crisis democrática, Mafalda cobra una renovada actualidad.

La milicia en la pluma de Quino.

Mafalda en la era digital y la globalización

La popularidad de Mafalda no ha disminuido con el paso del tiempo; al contrario, se ha adaptado a los nuevos soportes y lenguajes. Las redes sociales, los memes y los espacios virtuales han revitalizado el mensaje de Mafalda, acercándolo a nuevas audiencias. Muchas de sus frases y viñetas circulan con fuerza en internet, y vuelven a aparecer en momentos de movilización social, protesta o debate público.

La globalización ha permitido que Mafalda dialogue con personas de distintas culturas y contextos. Las temáticas que aborda —el machismo, el racismo, la pobreza, la ecología— son asuntos que preocupan a la sociedad global contemporánea. Mafalda se convierte así en una especie de conciencia colectiva, capaz de señalar las fallas del sistema y de inspirar la búsqueda de alternativas.

El legado de Quino y la actualidad de Mafalda

El fallecimiento de Quino en 2020 generó una ola de homenajes y reconocimientos en todo el mundo, y puso de manifiesto la huella indeleble que dejó en la cultura. Sin embargo, Mafalda sigue viva en la memoria colectiva y en el debate social y político. Su capacidad para incomodar, para arrancar una sonrisa y, al mismo tiempo, para invitar a la reflexión, es parte de su grandeza.

El legado de Quino consiste, en buena medida, en haber creado un espacio de libertad y pensamiento crítico en donde la niñez tiene un lugar protagónico. Mafalda nos recuerda, día tras día, que las preguntas más simples pueden ser las más profundas, y que la búsqueda de un mundo mejor es una tarea que no tiene fin.

La vigencia social y política de Mafalda radica en su universalidad, su mirada crítica y su capacidad de inspirar a personas de distintas generaciones y latitudes. El personaje de Mafalda encarna la insatisfacción ante la injusticia, el valor de la duda y la esperanza en el cambio. Por eso, más allá del paso del tiempo, Mafalda sigue siendo una figura necesaria: una voz lúcida, incómoda y profundamente humana, que nos invita a no dejar de preguntar, a no dejar de soñar, y, sobre todo, a no dejar de actuar.

Sentidos sociales, políticos y culturales a lo largo de medio siglo

En 1964, la revista Primera Plana lanzó una tira de humor cuya protagonista era una niña de clase media, intelectualizada y rebelde, llamada Mafalda. Sesenta años más tarde, la genial tira de Quino se ha traducido a cerca de veinte idiomas, se sigue reeditando y agotando año tras año, y se ha transformado en un fenómeno mundial.

¿Cómo se explica el éxito y la perdurabilidad de Mafalda? ¿Cuáles fueron sus sentidos sociales, políticos y culturales a lo largo de medio siglo? ¿De qué modo la historieta de Quino se volvió un fenómeno cultural significativo a escala global con vigencia hasta la actualidad? Isabella Cosse en su trabajo bibliográfico propone un recorrido por la historia de las últimas cinco décadas siguiéndole la pista a Mafalda, quien se convierte en una original puerta de entrada a las conmociones sociales, políticas y culturales de todos esos años. La reconstrucción sigue el periplo del personaje que ofreció una reflexión sobre temas tan diversos como el autoritarismo, los enfrentamientos generacionales, el feminismo, la identidad de las clases medias y los cuestionamientos al orden familiar. Así, da cuenta de un espacio social, político y moral que surgió de la intersección de la clase media y la contestación generacional de los años sesenta en Argentina, pero que traspasó esos marcos nacionales, sociales y generacionales.

En ‘Mafalda: historia social y política’, Isabella Cosse reconstruye la historia detrás del mito, «las relaciones sociales, los dilemas políticos y las dimensiones culturales y económicas que explican por qué Mafalda cobró vida fuera de los cuadros y aún hoy está con nosotros».

Reconstrucción histórica y social de Mafalda

Cosse aborda a Mafalda no solo como personaje de historieta, sino como fenómeno social. El libro comienza explorando el contexto histórico en el que surge la tira: la Argentina de los años sesenta, un país marcado por la inestabilidad política, el auge de los movimientos juveniles y la expansión de la clase media urbana. Quino, con su aguda mirada, logra captar y poner en jaque los valores dominantes, las contradicciones de la sociedad y los dilemas cotidianos a través de una niña que pregunta, duda y se rebela ante lo establecido.

La autora utiliza fuentes diversas —archivos, entrevistas, análisis de prensa y testimonios— para reconstruir la recepción de Mafalda, el impacto en distintas generaciones y las transformaciones sociales que acompañaron a la tira. La obra revela cómo Mafalda fue leída y apropiada por grupos diversos: estudiantes, madres, profesionales, militantes políticos y personas de distintos sectores sociales. Su universalidad radica en la capacidad de interpelar tanto a la infancia como a la adultez, cuestionando el mundo desde la perspectiva de una niña que representa el sentir y el pensar colectivo.

 

El análisis de Cosse se detiene en la composición del grupo de personajes que rodean a Mafalda, cada uno reflejando tipos sociales característicos de la época: Manolito, el hijo de inmigrantes gallegos, encarna la lógica económica y el pragmatismo comercial; Susanita, obsesionada con el matrimonio y la maternidad, representa los ideales tradicionales femeninos; Felipe, el soñador y temeroso, simboliza la incertidumbre existencial de la juventud; y Libertad, la más reciente, personifica el deseo de cambio y emancipación. A través de estos personajes, la tira expone las tensiones entre tradición y modernidad, los conflictos generacionales y las aspiraciones de cambio social.

Mafalda, con su mirada crítica y humor irónico, pone en evidencia las desigualdades sociales, la burocracia, la guerra y la injusticia, pero también la cotidianidad familiar y los pequeños placeres de la vida. Cosse subraya cómo la tira logra conjugar lo micro con lo macro, conectando las preocupaciones diarias con los grandes problemas de la humanidad, lo que permite que Mafalda sea un espejo en el que se reflejan lectores de distintas épocas y geografías.

Los dilemas políticos y la dimensión cultural

Uno de los mayores aportes del libro de Cosse es el análisis de Mafalda como agente político y cultural. En la década de los sesenta y setenta, la tira circuló en un contexto de censura, dictaduras y represión, pero encontró mecanismos para sortear límites y acompañar procesos de cambio social. Mafalda es, según Cosse, una voz insumisa que interpela al poder, denuncia las injusticias y reivindica el derecho a preguntar y dudar.

La autora rastrea las estrategias narrativas y gráficas de Quino para sortear la censura, creando un lenguaje alegórico y universalista que permite a la tira trascender fronteras. Mafalda se convierte en emblema de la resistencia cultural y política en América Latina y más allá, adquiriendo una dimensión internacional gracias a las traducciones y adaptaciones en otros idiomas.

Cosse analiza la recepción internacional de Mafalda y su apropiación por distintos movimientos sociales y políticos. El personaje se convierte en símbolo de los derechos infantiles, de la lucha por la paz, la igualdad de género y la justicia social. Mafalda es, en palabras de la autora, una «niña universal», portadora de preguntas que siguen vigentes ante los dilemas contemporáneos.

El libro también aborda la dimensión económica y de mercado del fenómeno Mafalda. Cosse examina cómo la tira se transforma en producto cultural, circula por editoriales, revistas, libros y se convierte en objeto de consumo masivo. La mercantilización de Mafalda, sin embargo, convive con su resistencia simbólica: el personaje mantiene su capacidad de crítica y reflexión a pesar de su popularidad y comercialización.

Cosse indaga en las distintas etapas de publicación, la relación de Quino con los editores y la evolución de las políticas editoriales en el contexto latinoamericano. La autora señala cómo Mafalda logra mantener su esencia a lo largo del tiempo, sorteando los riesgos de la banalización y la adaptación a las modas de consumo.

Universalidad y versatilidad

Una de las preguntas centrales que atraviesa el libro es por qué Mafalda sigue vigente a más de seis décadas de su creación. Cosse propone varias respuestas, entre ellas la capacidad del personaje para expresar las preocupaciones profundas de la sociedad: la guerra, la desigualdad, el poder, la familia, la educación y la libertad. Mafalda no ofrece respuestas cerradas, sino que invita a pensar, a dudar, a rebelarse ante lo injusto y a buscar formas de transformación.

La vigencia de Mafalda radica también en su universalidad y en la versatilidad de sus diálogos, que se adaptan a contextos diversos y continúan interpelando a nuevas generaciones. La capacidad de Mafalda para dialogar con el presente, poner en cuestión lo establecido y defender el valor de la pregunta, la convierte en un personaje intemporal, que trasciende el espacio y el tiempo.

Cosse dedica especial atención al modo en que Mafalda ha «cobrado vida fuera de los cuadros», es decir, en las manifestaciones culturales, políticas y sociales que se han apropiado del personaje. Mafalda aparece en marchas, campañas de derechos humanos, murales, obras de teatro, incluso en memes digitales y redes sociales. Es símbolo de rebeldía y de ternura, de cuestionamiento y de esperanza.

La autora subraya cómo Mafalda se ha convertido en un mito, pero uno con raíces concretas en la historia social y política argentina y latinoamericana. Su presencia en el imaginario colectivo es reflejo de la necesidad de voces críticas y de referentes éticos en tiempos de incertidumbre.

La profundidad y trascendencia de este personaje que está cumpliendo 61 años, más que una simple niña en una historieta es una voz lúcida y contestataria en la cultura latinoamericana que invita a reflexionar sobre el poder del humor, la importancia de la crítica y la capacidad de la cultura para transformar realidades.

La vigencia de Mafalda, a más de seis décadas de su creación, se explica por su capacidad de interpelar, de preguntar y de resistir ante las injusticias, de ser espejo y motor de cambio. Mafalda es más que un personaje; es una invitación permanente a pensar el mundo y a buscar caminos de transformación. El libro de Cosse, profundo y necesario, es un homenaje a la inteligencia, la sensibilidad y la rebeldía de Mafalda, y a la cultura latinoamericana que la vio nacer y que la mantiene viva hasta hoy.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Scroll al inicio