febrero 12, 2026 3:06 am
Senadora Clara López se estrena como columnista de ‘Diario Red’ refiriéndose a la responsabilidad y coherencia de las instituciones internacionales en el conflicto palestino-israelí

Senadora Clara López se estrena como columnista de ‘Diario Red’ refiriéndose a la responsabilidad y coherencia de las instituciones internacionales en el conflicto palestino-israelí

TSC /

Abordando un sensible tema como el contexto del conflicto palestino-israelí y la responsabilidad, coherencia y credibilidad de las instituciones internacionales respecto de su compleja resolución, se estrenó como columnista del ‘Diario Red’ que dirige el reconocido politólogo, activista y exvicepresidente del Gobierno español, Pablo Iglesias Turrión, la senadora y precandidata presidencial, Clara López Obregón.

El texto de su contribución periodística es el siguiente:

Palestina: termómetro de la coherencia global

 

POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN

Han pasado más de siete décadas desde que las Naciones Unidas aprobó, en 1947, la resolución que recomendaba dividir el territorio del Mandato Británico en dos Estados: uno judío y otro árabe. Fue la primera formulación oficial de lo que hoy conocemos como la “solución de dos Estados”. En ese entonces, el movimiento sionista la aceptó como una oportunidad histórica, mientras que los países árabes y los palestinos la rechazaron por considerarla injusta. El desenlace fue la guerra de 1948 y el nacimiento del Estado de Israel.

Hoy, la paradoja es evidente: el mundo árabe en su mayoría respalda esa solución, Palestina la reclama como base de su soberanía y la comunidad internacional la sostiene como el único horizonte viable. Sin embargo, Israel la niega abiertamente y Estados Unidos, que durante décadas la promovió, parece haber renunciado a respaldarla. La promesa de 1947 permanece incumplida y, con cada ciclo de violencia en Gaza y Cisjordania, se aleja aún más.

El conflicto palestino-israelí siempre ha sido un espejo del orden mundial. Durante la Guerra Fría, fue escenario de rivalidad entre Washington y Moscú, con alianzas que se extendían a Egipto, Siria y Jordania. En los años noventa, tras el colapso soviético, los Acuerdos de Oslo parecieron abrir una ventana hacia la paz bajo la hegemonía estadounidense. Pero esa ventana se cerró con la segunda Intifada, la expansión de los asentamientos israelíes y el desgaste de la Autoridad Palestina.

En la actualidad, el conflicto refleja otra transformación geopolítica: la transición hacia un mundo multipolar. La guerra en Gaza, con decenas de miles de muertos, ha puesto a prueba la credibilidad de las instituciones internacionales y ha expuesto los límites de la diplomacia clásica. El veto de Estados Unidos a la membresía plena de Palestina en la ONU y su decisión de negar visados a funcionarios palestinos para asistir a la Asamblea General que inicia esta semana son gestos que debilitan la legitimidad de un orden basado en reglas universales.

Al mismo tiempo, China llena este vacío para defender el multilateralismo y de la causa palestina. No ofrece todavía un plan detallado ni compromete recursos significativos, pero gana influencia simbólica en el llamado Sur Global. Europa, dividida entre la alianza transatlántica y sus propias presiones internas, avanza en reconocimientos unilaterales del Estado palestino, como hicieron España, Irlanda y Noruega, más como gesto político que como hoja de ruta efectiva.

Tragedia humanitaria en la Franja de Gaza.

Mientras tanto, las dinámicas internas de cada parte complican el panorama. En Palestina, la Autoridad Nacional Palestina se encuentra cada vez más debilitada. La falta de elecciones, la percepción de corrupción y su incapacidad para mostrar resultados diplomáticos erosionan su legitimidad. Hamas y otros actores armados llenan ese vacío con un discurso de resistencia que gana fuerza entre sectores frustrados y humillados.

En Israel, la superioridad militar y el respaldo estadounidense ofrecen seguridad inmediata, pero no resuelven la pregunta fundamental: ¿qué futuro espera a los millones de palestinos bajo el control israelí? El proyecto de anexión de Cisjordania, impulsado por sectores de la coalición gobernante, no solo es incompatible con la solución de dos Estados, sino que amenaza con romper los frágiles vínculos de normalización que Israel ha tejido con países árabes como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos. Incluso Arabia Saudí, que había explorado pasos hacia la normalización, ha dejado claro que no dará ese salto sin avances tangibles para los palestinos.

El mayor costo de la situación actual no se mide solo en vidas perdidas, sino también en la erosión del derecho internacional. La Corte Internacional de Justicia ha calificado la ocupación israelí como ilegal y la Corte Penal Internacional mantiene investigaciones abiertas por crímenes atroces y un genocidio que calificó de “plausible”. Sin embargo, la falta de consecuencias efectivas transmite la idea de que el cumplimiento de las normas es opcional para quienes cuentan con aliados poderosos.

Ese precedente es peligroso. Otros Estados, en otras regiones, pueden leerlo como una autorización implícita para modificar fronteras por la fuerza o consolidar anexiones de facto. Lo que ocurre en Palestina no queda en Palestina: mina la arquitectura global que, con todas sus limitaciones, ha servido como referencia para resolver disputas desde 1945.

El paso de un mundo unipolar, dominado por Estados Unidos tras la Guerra Fría, a un orden multipolar tiene consecuencias directas para el conflicto. Washington conserva la capacidad de influir decisivamente en Israel, pero su papel de mediador creíble se desvanece. China y Rusia capitalizan la narrativa de que Occidente aplica un doble rasero: exige respeto a la soberanía y al derecho internacional en Ucrania, pero lo relativiza en Palestina.

Para buena parte del Sur Global, este contraste alimenta un sentimiento de injusticia. No se trata de que los países africanos, latinoamericanos o asiáticos tengan soluciones listas para Palestina, pero sí de que el caso se ha convertido en un símbolo de la necesidad de un orden internacional más equilibrado. En ese sentido, la causa palestina es hoy también una causa de legitimidad global.

¿Tiene futuro la solución de dos Estados? Muchos la consideran una quimera, desbordada por la expansión de los asentamientos y la fragmentación territorial de Cisjordania. Otros la defienden como la única fórmula capaz de ofrecer seguridad a Israel y soberanía a Palestina. Ningún modelo alternativo —ni un único Estado binacional ni la administración indefinida de los territorios— ofrece garantías mínimas de justicia y estabilidad.

El reto está en que la promesa de dos Estados se ha vaciado de contenido político. Los discursos la repiten como un mantra, pero sobre el terreno se imponen los hechos consumados. Para que vuelva a ser una posibilidad real, sería necesario un compromiso internacional renovado: un freno efectivo a la expansión de asentamientos, garantías humanitarias robustas en Gaza y Cisjordania y un proceso político creíble con plazos y supervisión multilateral.

No se trata de ingenuidad, sino de reconocer que la alternativa es la perpetuación de un conflicto sin horizonte, con costos humanos crecientes y con un impacto corrosivo sobre la legalidad internacional.

El conflicto palestino-israelí ha dejado de ser solo una disputa territorial. Hoy es también una prueba de fuego para el orden internacional. Si la comunidad internacional acepta que el derecho puede suspenderse indefinidamente y que las resoluciones de la ONU son letra muerta, entonces la promesa de “nunca más” después de la Segunda Guerra Mundial queda reducida a un recuerdo retórico.

En un mundo multipolar, donde las grandes potencias se disputan influencia y legitimidad, la causa palestina es más que un conflicto regional: es un termómetro de la coherencia global. La paz no vendrá de los tanques ni de los vetos, sino de la voluntad de reconocer al otro como sujeto de derechos. Esa fue la promesa de 1947 y esa sigue siendo la deuda pendiente con Palestina.

@ClaraLopezObre

https://www.diario-red.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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