RESUMEN AGENCIAS /
Tras 20 años de gestión gubernamental progresista, Bolivia retorna al modelo económico neoliberal y vuelve a ser un socio estratégico de Estados Unidos en la región latinoamericana.
El pueblo boliviano eligió ‘lo menos malo’, y sin entusiasmo en la contienda presidencial del pasado 19 de octubre entre dos opciones de derecha.
A partir de ahora se cierra un ciclo electoral, y se abre una nueva etapa de Gobierno, con muchos problemas cotidianos que resolver y sin tiempo que perder.

A Rodrigo Paz Pereira le gusta presentarse como una cara nueva de la política, pero no lo es. Su padre es el cuestionado expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), uno de los principales referentes del neoliberalismo en Bolivia. A los 58 años ya ha sido concejal, diputado y alcalde de la ciudad sureña de Tarija. Hoy es aún un político en activo: ocupa un asiento de senador por el partido opositor Comunidad Ciudadana, del expresidente ultraconservador Carlos Mesa (2003-2005). Con ese largo historial a cuestas, Paz irrumpió como un candidato inesperado, casi invisible a las encuestas. Bajo el ala del Partido Demócrata Cristiano (PDC), una sigla muerta recuperada para la ocasión, Paz se lanzó a la caza de aquellos votantes que se alejaron del Movimiento al Socialismo, el MAS de Evo Morales. No le fue mal: ganó en agosto la primera vuelta por la presidencia con el 32 % de los votos, seis puntos por delante del conservador de tinte fascista Jorge Tuto Quiroga.
El pasado domingo, Paz Pereira ganó la Presidencia de Bolivia en una segunda vuelta contra Quiroga al conseguir más del 54,4 % de los votos, según el conteo preliminar ofrecido por el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Si bien huye de las definiciones ideológicas, su propuesta política apunta a lograr “un capitalismo para todos”. Ese ha sido su caballito de batalla para seducir a los sectores indígenas que ascendieron en la escala social durante los 20 años de gobiernos del MAS y ahora no se sienten representados por este movimiento.
En el cierre de campaña en Cochabamba, el martes 14 de octubre, Paz Pereira anuncio la aplicación de medidas de claro corte neoliberal. Dijo que en Bolivia ya “no habrá contrabando porque todo será legal”. “Bajaremos los aranceles para acabar con ese Estado tranca que no nos permite traer productos, tecnología. Necesitamos créditos a bajos intereses”, dijo.

Además de anunciar que achicará el Estado, el nuevo mandatario ha prometido un “perdonazo” tributario que condene deudas y multas a los contribuyentes como parte de un “plan platita” que movilice la economía, hoy en recesión.
Paz nació en Galicia de madre española en 1967, durante el exilio de su padre, perseguido por la dictadura. Antes volver a Bolivia con 15 años había vivido en una decena de países. Es economista y tiene una maestría en Gestión Política en la American University, en Estados Unidos. Ahí conoció a María Elena Urquidi, su esposa, con la que tiene cuatro hijos.
Dos años antes de decidir su candidatura presidencial, Paz recorrió más de 200 pueblos bolivianos, donde llegó incluso a participar en fiestas patronales y desfiles folclóricos junto a líderes sindicales. En su entorno reconocen que esas giras fueron determinantes en el triunfo de agosto.

La popularidad de Paz se disparó definitivamente cuando eligió como compañero de fórmula a Edman Lara, un expolicía de ultraderecha muy popular en redes sociales por su marcado discurso anticorrupción.
Llegada las elecciones, el binomio ganó “porque si no querías votar a la derecha tradicional ni al MAS, no había otra opción”, explicó un analista político.



