febrero 12, 2026 1:14 am
El Sur Global se mira de frente

El Sur Global se mira de frente

POR OMAR ROMERO DÍAZ

La prensa tradicional y corporativa, obediente a los intereses del norte, se apresuró a calificar la Cumbre de la CELAC-Unión Europea (UE) realizada en Santa Marta como un fracaso. Lo hizo porque se celebró en la Colombia de Gustavo Petro, porque no todos los invitados querían “molestar” a Donald Trump aterrizando en Bogotá, y porque no soportan la idea de ver a América Latina y el Caribe discutiendo su destino sin permiso de Washington. Sin embargo, quienes vieron más allá del ruido mediático, entendieron lo que realmente ocurrió: una reafirmación histórica de la soberanía latinoamericana.

La CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) nació para eso: para tejer unidad, cooperación y voz propia. Fue una respuesta política y moral a siglos de fragmentación y dependencia. Pero hoy, bajo el asedio del imperialismo y las presiones diplomáticas del norte, su papel cobra un sentido mucho más profundo: defender la existencia misma de un proyecto latinoamericano de integración frente a un mundo en disputa.

No es casualidad que esta cumbre haya tenido lugar en Colombia, el país donde más fuerte se sintió la doctrina del sometimiento geopolítico y donde hoy un Gobierno progresista busca cambiar el rumbo. Hacerla aquí fue un acto de valentía, un mensaje directo a quienes creen que el continente sigue siendo su patio trasero. Que la reunión se diera pese al saboteo, las campañas mediáticas y la presión diplomática, ya es una victoria política.

Mientras algunos mandatarios se ausentaban por temor a las reacciones de Trump o de la ultraderecha hemisférica, los presentes marcaron la pauta. Hablaron de transición energética justa, soberanía alimentaria, ciencia, tecnología, paz regional y comercio horizontal con Asia y África. En resumen, una agenda desde el Sur y para el Sur, que no se arrodilla ante los intereses de Wall Street ni de la OTAN.

El imperialismo, como bien recordaron algunos diplomáticos, ha “metido la mano” en la región a través de sus embajadas, intentando dividir y neutralizar cualquier intento de multilateralismo soberano. Pero esta vez no pudo. La CELAC demostró que los pueblos de América Latina y el Caribe han madurado políticamente, que ya no se trata solo de resistir, sino de proponer y construir poder colectivo.

Por eso esta Cumbre es un éxito, aunque la prensa del sistema diga lo contrario. Porque lo que se consolidó en Santa Marta fue más que un comunicado final: fue la conciencia compartida de que el destino de nuestros pueblos no se escribe en inglés, sino en la lengua de la dignidad y la integración.

El imperio podrá seguir financiando desinformación, podrá seguir armando guerras y bloqueos, pero hay algo que no puede detener: la certeza de que América Latina ya no camina sola ni en silencio.

Desde Santa Marta, desde el corazón de un país que antes fue bastión de la sumisión y la obediencia al poder hegemónico, se alzó la voz de un continente que empieza a mirar de frente y a decir con firmeza:

“Nuestra soberanía no se mendiga. Se ejerce”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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