febrero 11, 2026 11:42 pm
Por qué la ultraderecha colombiana pide fuego extranjero contra su propio país

Por qué la ultraderecha colombiana pide fuego extranjero contra su propio país

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Bombardeos “por la paz”: el engaño de la vieja oligarquía

En los últimos días hemos escuchado un coro vergonzoso desde sectores de la ultraderecha colombiana: congresistas del Centro Democrático, del Partido Conservador y voceros de la vieja oligarquía han salido a respaldar la posibilidad de que Estados Unidos bombardee territorio colombiano para “acabar con el narcotráfico”.

La frase parece sencilla, incluso patriótica, pero detrás se esconde una maquinaria histórica de mentiras, traiciones y complicidades que el pueblo colombiano debe desenmascarar.

El sofisma del bombardeo: una mentira repetida

 

Nos dicen que con misiles lanzados desde portaaviones en el Caribe se acabarán los cultivos ilícitos.

Nos dicen que esa intervención sería “una ayuda”, “una solución”, “una medida necesaria”.

Pero esa idea es, en esencia, una mentira peligrosa. El narcotráfico no nació en las selvas. Nació en las oficinas, en los partidos políticos tradicionales, en los bancos que lavaron dineros, en las campañas financiadas por capos y en gobiernos anteriores que hicieron acuerdos con criminales mientras la población se desangraba.

La historia lo tiene registrado: Uribe, Duque, Pastrana, Gaviria y otros sectores de poder vivieron políticamente conectados a ese mundo que ahora dicen querer bombardear.

Los caducos «jefes» de las ultraderecha colombiana claman al Gobierno de EE.UU. para que ejecute bombardeos en Colombia.

La hipocresía disfrazada de autoridad moral

Resulta insultante que quienes se pasearon con capos, quienes recibieron plata caliente para campañas, quienes gobernaron apoyados por estructuras mafiosas, hoy exijan intervención militar extranjera “contra las mafias”.

Es el colmo del cinismo. Y Colombia no puede permitir que estos discursos falsos sigan manipulando al país.

“Lanza Sur”: el nuevo rostro del intervencionismo

Cuando el Secretario de Guerra de Estados Unidos anunció la activación de la operación “Lanza Sur” para perseguir supuestos narcoterroristas, lo que hizo fue poner en marcha un despliegue bélico que ya tocó aguas colombianas.

Portaaviones, aviones de combate, maniobras militares. ¿Y qué hizo la extrema derecha? Aplaudir. Avalar. Arrodillarse.

Mientras tanto, sectores independientes y bancadas del Gobierno fueron claros: apoyar bombardeos extranjeros en Colombia es traición a la patria. No hay otra palabra.

Traición a la soberanía, a la dignidad y a la vida del pueblo colombiano. Servilismo político: cuando la oligarquía prefiere las bombas a la democracia.

¿Por qué esta ultraderecha apoya a Donald Trump en un ultimátum que amenaza la seguridad nacional de Colombia? La respuesta es brutalmente sencilla: están perdiendo poder. Y cuando pierden poder buscan al amo extranjero para que les devuelva lo que las urnas les quitaron.

Quien pide intervención extranjera no piensa en el país. Piensa en sus intereses, en su miedo a perder privilegios, en su nostalgia por el control político que Colombia ya no les está permitiendo.

Los muertos los pone el pueblo: 76 vidas borradas. Hasta ahora, con 19 ataques militares estadounidenses en aguas del Caribe y del Pacífico, al menos 76 personas han sido asesinadas.

¿Quiénes eran? ¿Narcotraficantes? ¿Pescadores? ¿Tripulantes inocentes? La verdad es que esas bombas no distinguen. Son decisiones tomadas a miles de kilómetros que aquí se traducen en muerte, silencio y tragedias irreparables.

¿Y qué dice la ultraderecha? Nada. Calla. O peor: celebra.

Colombia no es un patio trasero: el despertar necesario

La pregunta que Colombia debe responder hoy no es sobre el narcotráfico. Es sobre la dignidad. Sobre la soberanía. Sobre el derecho a decidir su propio destino sin que una potencia extranjera imponga misiles bajo la excusa de luchar contra las mafias que ellos mismos alimentaron durante décadas.

Los ciudadanos deben entenderlo con claridad: los mismos que se tomaban fotos con capos son los que ahora quieren bombardear campesinos.

Mientras el Gobierno del Cambio propone soluciones sociales, inversión rural, sustitución real y construcción de paz, los sectores más reaccionarios piden guerra, miedo e intervención extranjera.

Colombia debe rechazar cualquier bombardeo extranjero en su territorio. Debe hacerlo con fuerza, sin tibiezas, sin calculadoras electorales. Porque aceptar esa agresión no solo sería una tragedia humana: sería renunciar a nuestro derecho a existir como nación libre.

Nadie que ame a Colombia puede aplaudir una intervención militar extranjera. Nadie que se llame patriota puede pedir misiles sobre su propio pueblo.

Solo lo hacen quienes han vivido de espaldas al país y de frente a los intereses del poder imperial.

Defender la vida es defender la soberanía

Lo que está en juego no es un debate partidista. Es la esencia misma de lo que somos como país.

Un pueblo que ha sufrido demasiado como para permitir que otros decidan con bombas lo que aquí debe decidirse con democracia, justicia social y dignidad.

Colombia debe hablar al unísono:

Nunca más un país arrodillado.

Nunca más un país bombardeado.

Nunca más un país entregado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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