febrero 11, 2026 11:58 pm
Cómo la ultraderecha celebró el golpe más brutal contra el pueblo colombiano

Cómo la ultraderecha celebró el golpe más brutal contra el pueblo colombiano

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

En Colombia la política tiene escenas que parecen sacadas de una tragicomedia, pero ninguna tan grotesca como la que vivimos la semana anterior: ver a la ultraderecha celebrando el hundimiento del proyecto de Ley de Financiamiento como si hubieran conquistado una gesta heroica, cuando en realidad le clavaron un puñal a los sectores más vulnerables del país. Una burla repugnante que deja al descubierto la miseria moral de ciertos congresistas y partidos tradicionales que, con sonrisa cínica, pretendieron venderle al país la idea de que derrotaron al Gobierno, cuando en verdad derrotaron al pueblo.

Porque hablemos sin maquillaje: aquí no le quitaron plata a Petro. Aquí la derecha le quitó plata a los adultos mayores, a las mujeres embarazadas sin empleo, a los jóvenes que buscan estudiar, a los campesinos que esperan una carretera, a los barrios que necesitan acueducto.

Pero para la ultraderecha eso no es importante. Ellos festejan como si hubieran derrocado una tiranía, cuando en realidad lo único que tumbaron fue la posibilidad de financiar reformas sociales que buscaban corregir décadas de abandono estatal.

La estrategia del cinismo: hundir primero, exigir después

Tras el archivo del proyecto de la Ley de Financiamiento, la Comisión Séptima frenó también la reforma a la salud. ¿Por qué? Porque ahora, ¡oh milagro político!, los mismos congresistas que hundieron la financiación exigen saber “de dónde saldrá la plata”.

Primero tumban el puente, después preguntan por qué no se puede cruzar.

Primero destruyen la base fiscal, después acusan al Gobierno de no tener base fiscal.

Primero abren el hueco, después se indignan porque el país se está cayendo en él.

Es la vieja táctica de los saboteadores: impedir la solución para luego culpar al que la propone.

El negocio detrás de la “preocupación fiscal”

Detrás de esta jugada no hay principios, ni tecnicismos, ni patriotismo. Lo que hay es negocio, puro y duro.

Como lo recordó el senador Wilson Arias, la salud en Colombia mueve más de 100 billones de pesos al año. Un negocio gigante que los operadores privados no están dispuestos a soltar:  intermediación financiera leonina, corrupción, EPS quebradas, pero con dueños millonarios, contratos amarrados, un sistema en fase terminal.

Los caducos partidos de la ultraderecha se han impuesto sabotear y bloquear toda iniciativa legal promovida por el Gobierno del presidente Gustavo Petro.

¿Y quiénes defienden ese modelo enfermo? Los mismos que se oponen a la reforma estructural. Los mismos que hundieron la Ley de Financiamiento. Los mismos que se atrincheran en las comisiones para impedir cualquier avance.

Los mismos que hoy se ríen mientras el país sangra.

La victoria que es, en realidad, una derrota nacional

La oposición Centro Democrático, Cambio Radical, parte del Liberalismo, Conservadores, Partido de la U, Paulino Riascos (afrocolombiano), Richard Fuelantala (indígena) y Angélica Lozano llamó su maniobra un “triunfo político”.

Pero ese supuesto triunfo es la derrota del país, la derrota de los más pobres, la derrota de quienes sí necesitan un Estado que funcione.

No se combate al Gobierno hundiendo recursos para la salud.

No se combate al Gobierno quitándole techo al anciano sin pensión.

No se combate al Gobierno desfinanciando la educación.

Solo un miserable confunde la destrucción del bienestar social con una victoria electoral. Muchos de estos congresistas hoy recorren barrios buscando votos, estrechando manos, prometiendo lo que ellos mismos destruyeron en el Congreso.

La hipocresía alcanza niveles olímpicos: ellos mismos hunden los recursos y luego dicen que “el Gobierno no cumple”. Esa es la política barata que ha mantenido al país empobrecido durante décadas: políticos al servicio de los poderosos, que viven del pueblo, pero jamás viven para el pueblo.

Venden la patria no por pedazo de tierra, sino por contratos, favores, cheques y padrinazgos.

Son los vende patria de corbata fina, los soldados de la oligarquía, los protectores del negocio privado disfrazado de “defensa de la democracia”.

El pueblo tiene memoria

 

La ultraderecha cree que el país es un rebaño sin criterio. Que puede reírse hoy y pedir votos mañana. Que puede hundir reformas y luego posar de salvadores.

Pero este país despierta. Y cuando el pueblo despierta, la historia cambia. Por eso es preciso hacer un llamado urgente y frontal: no votar por quienes hundieron el proyecto de la Ley de Financiamiento. No es un acto de militancia: es un acto de dignidad nacional.

El nombre de cada congresista y su partido quedará registrado no como “héroes de la oposición”, sino como responsables de truncar reformas que el país necesitaba para sobrevivir.

El pueblo no olvida. La historia no perdona. Y esta vez, quienes se rieron del hambre y la enfermedad del pueblo, serán los que terminen llorando en las urnas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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