febrero 12, 2026 1:14 am
Manejo económico del país configura un escenario favorable, desastre que pronosticaba la oposición nunca apareció

Manejo económico del país configura un escenario favorable, desastre que pronosticaba la oposición nunca apareció

EDITORIAL TSC /

El año 2025 representó un punto de inflexión para la economía colombiana, caracterizado por un robusto crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 3,1 %, una significativa revaluación del peso colombiano, reducción histórica del desempleo al 8 %, incremento del salario mínimo superior al 23 %, expansión de exportaciones en un 20 %, aumento del consumo de hogares en 3,4 %, y un destacado crecimiento sectorial en el agropecuario (9 %). La inflación se ha mantenido controlada en 5,1 %, mientras que el turismo alcanzó un récord de 37 millones de visitantes y el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) llegó al 19,9 % en diciembre de 2025, el mayor en una década.

Los anteriores resultados reflejan el impacto de la política económica implementada por el Gobierno de Gustavo Petro y configuran un escenario favorable, contrario al apocalipsis y al desastre que de manera sistemática y sin ningún argumento sólido ha venido propagando de manera infructuosa de la oposición de derecha.

El crecimiento del PIB del 3,1 % en 2025 supera las proyecciones iniciales y se sitúa por encima del promedio regional, reflejando una recuperación sostenida tras los choques exógenos de años anteriores. Este resultado se apoya en el dinamismo del consumo interno, la recuperación de la inversión y el impulso de sectores estratégicos como el agropecuario y el turismo.

La apreciación del peso por debajo de los 3.700 COP/USD responde a factores como el ingreso de divisas por exportaciones, la confianza de inversionistas extranjeros, y un entorno internacional favorable para los mercados emergentes. Esta revaluación contribuye a mitigar presiones inflacionarias, aunque representa un reto para la competitividad de las exportaciones no tradicionales.

El desempleo descendió al 8 %, el nivel más bajo del siglo, impulsado por la generación de empleo formal en sectores como servicios, agroindustria y turismo. Las políticas activas de empleo, la formalización laboral y los estímulos a la contratación juvenil han sido determinantes en este desempeño.

El salario mínimo tuvo un aumento histórico superior al 23 %, impactando positivamente el poder adquisitivo de los trabajadores y la demanda interna. No obstante, este incremento plantea desafíos de sostenibilidad para las pequeñas y medianas empresas, así como riesgos de informalidad si no se acompaña de mejoras en productividad.

Las exportaciones crecieron un 20 %, apalancadas en productos agroindustriales, energéticos y manufacturas. El consumo de los hogares aumentó 3,4 %, reflejando una mayor confianza y capacidad de gasto, en parte atribuible al incremento salarial y la estabilidad de precios.

El sector agropecuario registró un notable crecimiento del 9 %, consolidándose como motor de diversificación productiva y fuente de empleo rural. La modernización tecnológica, acceso a mercados internacionales y programas de apoyo sectorial han sido claves en este desempeño.

La inflación cerró en 5,1 %, dentro del rango meta del Banco de la República, gracias a la estabilidad cambiaria, la moderación de precios internacionales de alimentos y combustibles, y una política monetaria prudente.

El turismo alcanzó 37 millones de visitantes, posicionando a Colombia como destino líder en la región. Este resultado se asocia a la recuperación de la conectividad aérea, mejoras en infraestructura y campañas de promoción internacional.

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) llegó a 19,9 % en diciembre, el valor más alto en diez años según Fedesarrollo, reflejando expectativas positivas sobre la economía y el empleo.

La administración del presidente Gustavo Petro ha implementado una agenda económica orientada a la redistribución del ingreso, el fortalecimiento de la demanda interna y la diversificación productiva. Destacan políticas de incremento salarial, estímulos a la inversión social, promoción de exportaciones no tradicionales y modernización agropecuaria. El manejo fiscal ha buscado equilibrio entre sostenibilidad y expansión del gasto social, mientras que la política monetaria ha coordinado esfuerzos para mantener la inflación bajo control.

Las reformas estructurales en pensiones, salud y laboral han generado debate, pero han contribuido a mejorar la percepción de estabilidad institucional y confianza de los agentes económicos. Sin embargo, persisten desafíos en materia de productividad, calidad del gasto público y reducción de la informalidad.

De cara al mediano plazo, el escenario base proyecta una continuidad en el crecimiento económico, con tasas cercanas al 3 %, inflación dentro de los rangos meta (4,5 % – 5,5 %), y desempleo en torno al 8 % – 9 %. Se prevé una consolidación del sector agropecuario, diversificación de exportaciones y sostenimiento del dinamismo turístico.

No obstante, existen riesgos asociados a la volatilidad externa (tasas de interés internacionales, precios de materias primas), presiones fiscales derivadas del gasto social, y posibles tensiones en el mercado laboral por incrementos salariales elevados. La sostenibilidad ambiental y la adaptación tecnológica serán determinantes para mantener la competitividad.

En términos sociales, se anticipa una mejora gradual en los indicadores de pobreza y desigualdad, siempre y cuando se mantenga el ritmo de generación de empleo formal y el acceso a servicios básicos.

Los resultados de 2025 evidencian una gestión económica efectiva, con impactos positivos en crecimiento, empleo y bienestar social. Es fundamental mantener la disciplina fiscal y la coordinación de políticas macroeconómicas para preservar la estabilidad y la confianza.

El Gobierno Petro está comprometido en los pocos meses que le faltan para terminar su gestión en profundizar la diversificación productiva, estimular la innovación y la formación de capital humano para elevar la productividad.

La sostenibilidad de los avances sociales dependerá de la capacidad de responder a riesgos externos y consolidar reformas estructurales inclusivas.

En suma, Colombia enfrenta un entorno de oportunidades y retos, donde la continuidad de políticas responsables y adaptativas será clave para consolidar el desarrollo económico y social en los próximos años si logra la consolidación de un nuevo enfoque económico que entierre el malhadado modelo neoliberal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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