RESUMEN AGENCIAS /
Estados Unidos, tradicionalmente considerado un referente mundial en materia de libertades civiles y derechos humanos, enfrenta en la actualidad una preocupante degradación de estos principios fundamentales. Prácticas como el escaneo masivo y no autorizado de redes sociales, la recolección de datos biométricos y personales sin consentimiento, la intervención de comunicaciones y el uso extensivo de tecnologías de geolocalización y seguimiento policial, han desencadenado una crisis que trasciende lo legal para adentrarse en lo ético y lo humanitario.
Este fenómeno se agrava en el contexto de la detención de 3.800 niños migrantes en Centros de Detención desde inicios de 2025, consecuencia directa de redadas sistemáticas bajo el represivo Gobierno de Donald Trump.
Dentro de este grave contexto es preciso examinar esta realidad desde una perspectiva crítica, empleando el concepto de “biopolítica” desarrollado por el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984), a propósito del papel de empresas privadas como Thomson Reuters y Lexis Nexis en la configuración de una sociedad de control, para finalmente reflexionar sobre el declive moral de Estados Unidos como potencia global.
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El término “biopolítica”, acuñado por Foucault, alude a las estrategias y mecanismos mediante los cuales el poder moderno interviene en la vida de los individuos y las poblaciones. Foucault identificó un desplazamiento del poder soberano –centrado en el derecho de dar muerte o dejar vivir– hacia un poder que administra, controla y regula la vida: “hacer vivir y dejar morir”.
La «biopolítica» se expresa en la vigilancia, la gestión de cuerpos, la normalización de conductas y la producción de subjetividades, todo ello mediante tecnologías de información y dispositivos de control social. En el contexto estadounidense, la “biopolítica” se manifiesta en la vigilancia masiva, la acumulación de datos y la gestión diferenciada de poblaciones “deseables” e “indeseables”, como los migrantes.
La vigilancia masiva constituye una de las transformaciones sociales más profundas de las últimas décadas. El escaneo sistemático de redes sociales y la obtención de datos biométricos sin consentimiento han convertido al ciudadano en objeto constante de escrutinio. Esta situación erosiona la confianza social y fomenta una cultura de autocensura, en la que las personas restringen sus expresiones y conductas por temor a ser observadas, malinterpretadas o sancionadas.
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La privacidad, entendida como un derecho fundamental, deja de ser un espacio inviolable y se transforma en un privilegio condicionado por intereses estatales y corporativos. El resultado es una sociedad fragmentada, marcada por la desconfianza y la sensación de permanente vulnerabilidad.
La recolección indiscriminada de datos personales y la intervención de comunicaciones, justificada en nombre de la seguridad nacional, constituyen una forma moderna de gubernamentalidad. El Estado, mediante estos mecanismos, amplía su capacidad de injerencia sobre la vida cotidiana de los ciudadanos y redefine la relación entre individuo y poder.
La utilización de tecnologías de geolocalización y el seguimiento policial no sólo permiten la persecución de conductas consideradas “sospechosas”, sino que habilitan la construcción de perfiles predictivos que han desembocaddo en la sociedad estadounidense en discriminación, criminalización preventiva y persecución política. Este control, lejos de limitarse al ámbito estatal, involucra a empresas privadas que colaboran activamente en la gestión y el procesamiento de la información.
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La situación de los 3.800 niños, hijos de migrantes, concentrados en Centros de Detención desde inicios de 2025 representa una de las expresiones más crudas de la crisis humanitaria en Estados Unidos.
Estos menores, separados de sus familias durante redadas contra migrantes, enfrentan condiciones de hacinamiento, carencia de atención médica adecuada, alimentación deficiente y privación de contacto familiar. Tales prácticas violan principios elementales de la Convención sobre los Derechos del Niño y otros tratados internacionales de derechos humanos.
La detención prolongada y la incertidumbre generan secuelas psicológicas irreparables, evidenciando no sólo una falla estructural del sistema migratorio estadounidense, sino una deshumanización deliberada de los más vulnerables. Este fenómeno, más allá de lo legal, interpela la conciencia ética de la sociedad estadounidense y de la comunidad internacional.

El auge de empresas como Thomson Reuters y Lexis Nexis ha sido determinante en la consolidación de una infraestructura de vigilancia y perfilamiento social. Estas corporaciones, mediante la agregación y el análisis de datos provenientes de fuentes públicas y privadas, elaboran perfiles exhaustivos de individuos que luego son utilizados por agencias estatales y cuerpos policiales para la toma de decisiones. Su papel no es meramente instrumental, sino que configura nuevas formas de biopolítica: privatizan el control social, difuminan la responsabilidad y dificultan la rendición de cuentas.
La colaboración entre sector público y privado en la gestión de datos personales amplía el alcance del poder y reduce los mecanismos de protección ciudadana, consolidando un modelo de sociedad en el que la información es poder y la opacidad, norma.
La sumatoria de prácticas descritas pone en cuestión los valores fundacionales de Estados Unidos y revela una crisis moral profunda. La vigilancia masiva, la criminalización de la migración, la instrumentalización de la infancia y la complicidad empresarial en la erosión de derechos básicos, reflejan un proceso de descomposición ética que socava la legitimidad global del país.
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La “biopolítica” estadounidense, orientada más a la administración de riesgos que a la promoción de libertades, evidencia un giro autoritario incompatible con el ideal democrático. Este declive no sólo afecta la imagen internacional de Estados Unidos, sino que debilita los cimientos de la convivencia social y la confianza en las instituciones.
La progresiva erosión de los derechos humanos en Estados Unidos, manifestada en la vigilancia masiva, la recolección indiscriminada de datos, la detención de menores migrantes en condiciones inhumanas y el protagonismo de empresas privadas en la gestión de la información, constituye un fenómeno multidimensional que interpela los límites de la democracia y la ética contemporánea.
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El análisis desde la biopolítica foucaultiana permite comprender que estas prácticas no son meros excesos coyunturales, sino expresiones de un nuevo régimen de poder y control sobre la vida. Frente a este panorama, resulta imperativo que la sociedad estadounidense asuma el reto de fortalecer los mecanismos de protección de derechos, exigir transparencia y rendición de cuentas, y promover una reflexión colectiva sobre el tipo de nación que se quiere proyectar.
El futuro de los derechos humanos en Estados Unidos dependerá, en última instancia, de la capacidad de la sociedad civil, la academia y los organismos internacionales para resistir la normalización del control y reivindicar la dignidad humana como valor irrenunciable.



