abril 30, 2026 8:40 am
Cómo “escapar del capitalismo”

Cómo “escapar del capitalismo”

Clara Mattei, filósofa y economista italiana, autora de ‘Escape del capitalismo’.

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

El análisis recurrente que se hace del capitalismo contemporáneo se centra generalmente en la corrupción que le es inherente o su decadencia que se evidencia a través de la financiarización, la monopolización, la desregulación o la influencia corporativa en la política. El parasitismo financiero, la extracción de rentas por parte de señores supremos «tecnofeudales» y la corrupción política se consideran aberraciones que han mermado la vitalidad del capitalismo, lo que ha provocado una creciente desigualdad económica y precariedad de la clase trabajadora, culminando en la actual pesadilla neofascista trumpiana.

Al mismo tiempo, estos análisis apuntan hacia una política socialdemócrata de compromiso de clases, en la medida en que se presupone que los trabajadores y los capitalistas industriales “productivos” comparten el interés de “restaurar la competitividad” mediante el control de los monopolios tecnológicos o la especulación financiera excesiva, a la vez que se incrementa el gasto público.

La más reciente obra de la filósofa y economista italiana Clara Mattei‘Escape From Capitalism’ (‘Escape del capitalismo’, edición en inglés, Nueva York: Simon & Schuster, enero 2026. 224 p.), ofrece una importante corrección a estas perspectivas. Proporciona una introducción al capitalismo y una crítica de la economía neoclásica, al tiempo que rechaza los enfoques populistas simplistas que señalan la avaricia corporativa, las grandes finanzas o el poder monopólico como los principales problemas políticos a superar.

Mattei, profesora de economía en University of Tulsa, insiste en que el problema reside en el capitalismo mismo: no en un sistema roto que necesita reparación sino que plantea de manera contundente la necesidad de ser abolido ante la grave crisis civilizatoria que ha generado hasta el punto de poner en peligro la vida en el planeta.

El libro sostiene que el capitalismo se perpetúa menos por consenso espontáneo que por formas institucionalizadas y a menudo invisibles de coerción: marcos legales, dispositivos técnicos y falaces narrativas “científicas” que presentan decisiones profundamente políticas (austeridad, disciplina monetaria, “desempleo necesario”, impuestos regresivos) como si fueran inevitables y neutrales.

La autora propone “escapar” del capitalismo no mediante reformas internas al Estado capitalista o meras alternancias electorales, sino a través de la construcción deliberada de instituciones económicas alternativas capaces de someter la producción, el crédito y la inversión a control democrático.

La obra se presenta como un manifiesto de economía política: parte de una crítica a la economía neoclásica (y a su mentirosa pretensión de neutralidad), reconstruye el momento histórico en que la economía se consolidó como “ciencia” tras la Primera Guerra Mundial, y aterriza esa genealogía en el funcionamiento contemporáneo de instituciones como bancos centrales y organismos internacionales.

A lo largo del texto, Mattei insiste en una idea incómoda: pobreza, desempleo e inflación no son “fallas” del sistema sino mecanismos recurrentes que ordenan la sociedad capitalista al asegurar la dependencia de la mayoría respecto del mercado laboral.

Cuestiona algunos elementos de la narrativa capitalista que se disfrazan de técnicos, mostrando su verdadera cara, como los siguientes:

  • Despolitización de la economía: instrumentos como el recorte presupuestal, la subida de tasas y los impuestos regresivos se venden como “técnicos”, pero operan como disciplinamiento social.

  • Moneda, empleo e inflación: se cuestiona el dogma según el cual el aumento del desempleo sería un “remedio” legítimo contra la inflación; el desempleo funciona como dispositivo para debilitar el poder de negociación salarial y expandir el trabajo precario.

  • Estado e instituciones: el Estado no aparece como árbitro externo, sino como arquitecto y garante de la reproducción capitalista (por diseño institucional, legislación y políticas macro).

  • Expertocracia: el poder de bancos centrales y organismos multilaterales se ejerce con baja rendición de cuentas democrática, pese a impactar directamente vida cotidiana, acceso al crédito, empleo y gasto social.

  • Salidas: la “liberación” exige instituciones alternativas que trasladen decisiones económicas a arenas democráticas (más allá de la elección periódica de gobiernos) y que permitan decidir colectivamente qué producir, cómo distribuir y para qué financiar.

 

Una apuesta por un poder constituyente económico

En clave política, Mattei desplaza el debate desde la “captura” del Estado por intereses privados hacia una tesis más estructural: el Estado moderno es co-constitutivo del capitalismo, porque administra la dependencia social del mercado (vía reglas fiscales, marcos laborales, política monetaria, régimen de propiedad y mecanismos de deuda). De ahí que su crítica no se agote en denunciar a “élites codiciosas” o monopolios, sino en mostrar cómo la gobernanza económica produce obediencia sin necesidad de coerción abierta: el lenguaje técnico reduce el campo de lo discutible y convierte decisiones distributivas en supuestas necesidades macroeconómicas.

El diagnóstico implica una lectura de desdemocratización: la soberanía popular queda limitada cuando los “núcleos duros” de la política económica (tasas, control de inflación, disciplina fiscal, condicionalidades) se sustraen al conflicto democrático y se ubican en agencias independientes o arreglos internacionales. Mattei sugiere que esta arquitectura reduce la política a la administración del “único modelo posible”, y explica por qué el malestar social puede derivar en salidas autoritarias o ultranacionalistas: si la economía se clausura como tema democrático, la disputa se desplaza a identidades y fronteras.

Su propuesta estratégica puede leerse como una apuesta por un poder constituyente económico: crear espacios e instituciones donde la mayoría decida sobre inversión, energía, salud, vivienda o alimentación. La “salida” no es un evento instantáneo, sino un proceso de acumulación de capacidades (organizativas, jurídicas, financieras) para gobernar sectores clave sin depender de la lógica de rentabilidad privada.

La emblemática casona de la Bolsa de Nueva York en la tradicional calle Wall Street de Nueva York, símbolo de la especulación financiera a nivel mundial.

El punto polémico —y políticamente fértil— es que la democracia deja de ser solo procedimiento electoral y se redefine como control social sobre los medios de reproducción material.

El aporte económico del libro radica en reubicar categorías macroeconómicas (inflación, desempleo, crecimiento, equilibrio fiscal) como categorías de conflicto distributivo. Mattei critica la idea de que los “modelos” describen una economía natural: en su lectura, los modelos prescriben relaciones de poder. Así, el desempleo opera como “reserva” disciplinaria; la inflación se convierte en argumento para debilitar salarios; y la austeridad fiscal se presenta como virtud, aunque sus costos se socialicen y sus beneficios se concentren.

En particular, la crítica a la política monetaria subraya el sesgo distributivo de las subidas de tasas: se aceptan recesiones inducidas como costo “técnico” para estabilizar precios, aun cuando su carga recaiga de forma asimétrica en hogares endeudados y trabajadores. Esto cuestiona la independencia de los bancos centrales como sinónimo de buena política: si la herramienta principal para “controlar” la inflación es enfriar el mercado laboral, entonces la estabilidad de precios se logra mediante una redistribución de poder en contra del trabajo.

Otro frente es la fiscalidad: Mattei denuncia que la reducción de capacidades de recaudo y fiscalización se justifica con el ideal de “equilibrio presupuestario”, pero termina favoreciendo a contribuyentes de altos ingresos y grandes patrimonios, además de producir déficits que se usan como coartada para recortar derechos sociales.

En términos económicos, el argumento apunta a una economía política del Estado: no solo importa el nivel de gasto, sino quién paga, quién recibe y qué coaliciones se fortalecen cuando la política fiscal se vuelve una regla automática.

Dispositivo de obediencia y dependencia

Sociológicamente, el libro puede leerse como un estudio de cómo el capitalismo fabrica dependencia y, con ella, obediencia. Si la sobrevivencia depende del salario y el crédito, entonces el temor al desempleo y al endeudamiento funciona como mecanismo de control cotidiano. La precariedad no es un accidente: se vuelve un entorno social que reduce la disposición a organizarse, a exigir derechos o a imaginar alternativas.

Un hilo sociológico clave es la producción de autoridad experta: la matematización y el lenguaje especializado, consolidado históricamente (por ejemplo, tras la Primera Guerra Mundial), hacen que la economía parezca inaccesible para el público y, por tanto, “no deliberable”. Esta división entre expertos y profanos no solo organiza conocimiento; organiza jerarquía.

La opacidad institucional —del banco central al organismo multilateral— opera como barrera cultural que limita la participación y normaliza que decisiones vitales se tomen sin mandato popular.

La autora conecta economía y crisis civilizatoria: salud, cuidados, vivienda o ambiente quedan subordinados a la lógica de acumulación, y esto erosiona la cohesión social. Cuando la promesa de bienestar se incumple sistemáticamente, la frustración puede canalizarse hacia salidas punitivas o identitarias (por ejemplo, ultranacionalismo), especialmente si la esfera económica se presenta como intocable.

Su diagnóstico sugiere que desactivar esas derivas requiere reabrir la economía como campo de decisión democrática.

El libro de Mattei  aporta varios elementos tanto para la reflexión como para ahondar en el debate sobre el fracaso del capitalismo: (1) revela el carácter político de instrumentos macro que suelen presentarse como neutrales; (2) articula historia institucional y crítica teórica de la economía neoclásica; (3) desplaza explicaciones moralistas (avaricia, “malos” empresarios) hacia una comprensión estructural del capitalismo; y (4) ofrece un horizonte programático —instituciones alternativas— que evita el inmovilismo de la denuncia.

‘Escape from Capitalism’ propone una lectura del capitalismo como orden político-institucional que se naturaliza mediante la autoridad experta y se sostiene a través de decisiones macroeconómicas que disciplinan a la mayoría. Su intervención es radical en un sentido preciso: sostiene que el sistema “funciona” tal como fue diseñado —produciendo dependencia, desigualdad y crisis— y que por ello la salida no puede reducirse a corregir excesos, sino a democratizar las decisiones económicas mediante instituciones nuevas.

El valor del libro reside tanto en su crítica de la “economía apolítica” como en su invitación a pensar la libertad en términos materiales: la capacidad colectiva de decidir sobre la reproducción de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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