julio 23, 2026 3:43 am
Hegemonía de un relato colonial que lleva 500 años de vigencia

Hegemonía de un relato colonial que lleva 500 años de vigencia

POR MARCOS JOEL

La democracia liberal burguesa, esa añeja quimera, jamás respondió a las inquietudes de las mayorías; en rigor, nunca fue su vocación. Siempre ofició de herramienta de la clase dominante, reservando para el pueblo llano el mate amargo de las migajas. De existir una genuina conciencia de clase, comprenderíamos que el debate no se agota en redistribuir la riqueza que el 99 % de Latinoamérica produce con su trabajo. Sin embargo, las mayorías se encuentran enajenadas, secuestradas por una alienación que hunde sus raíces en el coloniaje.

Manipulados desde la conquista por la propaganda imperial, primero la cruz hispana, luego el palo británico y hoy la bota estadounidense, hemos internalizado la psiquis del esclavo. Tenemos las mentes y los corazones cautivos bajo la hegemonía de un relato colonial que lleva quinientos años de vigencia. Aunque la historia de Nuestra América está plagada de intentos por zafar de estas cadenas, la respuesta del imperio fue siempre letal. El último gran estertor de dignidad sucumbió bajo la garra de la CIA y el Comando Sur, materializado en el terrorismo de Estado del Plan Cóndor.

Empero, el dominio contemporáneo ha mutado hacia una sofisticación cibernética. Ya no precisan del disfraz institucional de la OEA; esa fachada caducó y se fue al tacho. En su lugar, irrumpe la ultraderecha más reaccionaria, con el sionismo israelí marcando el compás de una nueva etapa. La lógica es implacable dentro de esta matriz occidental y judeocristiana, cuyo devenir histórico parece abocarse al fascismo. El capitalismo en su fase decadente ya no requiere de formalismos democráticos; su mera imposición fáctica es suficiente.

Es iluso pretender restaurar aquel orden internacional de relativa estabilidad. Ese mundo murió, y con él se extinguió el progresismo que se alimentaba de las sobras del Estado de bienestar liberal. La putrefacción del sistema no deja margen para la redistribución; la plusvalía ya no se extrae mediante el engaño formal, sino por la explotación descarnada. El botín es para la casta privilegiada, y la única salida del sistema para sostenerse es multiplicar la esclavitud moderna.

Estamos frente a la más clásica de las luchas de clases. Es cierto que, por ahora, las mayorías están dormidas, aferradas a la ilusión de que este régimen aún tiene réditos. Pero ya van a descubrir que no queda ni el polvo.

La única salida es trazar un camino que garantice la emancipación de los pueblos oprimidos. Aún no dimensionan su propia opresión, siguen padeciendo y creyendo en la misma trampa. Pero los ojos se van a abrir. Es solo cuestión de tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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