julio 28, 2026 10:08 am
Alberto Montezuma Hurtado

Alberto Montezuma Hurtado

POR DARÍO MARTÍNEZ BETANCOURT

El 5 de marzo de 1970 conocí a Alberto Montezuma Hurtado (Pasto, julio 1906 – Bogotá, febrero 1987). Faltaban nueve días para completar el requisito mínimo de 21 años para ser ciudadano. Cursaba tercer año de Derecho, me inquietaba la política, especialmente la liberal. Ese día Montezuma Hurtado pronunció una conferencia radial de corte liberal en la Voz del Galeras de Pasto, en búsqueda de apoyo para su reelección como senador de la República.

En la noche hubo reunión de amigos en la sede del periódico ‘Nariño Liberal’, que dirigía Carlos Hernando Figueroa. Allí descubrí además de la bohemia la condición polifacética de Montezuma. Era músico, compositor, poeta, escritor, historiador. Ejercía la condición de liberal en forma auténtica y digna, sin dogmatismos.

Alberto Montezuma Hurtado (1906-1987).

En las elecciones del año 1970, fue derrotado en Nariño por Luis Avelino Pérez, en una confrontación de distintos estilos y conceptos de hacer la política. No fue bueno para Montezuma el haber ejercido por mucho tiempo la condición de diplomático y permanecer en el exterior una larga temporada. Si bien aprovechó la estadía en excelentes menesteres culturales, descuidó la representación política regional.

Nunca volví a ver a Montezuma Hurtado, quien legó una fecunda obra literaria y practicó la defensa del ideario liberal, el cual menoscabado y a veces deshonrado se mantuvo vigente hasta los primeros años del siglo XXI.

De las notas allegadas por el historiador Manuel Pantoja Rodríguez destaco el inmenso valor humanístico liberal de algunos documentos de Montezuma y su legado político para la posteridad. Transcribo brevemente lo siguiente de alguno de ellos:

Fuere lo que fuere, sigo considerando que a pesar de las posiciones encontradas y de cuando en cuando deplorables con que suelen obsesionarse sus adeptos, el liberalismo no es un viejo libro ya cerrado que nunca más volverá a abrirse. Todo lo contrario: muchos de sus capítulos equivalen todavía a horizontes no escrutados, ofrecen filosofías aún incomprendidas, lo mismo que luces para el espíritu y guías para la conciencia. En esas condiciones, es axiomático que el equilibrio y el destino de la patria lo necesitarán siempre”.

Este testamento político liberal de Montezuma Hurtado me conmueve, concita y reverdece los corazones rojos que como fuego volcánico siguen soñando en la resurrección del glorioso Partido Liberal, por ahora lamentablemente sumido en la más vergonzosa bancarrota, a la deriva sin filosofía, carente de brújula y lejos de un porvenir. Sin embargo, para mí todavía no es un cadáver insepulto, agoniza, pero no puede morir porque la libertad humana es eterna como el mundo. La actitud liberal ante la vida es eso: vida y no muerte, dinamismo abierto hacia la historia.

Las soluciones para la patria sangrante no deben ser ni fascistas ni estalinistas, pues la primera hace desaparecer al individuo y la segunda a la sociedad. Los extremos se tocan cuando oprimen y vulneran libertades. Extinguida la libertad no hay derecho, ni democracia, ni paz, y menos igualdad. Lo dijo en hermosas palabras Milton Puentes en su libro ‘Historia del Partido Liberal Colombiano’: “Donde quiera que haya opresión, donde quiera que la tiranía aherroje la libertad de los hombres, donde quiera que la desigualdad lacere la carne y el espirito de los débiles, allí aparece incoercible y fulgente el liberalismo para alumbrar con su sol de justicia a los perseguidos”.

Al liberalismo popular le arrebataron sus banderas. Ese liberalismo social era y debe ser de izquierda democrática sin pecados extremistas, ni contaminaciones revolucionarias pro guerrilleras, ni autoritarismos aristocratizantes, que defienden la propiedad sin función social y la expoliación de los desheredados de la fortuna. Tarde que temprano la solución vivificante tendrá que ser de contenido liberal social.

Alberto Montezuma Hurtado es el viejo y nuevo símbolo de la defensa de las libertades, así algunos hayan renegado de ellas y decapitado su presencia en la historia. Cuando el Estado de Derecho de estirpe demoliberal entra en crisis, se impone rehacer el campo hecho cenizas de la libertad. Pero esa gran cruzada no es ni puede ser de extremismos, en la forma que ahora se predica.

Los extremos referidos son antihistóricos y como tal no durarán demasiado, ni en el poder ni en la lucha política electoral. Los absolutismos tienen corta vida y se extinguen como ocurrió con las monarquías y muchas dictaduras.

Que vuelva el espíritu liberal de Montezuma Hurtado a la arena política colombiana como una bandera en contra de la antimercancía política, y que reconsidere al liberalismo como él lo predicó, o sea, un honor que cuesta y no deshonor que se regala. Y como el triunfo de la inteligencia, la cultura, la preparación, la ética y la preeminencia del interés general sobre el particular.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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