septiembre 2, 2026 12:47 am
Hacer feminismo desde el Sur Global

Hacer feminismo desde el Sur Global

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

La conferencia magistral Hacer feminismo desde el Sur Global, dictada por la politóloga y socióloga india Nivedita Menon, catedrática de la Universidad de Delhi, el pasado 21 de agosto en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se inscribe en una tradición crítica que entiende el feminismo no como una identidad cerrada, sino como una práctica política, intelectual y cotidiana.

Al afirmar que prefiere hablar de “hacer feminismo” antes que de “ser feminista”, Menon desplaza el énfasis desde la adscripción personal hacia la acción transformadora: el feminismo aparece así como una forma de mirar, intervenir y desestabilizar los órdenes sociales que naturalizan la desigualdad.

La cientista social india Nivedita Menon durante su disertación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Crítica sociológica del orden patriarcal

Desde una perspectiva sociológica, la intervención de la cientista social india permite comprender el patriarcado como un sistema de clasificación social que convierte diferencias corporales en jerarquías políticas, económicas y simbólicas.

La idea de que el sexo biológico determina roles de género revela cómo el cuerpo funciona como punto de partida para distribuir expectativas, trabajos, derechos y formas legítimas de reconocimiento. En ese sentido, la conferencia no reduce la dominación a una relación entre individuos, sino que la ubica en instituciones como la familia, la ciudadanía, la escuela, el Estado, la ley y el mercado.

La lectura sociológica también es interseccional: género, clase, casta, raza, nacionalidad, sexualidad y colonialidad aparecen como dimensiones entrelazadas de la desigualdad. Por eso, Menon no presenta “la mujer” como una categoría homogénea, sino como una posición social atravesada por historias y estructuras diversas. Esta mirada impide convertir el feminismo en una teoría universal producida desde el Norte Global y aplicada mecánicamente a otros contextos.

Género, cuerpo y deseo: desnaturalizar lo normal

El eje de género de la conferencia se articula alrededor de una tesis central: lo que se considera “normal” en materia de identidad, deseo, familia y sexualidad no es un dato natural, sino una construcción histórica sostenida por controles culturales, biomédicos, religiosos, legales y económicos.

La crítica a la heterosexualidad obligatoria, a las expectativas sobre la apariencia corporal y a la regulación moral de la maternidad —por ejemplo, el debate sobre amamantar en espacios públicos— muestra cómo el cuerpo femenino y los cuerpos no normativos son convertidos en territorios de disciplina social.

En esta dimensión, Menon amplía el feminismo hacia una política queer entendida no como etiqueta identitaria fija, sino como cuestionamiento de las fronteras rígidas entre cuerpos, deseos y normas.

La posibilidad de que las identidades cambien a lo largo de la vida desestabiliza la idea de que la organización social debe fundarse en binarismos inmutables. Así, el feminismo deja de ser únicamente una reivindicación de derechos para mujeres y se convierte en una crítica radical de las formas en que la sociedad produce sujetos “masculinos” y “femeninos”.

Filosofía política del Sur Global

El aporte filosófico de la conferencia reside en su crítica a las categorías con las que se organiza el mundo. Al discutir la “concepción colonial del espacio” y la “política de la cartografía”, Menon cuestiona la aparente neutralidad de los mapas y de las metáforas geográficas que ubican al Norte “arriba” y al Sur “abajo”.

La imagen de América invertida, de Joaquín Torres García, funciona como gesto epistemológico: invertir el mapa es invertir también la autoridad del saber, desplazando el centro de enunciación y abriendo la posibilidad de pensar desde otros lugares.

Desde esta perspectiva, el Sur Global no es simplemente una localización geográfica, sino una posición histórica marcada por colonialismo, imperialismo, dependencia, extracción y resistencia. La conferencia interpela los supuestos de la modernidad occidental: criticar el colonialismo no equivale a rechazar el progreso, sino a preguntar quién define el progreso, con qué costos, para quiénes y bajo qué jerarquías.

Menon propone una filosofía feminista de la desestabilización: ver como feminista implica mover los horizontes de comprensión, no fijarlos.

 

Ciudadanía, nación y fronteras

La dimensión política de la conferencia aparece con especial fuerza en la relación entre nacionalidad, ciudadanía y familia patriarcal. Menon sostiene que la ciudadanía no es ajena al feminismo porque suele organizarse alrededor del nacimiento, la filiación y la pertenencia a estructuras familiares reguladas por el orden patriarcal.

En consecuencia, las políticas migratorias y las campañas que confunden migración con “tráfico” pueden operar como mecanismos de exclusión que afectan de manera específica a las mujeres y a otros sujetos vulnerabilizados.

La frase “las fronteras son ficticias, las personas son reales” condensa una crítica política potente: los Estados producen límites jurídicos que pueden negar derechos básicos a quienes no encajan en las formas autorizadas de pertenencia. En este punto, Menon desplaza la ciudadanía desde una noción heredada del pasado —linaje, sangre, nacimiento, documento— hacia una noción orientada al futuro, basada en la posibilidad de habitar, cuidar, contribuir y construir comunidad.

Colonialismo, imperialismo y luchas feministas

Históricamente, la conferencista ubica el feminismo en una genealogía de luchas que no puede separarse del colonialismo ni del imperialismo. Al dialogar con corrientes como el feminismo latinoamericano decolonial, el sudasiático y el afrofeminismo, Menon muestra que las opresiones de género han sido moldeadas por proyectos imperiales que clasificaron poblaciones, cuerpos, territorios y costumbres según jerarquías de civilización.

Esta lectura permite comprender por qué muchas políticas presentadas como reformas morales o modernizadoras también funcionaron como mecanismos de gobierno colonial.

Las referencias a la lucha por el aborto legal en la India, a la emancipación de las mujeres en Irán y a las feministas de India y Pakistán que denunciaron el genocidio en Gaza muestran que el feminismo, para Menon, no se limita a demandas sectoriales. Su afirmación de que “el feminismo levanta la voz en los momentos más inconvenientes” expresa una ética política de la interrupción: intervenir cuando la guerra, el nacionalismo, la moral dominante o la razón de Estado buscan clausurar el disenso.

Diálogo con ‘Ver como feminista’

La conferencia dialoga de manera directa con Ver como feminista (Editorial Conssoni, 2020) obra en la que Menon concibe el feminismo como una lente capaz de alterar definitivamente todos los campos de la sociedad contemporánea. Allí, como en la conferencia, el feminismo no aparece como triunfo final sobre el patriarcado, sino como transformación gradual de la esfera social. Esta perspectiva permite leer fenómenos aparentemente dispersos —acoso sexual, castas, velo, deporte, trabajo doméstico, campañas feministas, política queer— como expresiones de un mismo problema: la producción histórica de desigualdades que se presentan como naturales.

La idea de que “ver como feminista no es estabilizar, sino desestabilizar” sintetiza el núcleo de su propuesta. No se trata solo de añadir mujeres a relatos ya existentes, sino de transformar las preguntas, los objetos de análisis y los criterios de legitimidad del conocimiento.

En este sentido, Menon propone escuchar feminismos situados en distintos contextos y utilizar palabras no europeas en las ciencias sociales, no como gesto folclórico, sino como intervención epistemológica contra la colonialidad del saber.

Una práctica de lectura conflictiva del mundo

El valor principal de la conferencia radica en articular teoría y práctica sin sacrificar la complejidad. Menon evita tanto el universalismo abstracto como el relativismo cultural acrítico: denuncia el colonialismo y el imperialismo sin idealizar tradiciones que también pueden oprimir; critica la modernidad sin abandonar la exigencia de justicia; defiende la pluralidad de deseos y cuerpos sin convertirla en simple celebración individualista. Su feminismo es, por tanto, una práctica de lectura conflictiva del mundo.

No obstante, el enfoque de Menon también exige una tarea pedagógica difícil: traducir categorías situadas sin perder su densidad histórica. Hablar desde el Sur Global implica evitar que “Sur” se convierta en una etiqueta homogénea o romántica.

La potencia de su propuesta depende precisamente de mantener abiertos los conflictos internos entre feminismos latinoamericanos, sudasiáticos, africanos, indígenas, antirracistas, anticastas y queer.

La conferencia Hacer feminismo desde el Sur Global puede leerse como una invitación a reordenar el mapa del pensamiento feminista contemporáneo. Su fuerza reside en afirmar que el feminismo es una práctica situada, interseccional, anticolonial y transformadora, capaz de cuestionar la familia patriarcal, la ciudadanía excluyente, la heterosexualidad normativa, la cartografía imperial y las formas hegemónicas de producir conocimiento.

Menon no propone un feminismo de certezas finales, sino una disposición crítica permanente: escuchar, aprender, incomodar, desnaturalizar y actuar allí donde el orden social pretende presentarse como inevitable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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