septiembre 10, 2026 5:52 am
¿Soberanía o subordinación? Colombia entrega y EE.UU. cobra

¿Soberanía o subordinación? Colombia entrega y EE.UU. cobra

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

El precio de elegir a un Presidente con ciudadanía norteamericana.

Hay momentos en la historia de una nación en los que no hacen falta discursos diplomáticos ni palabras rebuscadas. Basta una pregunta sencilla, incómoda y necesaria: ¿a raíz de la visita del secretario de estado, Marco Rubio a Barranquilla, ¿qué llevó Colombia a la mesa de negociación y qué recibió realmente a cambio? Porque una cosa es establecer y/o mantener relaciones internacionales y otra muy diferente es comportarse como un gobierno subordinado frente a una potencia extranjera.

 

El problema no es reunirse con Marco Rubio. El problema es qué se negocia, qué se entrega y qué obtiene Colombia.

Según el balance divulgado de la visita, quedaron dos memorandos de entendimiento: uno relacionado con las cadenas de suministro de minerales críticos, minería y tierras raras, y otro relacionado con energía nuclear.

¿Y por qué resulta importante? Porque Colombia no está hablando de cualquier cosa. Está hablando de recursos estratégicos: oro, cobre, níquel y tungsteno, entre otros minerales fundamentales para la industria tecnológica, la transición energética y sectores de importancia estratégica y militar.

Entonces la pregunta deja de ser diplomática y se convierte en política: ¿quién necesita a quién?

Estados Unidos necesita minerales estratégicos para fortalecer sus cadenas de suministro. Colombia posee parte de esos recursos. Por tanto, Colombia tiene capacidad de negociación.

Pero aquí aparece la contradicción. Mientras Colombia pone sobre la mesa sus recursos y ofrece cooperación en asuntos que interesan a Washington, esperaba respuestas concretas en seguridad, migración y comercio. Se habló incluso de un eventual Plan Colombia 2.0 o Plan Patriota 2.0 y de la necesidad de revisar los aranceles que afectan las exportaciones colombianas.

Sin embargo, según el balance presentado, no hubo compromiso estadounidense para financiar ese nuevo plan ni para eliminar los aranceles.

Entonces debemos preguntarnos con toda claridad: ¿dónde está la reciprocidad?

Porque si Colombia entrega cooperación estratégica, pero Estados Unidos no garantiza aquello que Colombia estaba buscando, entonces no estamos frente a una negociación equilibrada. Estamos frente a una relación profundamente asimétrica.

El lacayismo en todo su esplendor.

Los recursos naturales colombianos no son propiedad del presidente de turno. Son bienes de la Nación y deben administrarse en función del interés general. Ningún gobierno puede tratarlos como si fueran mercancía personal para conseguir favores políticos, económicos o diplomáticos.

Colombia no puede llegar a Washington con los bolsillos llenos de recursos estratégicos y regresar con las manos vacías, cargando únicamente fotografías, discursos y promesas.

Eso no es soberanía. Eso es perder capacidad de negociación. Y hay algo todavía más preocupante. Cuando una potencia sabe que necesita recursos de un país, en el caso colombiano su Gobierno debería aprovechar esa necesidad para defender mejores condiciones para la nación: transferencia tecnológica, inversión productiva, empleo digno, protección ambiental, industrialización nacional, regalías justas y beneficios concretos para las regiones donde se encuentran esos recursos.

No basta con sacar el mineral de la tierra. La pregunta fundamental es: ¿qué queda para Colombia después de que se lo llevan?

Porque si Colombia continúa exportando materias primas mientras otros países las transforman, producen tecnología, acumulan riqueza y controlan las cadenas industriales, seguiremos atrapados en la vieja condición de país proveedor de recursos y comprador de productos con mayor valor agregado.

Eso tiene un nombre: dependencia económica. Y la dependencia económica termina convirtiéndose, tarde o temprano, en dependencia política.

Por eso este debate no es simplemente sobre Marco Rubio, ni sobre un presidente, ni siquiera sobre una visita diplomática. Es sobre qué modelo de país queremos. Uno que entregue materias primas y espere favores de las grandes potencias, o uno que utilice sus riquezas naturales como instrumento de soberanía, desarrollo e independencia económica.

No se trata de declarar enemigos a los Estados Unidos. Tampoco de rechazar la cooperación internacional. Se trata de algo mucho más elemental: Colombia debe negociar como nación soberana.

La diplomacia no consiste en rendir honores al poderoso mientras se agacha la cabeza. La diplomacia consiste en sentarse frente al poderoso y defender, con firmeza, los intereses del pueblo.

Si Washington necesita nuestros minerales estratégicos, Colombia tiene algo que negociar. Si necesita nuestras cadenas de suministro, Colombia tiene algo que exigir.

Si nuestros recursos son indispensables para nuevas tecnologías, energía e industrias estratégicas, entonces su valor no puede medirse solamente en toneladas exportadas o dólares recibidos.

Su verdadero valor está en la capacidad que tienen para permitirle al país construir soberanía económica. Por eso resulta preocupante que mientras Colombia pone recursos estratégicos sobre la mesa, las respuestas estadounidenses sobre seguridad, financiación y aranceles no hayan sido equivalentes, según el balance conocido.

Un país soberano no negocia desde la necesidad; negocia desde sus propias fortalezas. Y Colombia tiene fortalezas.

Tiene biodiversidad, agua, petróleo, carbón, oro, níquel, cobre, tierras raras y otros minerales estratégicos. Tiene trabajadores, campesinos, científicos, técnicos y profesionales. Tiene territorio, capacidad productiva y una posición geográfica privilegiada.

Lo que muchas veces ha faltado es una política de Estado capaz de defender esos recursos frente a los intereses económicos nacionales y extranjeros.

Por eso hay que decirlo sin miedo: los recursos naturales colombianos no pueden convertirse en el precio de la subordinación del país.

Colombia no puede cambiar soberanía por fotografías. No puede cambiar minerales estratégicos por promesas. No puede entregar ventajas económicas esperando que después Washington decida, generosamente, si nos concede seguridad, reduce aranceles o financia nuestros programas.

Eso no es una relación entre iguales.

La verdadera soberanía consiste en poder decirle a cualquier potencia, por poderosa que sea: Colombia quiere cooperar, pero no se somete. Colombia quiere negociar, pero no regala. Colombia quiere relaciones internacionales, pero no acepta relaciones de amo y subordinado.

Porque cuando una potencia llega buscando nuestros recursos y nuestros países salen a buscar sus favores, algo está profundamente equivocado.

El problema, entonces, no es solamente cuánto vale el oro, el cobre, el níquel o el tungsteno. El problema es cuánto vale la dignidad de una nación.

Y esa dignidad no tiene arancel, no tiene precio y no puede negociarse en ningún memorando.

Colombia no necesita un Gobierno que se arrodille ante Washington. Necesita un Gobierno que defienda sus recursos, proteja a sus trabajadores, exija reciprocidad y negocie de pie. Porque los recursos naturales se pueden extraer. Las riquezas se pueden transformar. Los acuerdos se pueden revisar.

Pero cuando un pueblo pierde la conciencia de su soberanía, recuperarla puede costar generaciones.

¡Colombia no es patio trasero de ninguna potencia! ¡Sus recursos pertenecen a la nación! ¡La soberanía no se entrega! ¡La dignidad no se negocia!

Ese debería ser el principio de cualquier política exterior verdaderamente nacional: cooperar sin someterse. Negociar sin regalar. Producir sin depender. Y defender a Colombia por encima de cualquier potencia extranjera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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