POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /
Tras más de tres décadas de la imposición del malhadado modelo económico neoliberal por el denominado Consenso de Washington, que más tuvo de Washington que de Consenso, queda la convicción profunda de que otra economía es no solo necesaria, sino imperativa para cambiar el mundo desde los territorios, ojalá desde el Sur Global.
Por ello en esta coyuntura del siglo XXI donde irrumpen las fuerzas de ultraderecha es un imperativo en el campo social y democrático desnaturalizar los dogmas económicos tradicionales y poner la disciplina al servicio de la sociedad.
‘Economía para la transformación social. Pequeño manual para cambiar el mundo’ (Ministerio de Culturas y Centro de Pensamiento Vida, Bogotá, Colombia, mayo 2026), constituye un sugerente aporte bibliográfico que mira en esa dirección. Se puede afirmar que es una intervención intelectual en una coyuntura de ruptura que debe leerse simultáneamente como manual de formación, obra de economía política e implicación en la disputa por el sentido común colombiano.
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No pretende ocultar su orientación política: parte de que la organización económica es una creación histórica, atravesada por poder, conflicto distributivo y decisiones colectivas. Su tesis cardinal —la economía puede rediseñarse para servir a las mayorías trabajadoras y sostener la vida— impugna la representación de los mercados como mecanismos naturales, neutrales y ajenos a la deliberación democrática.
La intervención apareció en un punto de inflexión. El proyecto fue prefigurado en la conferencia por los cincuenta años de la declaración sobre un Nuevo Orden Económico Internacional, celebrada en La Habana en 2024, y su prelanzamiento se anunció durante el encuentro internacional “Economía para la Vida”, realizado en Bogotá del 2 al 4 de mayo de 2026.
La edición colombiana conserva el núcleo del libro brasileño de Juliane Furno y Pedro Rossi, pero sustituye el aterrizaje nacional original por una historia reciente de la economía política colombiana y una discusión de los mitos que estructuran aquí el debate público. Así, la traducción no es mera transferencia lingüística: es una operación de apropiación intelectual desde el Sur.
Arquitectura y propósito pedagógico
La obra se organiza en cuatro partes: marcos teóricos y conceptuales; transformaciones del capitalismo global y del mundo pospandémico; subdesarrollo, neoliberalismo y transformación social en Colombia; y mitos económicos del debate colombiano. La secuencia es pedagógicamente eficaz: proporciona categorías, reconstruye procesos históricos, localiza sus efectos nacionales y, por último, enfrenta las fórmulas del sentido común.
De ese modo, el lector pasa del vocabulario básico a la controversia pública y de la descripción del sistema a la pregunta por su transformación.
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El formato de “pequeño manual” constituye una decisión política, no una concesión simplificadora. El lenguaje accesible, la organización modular y las ilustraciones de Gazetinha da Guanabara disputan el monopolio de los expertos sobre nociones como inflación, deuda, salario, moneda, productividad o política industrial.
La obra no busca producir tecnócratas, sino lectores capaces de preguntar quién decide, quién trabaja, quién captura el excedente, quién soporta los costos y quién recibe los beneficios.
De la asignación de recursos al conflicto distributivo
En el plano económico, el mérito principal del manual consiste en devolver a la disciplina su carácter de economía política. La política fiscal no es presentada como simple contabilidad: define qué necesidades se financian y quién aporta los recursos. La política monetaria no aparece como técnica aséptica: distribuye costos entre deudores, acreedores, trabajadores y propietarios de activos.
La regulación laboral tampoco es una fricción externa al mercado: instituye relaciones de poder dentro de la producción. Bajo este enfoque, déficit, inflación, tasa de interés y salario dejan de ser cifras autosuficientes y se convierten en expresiones de conflictos sociales.
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El libro desplaza el centro analítico desde la especulación financiera hacia el trabajo y la producción social. Su noción de riqueza no se agota en el valor mercantil: incorpora cuidados, bienes públicos, reproducción social y condiciones ecológicas. De ahí se desprende una agenda coherente —aunque no cerrada— de justicia tributaria, fortalecimiento del salario, inversión pública, reforma agraria, crédito productivo, economía popular, reindustrialización y transición energética justa.
El Estado reaparece como planificador, inversor, empleador y garante de derechos, no como simple corrector posterior de “fallas” de mercado.
La coyuntura internacional refuerza parcialmente este diagnóstico. Después de la crisis de 2008, la pandemia, las interrupciones logísticas, la emergencia climática y la rivalidad tecnológica, las potencias han recuperado aranceles, subsidios, compras públicas y política industrial.
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El propio Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han dado un giro de 180 grados y defienden la política industrial luego de 40 años de atacarla. Si bien esas instituciones hegemónicas del viejo orden mundial han ampliado el debate sobre resiliencia, empleo, política industrial y aceptabilidad social de las reformas, mantienen el énfasis neoliberal en cuanto a sostenibilidad fiscal, estabilidad monetaria y reformas estructurales. El cambio existe, pero es contradictorio, selectivo y no equivale a una conversión posneoliberal.
Clase, reproducción social y alfabetización económica
Sociológicamente, el manual entiende la economía como un orden de relaciones sociales y no como un agregado de elecciones individuales. La desigualdad surge de posiciones diferentes frente a la propiedad, el trabajo, el crédito, la tierra, el conocimiento y el Estado.
La categoría de “mayorías trabajadoras” amplía la figura del obrero asalariado e incluye trabajo informal, rural, comunitario, popular y de cuidados. Esta ampliación es crucial para Colombia, donde la heterogeneidad ocupacional y territorial impide reducir el conflicto social al vínculo salarial industrial clásico.
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La apuesta pedagógica también puede leerse en clave gramsciana: el neoliberalismo no gobierna únicamente mediante normas y presupuestos, sino cuando sus categorías se vuelven sentido común.
Expresiones como “vivir por encima de las posibilidades”, “el Estado es siempre ineficiente” o “el mercado castiga” traducen decisiones e intereses en fatalidades impersonales. Alfabetizar económicamente significa, entonces, disputar la capacidad de nombrar la realidad. El manual aspira a convertir al lector pasivo de titulares en sujeto que reconoce intereses, instituciones y alternativas.
Su anclaje territorial es relevante: reforma agraria, economía popular y transición energética justa enlazan la estructura productiva con comunidades concretas.
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El legado del Gobierno del Cambio y la disputa por el Estado
Políticamente, el libro puede considerarse una de las apuestas ideológicas y editoriales más significativas del cierre del Gobierno de Gustavo Petro (2022-2026). Su publicación convirtió una perspectiva heterodoxa en bien cultural de circulación pública y articuló debates que aquella administración instaló: reforma agraria, economía popular, reindustrialización, transición energética, justicia tributaria, educación pública y capacidad productiva del Estado.
La obra funciona así como balance doctrinal, herramienta de formación y tentativa de preservar una memoria programática más allá del ciclo gubernamental.
Esa inscripción institucional es una fortaleza y una fuente de tensión. La obra declara su posición y evita la falsa equidistancia al distinguir agenda, aprobación normativa, ejecución, resultados y efectos de largo plazo; reconoce avances sin borrar contradicciones fiscales, limitaciones administrativas, conflictos de coalición ni resistencias sociales.
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La mayor utilidad del manual no está en certificar un legado, sino en ofrecer criterios para someterlo también a examen.
Leído después del cambio de mando del 7 de agosto de 2026, el libro adquiere además el carácter de documento de oposición intelectual frente al Gobierno de ultraderecha con tintes fascistas Abelardo de la Espriella.
El viraje electoral reabre la disputa sobre seguridad, iniciativa privada, austeridad, intervención estatal y continuidad de las reformas precedentes. En ese contexto de alta pugnacidad política, la eficacia democrática del manual dependerá de su capacidad para persuadir fuera de su audiencia natural, reconocer desacuerdos legítimos y traducir ideales generales en instituciones evaluables.
Desnaturalizar el mercado y poner la vida en el centro
Filosóficamente, la obra rechaza una ontología naturalista del mercado. Precios, propiedad, competencia, moneda y empresa no son hechos prepolíticos, sino instituciones históricas sostenidas por normas, coerción, confianza y hábitos. Esta tesis converge con la tradición de la economía política clásica y crítica: si las instituciones son producidas por seres humanos, pueden ser transformadas por acción colectiva.
La historicización del capitalismo abre un horizonte de contingencia frente al fatalismo del “no hay alternativa”, proclamada por la neoliberal “dama de hierro’ británica Margaret Thatcher.
Su criterio normativo es la vida digna. Esto implica una ética material: la validez de una política se juzga por su capacidad de sostener cuerpos, comunidades y ecosistemas, no solo por maximizar producción o utilidad. La libertad deja de identificarse exclusivamente con elección mercantil y pasa a incluir capacidades efectivas: alimentarse, cuidar, educarse, participar, habitar un ambiente sano y decidir sobre el futuro colectivo.
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La sostenibilidad corrige, además, el productivismo que puede atravesar tanto al liberalismo como a ciertas izquierdas desarrollistas.
La forma manual expresa una filosofía de la praxis: comprender sirve para intervenir. Las categorías no se ofrecen como contemplación desinteresada, sino como instrumentos de emancipación. En ese sentido el pensamiento crítico debe conservar la posibilidad de verificar diagnósticos, revisar medios y reconocer conflictos entre fines valiosos —empleo y descarbonización, gasto inmediato y estabilidad, autonomía nacional e integración— sin resolverlos mediante consignas.
Poder, coaliciones y capacidad estatal
Desde la ciencia política, el aporte decisivo del libro es redefinir toda política económica como distribución autoritativa de recursos, riesgos y oportunidades. La pregunta sobre “para quién interviene el Estado” desplaza el viejo binomio intervención/mercado y obliga a identificar coaliciones, vetos, burocracias e intereses organizados.
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Los resultados no dependen solo de la corrección técnica de una propuesta, sino de quién puede convertirla en ley, financiarla, implementarla, defenderla judicialmente y sostenerla electoralmente.
La reivindicación de la planeación exige, por ello, una teoría de capacidad estatal. Una administración transformadora necesita información, carrera pública, coordinación multinivel, integridad, recaudo suficiente y mecanismos de seguimiento. Sin estas condiciones, un Estado más activo puede reproducir capturas privadas, centralismo o desigualdad territorial.
La democratización de la economía requiere combinar conducción pública con controles, deliberación, participación social y rendición de cuentas; de lo contrario, la crítica a la tecnocracia puede desembocar en decisionismo.
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En el plano internacional, la recuperación del Nuevo Orden Económico Internacional formula una pregunta vigente: ¿cómo ampliar el margen de desarrollo del Sur Global en un sistema de competencia industrial, coerción financiera y fragmentación geopolítica?
La frase del primer ministro candiense Mark Carney en Davos —“si no estamos en la mesa, estamos en el menú”— sintetizó en enero de 2026 el dilema de las potencias medias. Para Colombia, la respuesta no puede ser autarquía: exige integración regional, diversificación de socios, política tecnológica, seguridad energética y alimentaria, y construcción de capacidades negociadoras.
La “soberanía” solo es efectiva cuando se apoya en recursos productivos e instituciones cooperativas.
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Desnaturalizar el mercado
Entre las principales fortalezas del texto sobresalen la claridad expositiva; la articulación entre economía, historia y poder; el esfuerzo de adaptación colombiana; la centralidad del trabajo, los cuidados y la sostenibilidad; y la vocación de convertir conocimiento especializado en capacidad ciudadana.
La obra cumple con solvencia su propósito de desnaturalizar el mercado y de mostrar que toda arquitectura económica produce ganadores, perdedores y formas específicas de ciudadanía, así como contribuye a un ejercicio intelectual de alfabetización económica y formación política de notable pertinencia histórica. Su carácter “subversivo” no radica en sustituir una ortodoxia por otra, sino en devolver al público preguntas que el lenguaje experto suele clausurar.
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Al mirar detrás de cada cifra el conflicto que la produce, el libro recuerda que presupuesto, moneda, propiedad, empleo y energía son instituciones discutibles y, por tanto, democráticamente transformables.
Su aporte más duradero será abrir conversación entre saber especializado, experiencia territorial y decisión pública, pero ante todo restituye la esperanza como tarea práctica y no como promesa abstracta. Otra economía aparece allí no como resultado automático de la historia, sino como proyecto que exige conocimiento, organización, conflicto democrático y responsabilidad por sus consecuencias.
Acceso al libro
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Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:
Economía para la transformación social. Pequeño manual para cambiar el mundo



