febrero 12, 2026 2:51 am
Alianza entre Colombia y China: oportunidad para romper las cadenas del atraso

Alianza entre Colombia y China: oportunidad para romper las cadenas del atraso

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

En tiempos de redefiniciones geopolíticas, el Gobierno del Cambio, liderado por el presidente Gustavo Petro, ha tomado una decisión estratégica: diversificar nuestras relaciones internacionales y fortalecer lazos con China. Más que un simple reajuste comercial, esta decisión implica un giro histórico en nuestra política exterior y económica. Es, en esencia, un acto de soberanía.

Durante décadas, Colombia ha estado sujeta a los dictámenes de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos. Bajo el disfraz de tratados de libre comercio, se le impusieron al país condiciones que afectaron su capacidad productiva, industrial y agrícola. Las más recientes medidas proteccionistas del Gobierno estadounidense, con incrementos arbitrarios de aranceles, no hacen más que reafirmar lo que desde el Sur global se viene denunciando: la supuesta apertura de mercados siempre ha funcionado en una sola dirección.

Frente a este escenario, el Gobierno colombiano no optó por la queja, sino por la acción. La alianza con China abre un nuevo capítulo. Se trata de un relacionamiento con una potencia que, sin condicionar ni imponer modelos, se presenta como un socio en términos de inversión, transferencia tecnológica e infraestructura.

La llegada del imponente buque Sing Hong Kong al puerto de Buenaventura es más que un evento logístico. Es el inicio de una ruta comercial directa entre el suroccidente colombiano y Asia, con tiempos de tránsito reducidos a 25 días. Esta conexión, operada por la sociedad portuaria y Costco Shipping, permitirá aumentar significativamente las exportaciones colombianas, beneficiando productos como el café, las flores, el aguacate y otros bienes agroindustriales.

Según el DANE, entre enero y agosto de 2024, las exportaciones a China crecieron un 14,8 %, alcanzando los 1.798 millones de dólares. Esto no es fortuito. Es el resultado de una política que busca reducir la dependencia estructural de mercados volátiles y abrir nuevas puertas para el desarrollo nacional.

Además del comercio, se proyectan inversiones chinas en infraestructura, energías renovables, transporte ferroviario y conectividad digital. Mientras algunas potencias nos ofrecen créditos atados a condicionalidades fiscales, China plantea cooperación en sectores estratégicos, sin comprometer la autonomía política colombiana.

¿Implica esto un riesgo de nueva dependencia? La respuesta no debe ser ingenua. Toda relación entre países con diferentes niveles de desarrollo implica tensiones. Sin embargo, la diferencia está en cómo se negocia, desde qué posición y con qué objetivos. El Gobierno Petro no busca sustituir una hegemonía por otra, sino construir un nuevo tipo de alianzas: multipolares, pragmáticas y centradas en el interés nacional.

Desde una mirada crítica y dialéctica, este acercamiento a China representa la negación del modelo neoliberal que mantuvo a Colombia subordinada a los designios externos. No se trata de ideología, sino de lógica histórica: quien diversifica sus relaciones económicas, fortalece su soberanía.

El puerto de Buenaventura fortalece el comercio con China mediante una nueva ruta marítima.

En un mundo convulsionado por conflictos, bloques económicos y crisis ambientales, Colombia tiene hoy la posibilidad de emerger como un puente entre Asia y América Latina. Un país que, en lugar de exportar sólo materias primas, exporte también dignidad, innovación y trabajo con valor agregado.

Porque el futuro no se mendiga: se construye. Y el Gobierno Petro ha decidido construirlo con visión, sin miedo, y con la certeza de que otro modelo económico es posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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