febrero 11, 2026 10:16 pm
América Latina entre la Zona de Paz y el Teatro de Operaciones

América Latina entre la Zona de Paz y el Teatro de Operaciones

POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN /

“Ningún orden regional puede sostenerse en el tiempo si se construye solo sobre la coerción y la fuerza. La estabilidad duradera requiere diplomacia, política, cooperación y autonomía”, señala la senadora y precandidata presidencial Clara López Obregón en su más reciente columna periodística para Diario Red, cuyo texto es el siguiente:

En los últimos meses han aumentado las tensiones entre Estados Unidos y varios países de América Latina, visibles en sanciones, presiones diplomáticas, amenazas e intervención militar directa. Aunque parecen conflictos separados, en realidad reflejan dos formas opuestas de imaginar el papel de la región en el mundo.

En 2014, los países de la CELAC declararon que América Latina y el Caribe debían ser una Zona de Paz. La idea es simple y ambiciosa a la vez. Sostiene que la región no debe ser utilizada como escenario de disputas entre las grandes potencias, que los conflictos deben resolverse mediante el diálogo y la negociación y que todos los países son soberanos y deben ser tratados como iguales. Esta visión apuesta por la diplomacia, la cooperación y la autonomía regional, a sabiendas de que la seguridad duradera no se construye con coerción, sino con acuerdos y respeto mutuo.

 

La estrategia de seguridad estadounidense observa la región desde otra lógica. En su doctrina, un teatro de operaciones es un espacio donde se combinan amenazas, intereses estratégicos y acciones militares. Aunque Estados Unidos no declara formalmente a América Latina como uno de esos teatros, en la práctica la trata como tal. Agrupa temas muy distintos -migración, narcotráfico, crimen organizado, presencia de potencias como China, infraestructura crítica y recursos naturales- dentro de una misma arquitectura de seguridad. Los países son evaluados, ante todo, según su utilidad para esos objetivos. En este marco, la diplomacia queda subordinada a la protección de intereses estratégicos y la política pasa a ser un instrumento de la seguridad, en vez de lo contrario.

Ambas miradas lucen irreconciliables. Para la lógica del teatro de operaciones, el territorio es un instrumento al servicio de una potencia. Para la Zona de Paz, el territorio es un sujeto político con derechos y límites jurídicos. Una normaliza la coerción, la otra insiste en que el uso de la fuerza debe ser excepcional y estrictamente regulado.

Sin embargo, se trata de un conflicto lleno de matices. Ni Estados Unidos, ni los países de América Latina son homogéneos. En todos existen tensiones internas entre enfoques más diplomáticos y otros más militaristas, unos soberanistas y otros de alineación acrítica. Estas disputas internas muestran que la orientación estratégica no está predeterminada y que la política sigue siendo un terreno en disputa.

El escenario internacional tampoco es estático. El mundo avanza, de manera desigual, hacia un orden multipolar, lo que abre oportunidades -aunque todavía limitadas- para que los países latinoamericanos amplíen sus márgenes de acción y diversifiquen sus relaciones exteriores.

¿Qué camino queda entonces para la región? La salida no está en aceptar sin cuestionar las imposiciones externas, pero tampoco en negar la realidad del poder internacional. El desafío consiste en devolverle a la seguridad su dimensión política, fortalecer la coordinación entre los países latinoamericanos y del Caribe y evitar que la región quede atrapada en una lógica militar. Ningún orden regional puede sostenerse en el tiempo si se construye solo sobre la coerción y la fuerza. La estabilidad duradera requiere diplomacia, política, cooperación y autonomía.

@ClaraLopezObre

https://www.diario-red.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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