febrero 11, 2026 10:18 pm
Ante movida internacional de Petro, Gobierno de Trump se vio obligado a remover onerosos aranceles a productos colombianos, descolocando a la ultraderecha que esperaba sanciones comerciales para el país

Ante movida internacional de Petro, Gobierno de Trump se vio obligado a remover onerosos aranceles a productos colombianos, descolocando a la ultraderecha que esperaba sanciones comerciales para el país

En una medida que ha descolocado y desilusionado a la ultraderecha porque aspiraba a que hubiese sanciones comerciales para Colombia, el presidente Donald Trump determinó eliminar de aranceles a varios productos colombianos para que puedan comerciarse libremente en EE.UU.

EDITORIAL TSC /

La reciente decisión del Gobierno de Estados Unidos, bajo la batuta de Donald Trump, de eliminar los aranceles a varios productos colombianos ha generado un intenso debate en los círculos políticos y diplomáticos de ambos países. Esta medida, que en principio podría interpretarse como un gesto de apertura y fortalecimiento de las relaciones comerciales, ocurre en un contexto de tensión bilateral: el presidente colombiano Gustavo Petro había adoptado una postura firme en política exterior, buscando diversificar los mercados de exportación hacia países árabes y China, previendo posibles represalias de Washington tras ser incluido en la denominada «lista Clinton» junto a algunos miembros de su familia, debido a sus categóricas declaraciones sobre el genocidio israelí en Gaza.

Este escenario configura un entramado complejo de intereses, expectativas y estrategias, cuyas repercusiones trascienden lo económico y se adentran en el ámbito de la diplomacia y la política interna y externa.

La administración de Gustavo Petro ha destacado por su intento de redefinir la política exterior colombiana, alejándose de la tradicional dependencia y obsecuencia respecto de Estados Unidos, el histórico y principal socio comercial y político. Frente a la amenaza de sanciones y la inclusión en la lista Clinton, Petro no optó por la confrontación directa, sino que aceleró los contactos diplomáticos en pro de la diversificación de mercados, estableciendo puentes con economías emergentes como China y los países árabes.

Esta estrategia no solo buscaba blindar a Colombia de eventuales represalias comerciales, sino también posicionar al país como un actor autónomo en el escenario internacional, capaz de negociar en función de sus propios intereses y no solo como aliado periférico de Washington.

La eliminación de aranceles, en este sentido, resulta paradójica: lejos de la esperada represalia, la administración Trump opta por una medida que, en principio, favorece a Colombia. Esto podría interpretarse como un reconocimiento tácito de la importancia estratégica del país en la región y como una señal de que Estados Unidos prefiere mantener una relación de cooperación antes que de confrontación abierta, incluso en un contexto de desencuentros diplomáticos.

Uno de los actores más sorprendidos por la decisión fue la ultraderecha colombiana, que había apostado por un endurecimiento de la política estadounidense frente al Gobierno de Petro. Sectores conservadores y empresariales habían intensificado el lobby en Washington, presionando por la imposición de sanciones comerciales que debilitaran políticamente al mandatario colombiano y sirvieran de advertencia ante sus posiciones críticas hacia la política exterior estadounidense, especialmente en temas sensibles como Palestina.

La medida de Trump, sin embargo, descolocó a estos sectores. En vez de castigar, Estados Unidos concedió un beneficio arancelario que refuerza la posición de Petro en el frente interno y reduce el margen de maniobra de la oposición, obligando a la ultraderecha a replantear su estrategia política y diplomática. Este giro evidencia las limitaciones de la influencia de estos grupos en la agenda de Washington y subraya la complejidad de las relaciones bilaterales, donde los intereses estratégicos pueden pesar más que las afinidades ideológicas coyunturales.

Desde un punto de vista económico, la eliminación de aranceles representa un impulso significativo para el sector exportador colombiano. El aumento de la proporción de la canasta exportadora exenta de aranceles permite a los productos colombianos acceder en mejores condiciones al mercado estadounidense. Esto no solo mejora la rentabilidad para los empresarios nacionales, sino que también incentiva la diversificación productiva y la incorporación de nuevos rubros a la oferta exportable.

El fortalecimiento de la competitividad colombiana en EE.UU. se traducirá en mayores ingresos de divisas, generación de empleo y, en el mediano plazo, una reducción de la vulnerabilidad externa.

En el plano diplomático, la decisión estadounidense puede ser leída como un triunfo para la estrategia de Petro. El mandatario logra esquivar el escenario de sanciones que sus adversarios internos daban por seguro y, al mismo tiempo, obtiene un argumento de peso para legitimar su política de diversificación y autonomía internacional. Washington, por su parte, envía una señal de flexibilidad y pragmatismo, mostrando que está dispuesto a privilegiar la estabilidad y la cooperación con Colombia, incluso cuando existen desacuerdos en temas sensibles.

Esta dinámica podría marcar un nuevo tono en la relación bilateral, menos basada en la subordinación y más abierta a la negociación y el reconocimiento mutuo de intereses. Sin embargo, subsisten interrogantes sobre la sostenibilidad de este otorgamiento en materia arancelaria, especialmente ante eventuales cambios en la administración estadounidense o ante nuevas tensiones derivadas de la agenda internacional.

La eliminación de aranceles a productos colombianos por parte del Gobierno de Trump, lejos de ser un simple ajuste comercial, constituye un movimiento de alto impacto político y diplomático. Para Colombia, representa una oportunidad para fortalecer su sector exportador y consolidar su autonomía internacional, al tiempo que refuerza la posición interna de Gustavo Petro y obliga a la oposición a replantear su discurso.

Para Estados Unidos, la medida revela un enfoque pragmático que privilegia la estabilidad regional y la cooperación sobre la confrontación.

En definitiva, el episodio demuestra que las relaciones internacionales no responden siempre a lógicas lineales ni a las expectativas de los actores locales. La política exterior es un terreno de negociación constante, donde los gestos simbólicos y las decisiones económicas pueden reconfigurar alianzas, desafiar narrativas establecidas y abrir nuevos escenarios para el diálogo y la competencia global.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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