CEPAL /
El orden mundial de la posguerra —basado en instituciones multilaterales, reglas comunes y una globalización en expansión— ha dado paso a una nueva etapa caracterizada por la rivalidad entre las grandes potencias, la instrumentalización de las relaciones económicas y el debilitamiento del multilateralismo.
Aunque los países de América Latina y el Caribe no pueden controlar por completo estas transformaciones, cuentan con recursos y opciones para navegar el nuevo escenario mundial, avanzar en materia de desarrollo y aumentar su capacidad de agencia internacional. Su éxito dependerá de la capacidad para elaborar estrategias adecuadas y fortalecer su gobernanza e instituciones.
De ahí que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se ha propuesto reflexionar sobre la reconfiguración de la globalización por cuanto que la interdependencia económica ha pasado de ser celebrada y vista como un factor de estabilidad y eficiencia a ser vista como factor de vulnerabilidad y utilizada como un instrumento de poder e incluso de coerción.

Además, el mundo presencia el debilitamiento del orden multilateral de la posguerra y surge una gobernanza más fragmentada, con alianzas selectivas y plataformas que compiten entre sí.
En ese escenario, el mundo transita de un sistema unipolar dominado por los Estados Unidos hacia una redistribución progresiva del poder y a un sistema de competencia multipolar asimétrica. El poder blando gana peso dentro de la presencia global de los Estados. Cae el nivel de poder blando de los Estados Unidos, mientras que el de China va en ascenso.
A ello se suma un proceso de erosión democrática, acompañado de una creciente pugnacidad política reduciéndose la proporción de países clasificados como democracias liberales.

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) tiene una estrecha relación con esta nueva coyuntura política en la que se debate la humanidad por cuanto su uso malintencionado respecto a desinformación y manipulación algorítmica están minando la confianza en las instituciones, alimentando la pugnacidad social y reduciendo la legitimidad democrática.
Para analizar esta compleja realidad, la CEPAL integró un grupo de estudio sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe, el cual elaboró un detallado informe titulado ‘Rupturas y oportunidades. Propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica’ (Naciones Unidas, agosto de 2026, 414 páginas).
El libro constituye una intervención intelectual y política de especial relevancia para América Latina y el Caribe en un momento de transición sistémica. Su punto de partida es que el orden internacional heredado de la posguerra —sostenido por reglas comunes, instituciones multilaterales y una globalización expansiva— ha entrado en una fase de ruptura, marcada por la rivalidad entre grandes potencias, la securitización de la economía, la fragmentación de la gobernanza global y la erosión de consensos democráticos, climáticos y sociales.

De la hegemonía unipolar a una competencia multipolar
La tesis central del estudio es clara: aunque la región no controla las fuerzas que reconfiguran el sistema internacional, sí dispone de activos estratégicos, capacidades institucionales potenciales y márgenes de acción diplomática para mejorar su desarrollo y ampliar su influencia.
El informe identifica ocho rupturas simultáneas —entre ellas la reconfiguración de la globalización, la erosión del multilateralismo, el paso de la hegemonía unipolar a una competencia multipolar, el retroceso democrático, la crisis de la verdad en la era de la inteligencia artificial, el retroceso en derechos de las mujeres y el debilitamiento del consenso climático— como variables estructurales que obligan a repensar las estrategias nacionales y regionales.

El aporte metodológico más relevante del libro consiste en combinar diagnóstico, prospectiva y recomendaciones. No se limita a describir un mundo en crisis, sino que propone escenarios posibles y hojas de ruta diferenciadas para países y subregiones con estructuras productivas, recursos naturales, capacidades tecnológicas e inserciones internacionales muy distintas.
Esta combinación entre análisis global y diversidad regional evita una lectura homogénea de América Latina y el Caribe.
Una nueva época de incertidumbre
Desde una perspectiva histórica, ‘Rupturas y oportunidades’ puede leerse como una reflexión sobre el agotamiento del ciclo abierto tras 1945 y profundizado después de 1991. El mundo que parecía orientarse hacia una globalización neoliberal, con predominio estadounidense y expansión de instituciones multilaterales, ha dado paso a una etapa más conflictiva, donde la interdependencia económica ya no se interpreta únicamente como fuente de prosperidad, sino también como vulnerabilidad estratégica.

En términos políticos, el informe advierte que la región enfrenta estas transformaciones desde una posición institucional frágil. Persisten problemas de legitimidad democrática, alto grado de pugnacidad política, baja confianza ciudadana, debilidad estatal y limitada capacidad de implementación.
Por ello, la obra insiste en que ninguna estrategia internacional será sostenible sin Estados más eficaces, sistemas políticos más legítimos, respeto al Estado de Derecho y protección de los derechos humanos.
Activos estratégicos y desarrollo productivo

El análisis económico del libro parte de una paradoja conocida: América Latina y el Caribe posee recursos que el mundo demanda —alimentos, agua, biodiversidad, litio, cobre, energías renovables, capacidades humanas y mercados relevantes—, pero históricamente ha tenido dificultades para convertir esos activos en crecimiento sostenido, innovación, inclusión social y poder de negociación.
La región continúa atrapada en trampas de bajo crecimiento, desigualdad persistente y gobernanza insuficiente.
La contribución del informe consiste en proponer que los activos naturales y productivos no sean tratados solo como ventajas comparativas tradicionales, sino como activos geopolíticos. Esto implica agregar valor, construir cadenas productivas regionales, negociar mejor la inserción en mercados globales, fortalecer capacidades tecnológicas y evitar una nueva dependencia basada únicamente en la exportación de materias primas críticas.

No alineamiento activo y capacidad de agencia
En el plano geopolítico, el informe propone evitar alineamientos rígidos en la competencia entre grandes potencias y adoptar un enfoque de no alineamiento activo. Esta postura no supone neutralidad pasiva ni aislamiento, sino una estrategia de diversificación de alianzas, defensa de intereses propios, fortalecimiento de la negociación colectiva y preservación de márgenes de autonomía frente a presiones externas.
La defensa del multilateralismo aparece como un componente central de esa estrategia.
Para países medianos y pequeños, un sistema internacional basado en reglas ofrece más garantías que un orden regido exclusivamente por relaciones de fuerza. Sin embargo, el informe reconoce que el multilateralismo existente atraviesa una crisis profunda; por ello, propone no solo defenderlo, sino reformarlo y complementarlo con formas pragmáticas de cooperación regional y subregional.

El desafío de lograr una agenda de políticas públicas sostenidas
La principal fortaleza de la obra reside en su capacidad para articular las dimensiones política, económica, tecnológica, ambiental e institucional de la crisis global.
Además, ofrece una lectura propositiva: frente al pesimismo geopolítico, sostiene que la región conserva opciones si logra transformar sus recursos en estrategias y sus estrategias en capacidades estatales efectivas.
Su límite principal se encuentra en la distancia entre recomendación y ejecución. La cooperación regional, la integración productiva, la mejora de la gobernanza y la construcción de consensos nacionales han sido objetivos reiterados en la historia latinoamericana, pero su realización tropieza con ciclos políticos cortos, fragmentación ideológica, desigualdad social, baja confianza institucional y capacidades estatales heterogéneas.

El informe reconoce estos obstáculos, aunque el desafío sigue siendo cómo transformar una agenda ambiciosa en políticas sostenidas.
Este aporte investigativo de la CEPAL constituye un texto útil y oportuno porque ofrece un marco riguroso para comprender las transformaciones que redefinen el orden mundial y, al mismo tiempo, plantea una agenda estratégica para América Latina y el Caribe. Su mensaje de fondo es que la región no está condenada a ser espectadora de la nueva era geopolítica: puede aumentar su capacidad de agencia si fortalece sus instituciones, mejora su gobernanza, diversifica sus alianzas, aprovecha sus activos estratégicos y actúa con mayor coordinación regional.
En última instancia, el libro recuerda que la geopolítica no solo se decide por la distribución global del poder, sino también por la calidad de las decisiones internas de los Estados y sociedades que buscan prosperar en medio de la incertidumbre.
Acceso al libro

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:



