marzo 9, 2026 5:35 am
Candidata presidencial Clara López y Todos Somos Colombia saludan a las mujeres en su Día Internacional resaltando el rol del feminismo en la “revolución silenciosa” a nivel global

Candidata presidencial Clara López y Todos Somos Colombia saludan a las mujeres en su Día Internacional resaltando el rol del feminismo en la “revolución silenciosa” a nivel global

TSC /

En este domingo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la senadora y candidata presidencial Clara López Obregón y el movimiento político Todos Somos Colombia (TSC) presentan un efusivo un saludo a las mujeres de Colombia y del mundo, relievando esta importante fecha “es una jornada de lucha y reivindicación” por la igualdad de género, el reconocimiento pleno de derechos y la erradicación de toda forma de violencia. Su llamado se suma a una certeza histórica: el feminismo ha sido, durante al menos los últimos 150 años, uno de los motores más decisivos para ampliar la democracia en la vida cotidiana, en las leyes y en la cultura.

En 2026, ONU Mujeres convoca a la jornada bajo el lema: “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”. La fecha no solo tiene un alto grado de simbolismo: es memoria, lucha y agenda pendiente.

El feminismo: una fuerza histórica que ensanchó la idea misma de ciudadanía

Si hoy resulta natural hablar de voto femenino, educación para niñas, acceso a profesiones, derechos laborales, participación política, control sobre el propio cuerpo o sanción a las violencias basadas en género, es porque generaciones de mujeres —y aliados— se negaron a aceptar que la mitad de la humanidad debía permanecer fuera de la esfera pública o relegada a la obediencia doméstica.

En los últimos 150 años, el feminismo ha sido definitivo para avanzar en equidad y reconocimiento de derechos: ha impulsado reformas legales, abierto puertas en el mercado laboral y ha logrado transformar la conversación pública sobre lo que significa ser libre e igual. Ese avance, sin embargo, no ha sido lineal ni uniforme. Ha operado como una “revolución silenciosa” en la sociedad contemporánea: cambios que empiezan en el lenguaje, se vuelven política pública y terminan reconfigurando familias, escuelas, empresas y Estados.

La historia de los derechos de las mujeres también es la historia de los obstáculos que se reciclan. Persisten rezagos de machismo arraigados en estructuras patriarcales que asignan poder, autoridad y recursos de manera desigual. En sociedades atravesadas por lógicas económicas que premian la explotación del trabajo —incluido el trabajo doméstico y de cuidados, muchas veces no remunerado— la desigualdad de género no es un “accidente cultural”, sino un orden que se reproduce en salarios, acceso a tierra y crédito, tiempo disponible, seguridad en el espacio público y representación en la toma de decisiones.

Por eso, la violencia contra las mujeres —en el hogar, en la calle, en internet o en el ámbito laboral— no puede entenderse como suma de casos aislados. Es una expresión extrema de la desigualdad y un mecanismo de control. De ahí que el Día Internacional de la Mujer sea, ante todo, una jornada de denuncia y de exigencia de garantías: vivir sin miedo es un derecho humano, no un privilegio.

De la hoguera a las urnas: las luchas de las mujeres y la persecución como respuesta

Mucho antes de que existiera la palabra “feminismo”, ya existía el castigo social contra mujeres que desafiaban normas impuestas. Una de las escenas más brutales ocurrió en Europa durante la Inquisición y la llamada “caza de brujas”, cuando miles de mujeres —a menudo pobres, viudas, curanderas, parteras o simplemente incómodas— fueron perseguidas, torturadas y ejecutadas. Se las calificó de “herejes” para deshumanizarlas y legitimar su eliminación.

Vistas desde el presente, esas hogueras pueden leerse como un antecedente histórico de la violencia letal por razones de género: la idea de que algunas mujeres “merecen” ser castigadas por salirse del guion. La persecución cambió de nombre con los siglos, pero el patrón persiste cuando se culpa a las víctimas, se minimizan agresiones o se tolera la impunidad. Y, aun así, también persiste la resistencia: cada conquista se construyó a contracorriente, pagando costos personales y colectivos.

El 8M no solo es una fecha simbólica: es una agenda de derechos, justicia y acción

El lema propuesto por ONU Mujeres para 2026 —“Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”— pone el acento en tres verbos que resumen el debate contemporáneo: reconocer, reparar y transformar. No basta con declarar igualdad; se requiere justicia que corrija desigualdades acumuladas y acción concreta que garantice derechos en la vida real, especialmente para quienes enfrentan múltiples barreras por pobreza, ruralidad, discriminación étnico-racial, migración o discapacidad.

Entre los desafíos de género que la sociedad contemporánea aún tiene pendientes para alcanzar una igualdad plena, sobresalen:

  • Autonomía económica: cerrar brechas salariales, formalizar empleos feminizados y reconocer el valor del trabajo de cuidados.

  • Corresponsabilidad: redistribuir el cuidado entre Estado, mercado y hogares para que no recaiga de forma desproporcionada en las mujeres.

  • Vida libre de violencias: prevención, atención y sanción efectiva; rutas claras, presupuesto y protección para víctimas.

  • Acceso real a la justicia: reducir la impunidad, eliminar sesgos en la atención y garantizar investigación con enfoque de género.

  • Participación y poder: más mujeres en cargos de decisión, con condiciones para ejercer sin acoso ni violencia política.

  • Educación y cultura: desmontar estereotipos desde la infancia y promover masculinidades no violentas.

  • Salud y derechos: servicios integrales, información y garantías para que cada mujer decida sobre su proyecto de vida.

Un saludo que es también un compromiso

En su mensaje de este 8M, la aspirante presidencial Clara López Obregón ha insistido en que la igualdad no puede quedar reducida a discursos de ocasión. “La sociedad cambia cuando la vida de las mujeres cambia”, señalan feministas de distintas épocas, y esa transformación exige decisiones políticas: presupuesto, instituciones que respondan, educación que prevenga y justicia que sancione.

A 150 años de las primeras grandes olas organizadas por derechos civiles y políticos, el movimiento feminista sigue mostrando su vigencia: no pide privilegios, exige democracia. Y en 2026, bajo el llamado global a los derechos, la justicia y la acción, el 8 de marzo vuelve a recordarlo: lo conquistado se defiende y lo pendiente se conquista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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