EDITORIAL TSC /
El Foro de Alto Nivel CELAC–África, realizado en Bogotá del 18 al 21 de marzo, marcó un hito en la articulación política del Sur Global al reunir a países de América Latina, el Caribe y el continente africano en torno a una agenda explícita de cooperación Sur‑Sur, reparación histórica, soberanía y multilateralismo.
Más allá del carácter diplomático del encuentro, la cumbre estuvo atravesada por discursos de fuerte contenido político, en particular el del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien denunció el resurgimiento de dinámicas coloniales y la parálisis moral y política de Naciones Unidas frente a los conflictos armados contemporáneos.
Durante su intervención, Lula da Silva advirtió que a los pueblos del Sur “nos quieren colonizar otra vez” y llamó a no permitir que potencias externas interfieran en los asuntos internos ni en la integridad territorial de los Estados. El mandatario brasileño vinculó estas prácticas al uso sistemático de mentiras y narrativas de seguridad para justificar guerras, bloqueos y destrucción, y expresó su indignación ante la “falta total y absoluta de funcionamiento” de la ONU, en especial del Consejo de Seguridad, frente a escenarios como Gaza, Ucrania e Irán.

Estas declaraciones se inscriben en una línea sostenida por Lula desde su retorno al poder: la defensa de un orden internacional multipolar y el rechazo a la subordinación política, económica y militar de los países en desarrollo a los intereses de las potencias occidentales.
En consonancia con este espíritu, el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente subrayó que el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum continuará brindando toda la ayuda humanitaria posible al pueblo cubano, al tiempo que acompañará los esfuerzos de Haití para reconstruir sus instituciones en un contexto de colapso estatal y violencia estructural.
El jefe de la diplomacia mexicana recordó que América Latina, el Caribe y África concentran a más de dos mil millones de personas, lo que confiere a la cooperación birregional un potencial estratégico para avanzar hacia un desarrollo más justo e incluyente en un mundo marcado por guerras, crisis climática, inseguridad alimentaria y desigualdades persistentes.

África y América Latina: descolonización inconclusa y memoria compartida
El acercamiento entre la CELAC y África adquiere una relevancia histórica particular por la experiencia común de colonialismo europeo y estadounidense. Lejos de ser un proceso cerrado, la descolonización aparece en el foro como una tarea inconclusa y permanentemente amenazada, ya sea por la coerción externa o por élites internas que entregan soberanía a cambio de respaldo político.
En este marco, varios líderes respaldaron iniciativas africanas para reconocer la esclavitud transatlántica como crimen contra la humanidad, subrayando que las estructuras de dominación del pasado siguen reproduciéndose hoy bajo nuevas formas económicas, financieras y militares.
Los casos de Venezuela y Cuba fueron evocados como ejemplos paradigmáticos del ejercicio descarnado del poder imperial, a través de bloqueos, sanciones y tutelajes externos. En contraste, la resistencia cubana, sostenida desde 1959 pese a décadas de asedio, fue señalada como referente de dignidad e independencia, pero también como advertencia del costo que implica desafiar la hegemonía estadounidense.

Desde esta perspectiva, el foro dejó planteada la necesidad de que México, Brasil y Colombia, principales economías latinoamericanas que no se alinean con el trumpismo ni con la extrema derecha regional, redoblen su solidaridad con Cuba, no solo por razones éticas sino por la comprensión de que en la isla se juega parte del destino político del Sur Global.
Más allá del plano discursivo, el Foro CELAC–África mostró que la cooperación Sur‑Sur no es una abstracción ideológica. Un ejemplo destacado es el incremento de las exportaciones colombianas hacia África, evidencia de que pueden generarse sinergias políticas, económicas, comerciales y culturales al margen de los centros tradicionales de poder.
Este punto adquiere mayor relevancia frente a las advertencias de Lula sobre los planes de las potencias para apropiarse de los minerales críticos de la región, un factor clave en la transición energética global y uno de los nuevos ejes de la disputa geopolítica contemporánea.

El Foro de Alto Nivel CELAC–África dejó en claro que el Sur Global no solo comparte una historia de expolio, sino también la posibilidad real de articular respuestas conjuntas frente a un orden internacional en crisis. Las palabras del presidente Lula da Silva funcionaron como un llamado de alerta: sin una profundización de los vínculos Sur‑Sur, las naciones en desarrollo seguirán expuestas a nuevas formas de recolonización.
En suma, Bogotá fue, durante cuatro días, un espacio de memoria, denuncia y proyección estratégica. El desafío, a partir de ahora, será traducir esa convergencia política en mecanismos duraderos de cooperación, capaces de sostener la soberanía, la justicia histórica y la autodeterminación de los pueblos del Sur Global.



