febrero 12, 2026 7:59 am
Cómo la economía neoliberal inventó la austeridad y allanó el camino al fascismo

Cómo la economía neoliberal inventó la austeridad y allanó el camino al fascismo

EDITORIAL CAPITÁN SWING /

Un análisis provocador que liga las políticas de austeridad, defendidas por el modelo económico neoliberal, con la consolidación de estructuras de poder que favorecen el capitalismo autoritario, hace en un bien documentado trabajo bibliográfico la economista política italiana Clara E. Mattei, profesora y directora del Centro de Economía Heterodoxa de la Universidad de Tulsa, Oklahoma (EE.UU.).

Con el título ‘El orden del capital. Cómo los economistas inventaron la austeridad y allanaron el camino al fascismo’, publicado bajo el sello de la editorial española Capitán Swing, Mattei (1988) hace un examen innovador de los oscuros orígenes intelectuales de la austeridad. Durante más de un siglo los gobiernos que enfrentan crisis financieras han recurrido a políticas económicas de austeridad —recortes de salarios, gasto fiscal y beneficios públicos— como camino hacia la solvencia. Si bien estas políticas han logrado apaciguar a los acreedores, han tenido efectos devastadores en el bienestar social y económico de países en todo el mundo.

La autora se remonta a los orígenes de la austeridad moderna en la Gran Bretaña y la Italia de entreguerras, revelando cómo la amenaza del poder de la clase trabajadora en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial animó un conjunto de políticas económicas verticales que beneficiaron a los propietarios, asfixiaron a los trabajadores e impusieron una política económica rígida.

Esta obra combina historia económica, teoría política y análisis sociológico para abordar un tema crucial y controvertido: el papel de la austeridad en la consolidación del capitalismo moderno y su conexión con regímenes autoritarios.

El texto es una investigación rigurosa que invita al debate académico y político, está organizado a partir de un detallado análisis en torno de la premisa según la cual la austeridad no debe ser vista como una simple estrategia económica, sino como un mecanismo político y social para perpetuar las desigualdades estructurales del capitalismo.

A lo largo del libro, la autora examina cómo las políticas de austeridad se han utilizado históricamente para preservar el «orden» capitalista, especialmente durante períodos de crisis económica y política.

Se detiene en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, un momento crítico en que las tensiones sociales y políticas estaban en su apogeo. Mattei analiza cómo los economistas de la época promovieron la austeridad como respuesta a las demandas de los movimientos obreros y los desafíos al sistema capitalista. Argumenta que, lejos de ser una solución neutral o necesaria, estas políticas tenían un propósito claro: reprimir la protesta social y consolidar la autoridad estatal al servicio del capital.

Aunque el libro está basado en investigaciones históricas y teóricas exhaustivas, Mattei consigue mantener el interés del lector con una narrativa fluida en la que ofrece una gran cantidad de evidencia para sustentar sus argumentos.

La austeridad como herramienta de control

Mattei demuestra con claridad cómo la austeridad no solo es una política económica, sino también una herramienta de control social. Al reducir los gastos públicos y limitar las intervenciones estatales, estas políticas refuerzan las jerarquías económicas y políticas existentes. La autora subraya cómo, históricamente, estas medidas han sido utilizadas para desmovilizar a los movimientos obreros y neutralizar las demandas de redistribución económica. Este análisis es especialmente relevante en un momento en que las desigualdades globales están en aumento.

Uno de los argumentos más provocadores de la autora es la conexión entre las políticas de austeridad y el auge del fascismo. Plantea que, al limitar el poder adquisitivo de las clases trabajadoras y reforzar las jerarquías sociales, la austeridad allana el camino para regímenes autoritarios que prometen orden y estabilidad a costa de la libertad y la democracia. Este vínculo es particularmente evidente en el período de entreguerras, cuando economistas y políticos justificaron medidas extremas en nombre de la estabilidad económica.

El análisis histórico tiene profundas implicaciones para el presente. En un contexto global marcado por la recesión económica, la crisis climática y el avance de los movimientos sociales, el libro invita a reflexionar sobre cómo las decisiones económicas afectan no solo a la distribución de recursos, sino también a las estructuras de poder y la democracia misma.

La obra sirve además como un llamado de atención sobre los peligros de aceptar la austeridad como una solución inevitable a las crisis económicas.

En resumen, este libro no solo ilumina el pasado, sino que también ofrece lecciones cruciales para enfrentar los desafíos del presente y el futuro.

Relación entre fascismo, autoritarismo y austeridad

En recientes entrevistas de prensa, Mattei ha explicado que la relación entre el fascismo y la austeridad es mucho más fuerte de lo que nos han dicho los libros de historia hasta ahora.

“En mi trabajo muestro cómo Benito Mussolini, el padre fundador del fascismo, que llegó al poder en octubre de 1922 en Italia, se benefició realmente de su capacidad de ser el hombre fuerte para implementar la austeridad. Es decir, su eficiencia a la hora de proporcionar lo que la élite liberal deseaba: frenar las demandas de las organizaciones de la clase trabajadora que entonces proponían una sociedad diferente ya no basada en la acumulación de ganancias, sino en la satisfacción de las necesidades, y además fundamentada en relaciones democráticas de producción. Mussolini detuvo todo este potencial que aspiraba a construir una sociedad económica diferente surgida después de la Primera Guerra Mundial”.

“Pudo implementar una austeridad del tipo que vemos hoy en día en términos de recortes en el gasto social, y de recortes de los impuestos corporativos, de los impuestos sobre las ganancias y de los impuestos sobre sucesiones. También impulsó privatizaciones masivas, eliminó el derecho a la huelga y redujo los salarios por decreto, al tiempo que aumentaron las tasas de interés. Esto es lo que yo llamo la ‘trinidad’ de la austeridad fiscal, monetaria e industrial. El fascismo obtuvo apoyo y justificación para su régimen en todo el mundo, lo que le permitió prosperar y permanecer en el poder durante más de 20 años”.

La austeridad como un arma del capitalismo

Explica además que la austeridad se presenta como una herramienta técnica para gestionar aparentemente una economía de manera eficiente y lo que demuestra en su obra “es que la economía no tiene nada de necesario ni técnico. Esto es solo el disfraz. La austeridad es un medio político muy violento de gestionar una sociedad capitalista, y el resultado de mi investigación es preguntarme si puede haber capitalismo sin austeridad. Y creo que la realidad es que la austeridad es crucial para el capitalismo porque proporciona el marco fundamental para subordinar a la mayoría de las personas a su condición de trabajadores asalariados”.

“La austeridad debilita a las personas, las empobrece, hace que dependan más del mercado. Esto se ve de forma extrema en Estados Unidos, donde todo se tiene que comprar: la escuela y la atención médica, por ejemplo, mientras que la élite que gana dinero con el capital se beneficia constantemente, recibe incentivos y subsidios constantes del Estado. Se trata de una extracción muy política de recursos del pueblo para una pequeña élite, hasta el punto de que hoy sabemos que los multimillonarios de todo el mundo ganan 5.700 millones al día acumulando mientras la pobreza aumenta en todas partes”.

“La austeridad es realmente la forma en que el dinero y el poder se quedan en manos de muy pocos. Lo que discuto es cómo la austeridad consiste realmente en desdemocratizar el espacio económico. Se nos dice que para que nuestra economía funcione sin problemas necesita que las personas no tomen decisiones importantes sobre las medidas fiscales y monetarias. Puedes hacerlo con el dictador fascista, como en el caso de Italia, de Chile con Pinochet o muchos, pero también puedes hacerlo de la manera en que lo hace la Unión Europea, es decir, delegando todas las decisiones más fundamentales en organismos que no tienen ninguna responsabilidad democrática, como el Banco Central Europeo”.

Guerra arancelaria de Trump funciona como herramienta para gestionar el descontento social

Sobre el candente tema de la guerra arancelaria del mandatario estadounidense, la economista italiana opina: “Esta guerra arancelaria funciona como una herramienta para gestionar el descontento social, aunque la efectividad de sus resultados sea incierta. La idea de que los trabajadores estadounidenses se beneficiarán de estas guerras comerciales es pura fantasía: las corporaciones solo reubicarán empleos si el entorno para la producción y la generación de beneficios les resulta favorable, y con el nivel de automatización actual, eso es muy improbable”.

“Lo que sí está claro es que los trabajadores tendrán que hacer frente a precios más altos, ya que las empresas aprovechan cualquier excusa para subirlos y aumentar sus beneficios, incluso si los costos reales no lo justifican. En un país donde el 52 % de las familias no pueden cubrir sus necesidades básicas y el 78 % vive al día, esto agrava una situación ya crítica. La gente está en estado de pobreza extrema en este país, y los aranceles no van a ayudarles”.

“Mientras tanto, la austeridad clásica continúa, con recortes brutales a programas sociales como Medicaid, Medicare o la educación pública, que afectan sobre todo a los más vulnerables. Esto ya no convence ni siquiera a la base de Trump, así que los aranceles sirven más como narrativa del ‘hacer América grande de nuevo’ que como solución real. En definitiva, encubren un sistema que sigue extrayendo riqueza de los trabajadores, al tiempo que exponen las contradicciones de un orden global en crisis”.

“Lo que está claro es que EE.UU. es un imperio en decadencia. Está perdiendo. China y los BRICS son ya un poder económico muy superior, y EE.UU. busca reafirmar su poder mediante gestos agresivos, pero poco efectivos. Todo ello es una farsa que va a terminar acelerando su aislamiento. Esto, combinado con su apoyo incondicional a Israel, Netanyahu y el genocidio en curso, está deteriorando tanto su poder económico como su legitimidad política en el mundo”.

Alternativas al capitalismo salvaje

En medio de la crisis civilizatoria que ha ocasionado un sistema depredador como el capitalismo codicioso y salvaje que actualmente afecta en grado superlativo a toda la humanidad, Clara Mattei manifiesta que “existen muchas iniciativas subterráneas y poco visibilizadas que ofrecen alternativas reales y exigen retomar las raíces de experiencias sobre las que he escrito. Una de ellas es la autogestión obrera, una demanda histórica clave para una verdadera democracia económica, porque permite que las personas participen en las decisiones sobre sus condiciones materiales de vida y fomenta modelos de producción sostenibles y comunitarios que no se basan únicamente en el lucro. Porque una vez que los trabajadores refuerzan los lazos con sus comunidades, priorizan la sostenibilidad ecológica de estas”.

“Hay grandes ejemplos concretos en el mundo, como el del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en Brasil, que ha desarrollado exitosamente proyectos agroecológicos autogestionados e inspiran a muchos movimientos a presionar a los gobiernos para recuperar la tierra”.

 

 

 

 

 

 

 

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