marzo 27, 2026 3:34 pm
Congreso y maquinarias políticas

Congreso y maquinarias políticas

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Por estos días muchos colombianos sienten algo que no se puede esconder: frustración. Se vota con esperanza, pero al final los resultados parecen los mismos. Cambian los nombres, pero no las prácticas. A pesar de que el Pacto Histórico logró más senadores y representantes a la Cámara que en las elecciones del 2022.

En estas elecciones al Congreso volvió a aparecer un viejo protagonista: la maquinaria política. Esa que no necesita ideas, porque tiene votos asegurados.

Hablemos claro y sin rodeos.

En el Senado y la Cámara quedaron elegidos varios congresistas que no se destacan precisamente por propuestas, sino por el respaldo de estructuras familiares, clanes políticos o cuestionamientos públicos.

Ahí aparece, por ejemplo, Nadia Georgette Blel, impulsada por una de las maquinarias más tradicionales del Caribe, su padre condenado por paramilitarismo. También Yesid Pulgar, rodeado del peso político de su familia, marcada por escándalos judiciales.

No se queda atrás David Barguil, quien ya venía con trayectoria en el Congreso y ha sido mencionado en investigaciones por manejo de recursos públicos. O Antonio Correa, salpicado por señalamientos relacionados con contratación.

Otros nombres como Wilmer Carrillo, Carlos Cuenca y Gidier Lobo han sido vinculados a procesos o cuestionamientos por corrupción, lo que genera preocupación sobre el tipo de liderazgo que llega al Capitolio.

Y hay casos que generan aún más ruido: congresistas elegidos que a los pocos días enfrentan decisiones judiciales, como Wadith Manzur y Karen Manrique, enredados en escándalos de contratación pública.

También están los que llegan por la vía del “heredero político”. Personas que no construyeron su camino desde la ciudadanía, sino desde el apellido o las relaciones: Laura Fortich, vinculada a una estructura política tradicional y con escándalos de corrupción.

 

María Angélica Guerra, con historia familiar en procesos judiciales. Esteban Quintero y Luis Eduardo Díaz Mateus, herederos de casas políticas cuestionadas también por corrupción.

Aquí la política deja de ser un servicio público y se convierte en una especie de negocio familiar. Entonces la pregunta es inevitable: ¿esto es lo que eligió el pueblo o lo que impusieron las maquinarias? Porque hay que decirlo con sinceridad: en muchas regiones no gana el mejor, gana el que tiene más dinero, controla contratos, reparte favores o maneja redes clientelistas. Y así, la democracia se va deformando.

El problema no es solo quiénes son estos congresistas. El problema es lo que representan.

Representan un país donde la pobreza se usa para comprar votos, el poder se hereda y la política se aleja de la gente.

Pero también hay que decir algo importante: esto no es culpa únicamente de quienes llegan al Congreso. Aquí hay una responsabilidad compartida: la de los partidos que avalan, de las instituciones que no controlan como el Consejo Nacional Electoral, Procuraduría, Fiscalía y de una cultura política que muchas veces se resigna.

Si el Congreso queda en manos de las maquinarias, lo que viene no es difícil de prever: leyes para la oligarquía, para unos pocos, beneficios para los mismos de siempre y un país que sigue esperando cambios.

Sin embargo, esto no está escrito en piedra. Cada elección es una oportunidad. Cada voto consciente es una forma de romper ese ciclo.

Porque al final, la democracia no se pierde de un día para otro. Se va deteriorando poco a poco… cada vez que la maquinaria pesa más que la conciencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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