POR JORGE TAIANA*
Ante un Gobierno como el de Javier Milei que sostiene una retórica negacionista del terrorismo de Estado, resulta imprescindible reivindicar a las Madres, Abuelas y organismos de Derechos Humanos.
La dictadura en el banquillo: ¿cuánta justicia hizo la democracia?
Mantener viva la memoria es también una manera de fortalecer la democracia. A 50 años del golpe de Estado de 1976 y del comienzo del episodio más cruel y sangriento de la historia argentina, la memoria se convierte en una reflexión necesaria dentro de un contexto marcado por discursos de odio y políticas negacionistas que vulneran los consensos democráticos y generan un creciente autoritarismo y un escenario de violencia institucional, económica y social.
A 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, resulta imposible ignorar los paralelismos con el presente. El gobierno de Javier Milei sostiene una retórica negacionista del terrorismo de Estado, al tiempo que avanza de manera sistemática en el vaciamiento de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia que le dieron a la Argentina un reconocimiento internacional ejemplar en materia de derechos humanos.

De esta manera, se busca imponer una estrategia orientada a reescribir el pasado y erosionar los pilares de nuestra identidad democrática. Lejos de ser puramente simbólico y reivindicativo del terrorismo de Estado, el rumbo del gobierno actual encuentra un correlato directo en el plano económico.
La apertura indiscriminada de importaciones, en un contexto de tipo de cambio apreciado y altas tasas de interés, junto con la desfinanciación de la ciencia y de las universidades y el deterioro de la infraestructura pública, favorece a un proceso de desindustrialización con consecuencias profundamente regresivas para la sociedad argentina. Con una actividad industrial un 9 % por debajo de 2023 y una capacidad instalada que apenas supera el 50 %, se multiplican a diario los cierres de empresas, provocando la destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo formales. De esta forma, el actual enfoque económico y comercial, que impulsa esquemas como el RIGI, consolidan la reprimarización de la matriz productiva y desalientan cualquier posibilidad de desarrollo con valor agregado.
Al mismo tiempo, mientras se desmantelan las capacidades del Estado para garantizar condiciones de vida dignas, se incrementa el presupuesto destinado a seguridad e inteligencia. El resultado es un Estado que se retira de su función social y se expande en su dimensión represiva, reafirmando que, tal y como ocurrió en el pasado, estos modelos económicos necesitan del disciplinamiento social para sostenerse. Por lo tanto, la represión de la protesta, los despidos masivos y el deterioro de las condiciones de vida no son consecuencias, sino componentes estructurales de un proyecto que busca debilitar a las pymes, comercios y pequeños y medianos productores, pero sobre todo, a los trabajadores y a la organización sindical.

Los paralelismos con el Gobierno de Milei
A 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, resulta imposible ignorar los paralelismos con el presente. El Gobierno de Javier Milei sostiene una retórica negacionista del terrorismo de Estado, al tiempo que avanza de manera sistemática en el vaciamiento de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia que le dieron a la Argentina un reconocimiento internacional ejemplar en materia de derechos humanos.
De esta manera, se busca imponer una estrategia orientada a reescribir el pasado y erosionar los pilares de nuestra identidad democrática. Lejos de ser puramente simbólico y reivindicativo del terrorismo de Estado, el rumbo del gobierno actual encuentra un correlato directo en el plano económico.
La apertura indiscriminada de importaciones, en un contexto de tipo de cambio apreciado y altas tasas de interés, junto con la desfinanciación de la ciencia y de las universidades y el deterioro de la infraestructura pública, favorece a un proceso de desindustrialización con consecuencias profundamente regresivas para la sociedad argentina. Con una actividad industrial un 9 % por debajo de 2023 y una capacidad instalada que apenas supera el 50 %, se multiplican a diario los cierres de empresas, provocando la destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo formales. De esta forma, el actual enfoque económico y comercial, que impulsa esquemas como el RIGI, consolidan la reprimarización de la matriz productiva y desalientan cualquier posibilidad de desarrollo con valor agregado.

Al mismo tiempo, mientras se desmantelan las capacidades del Estado para garantizar condiciones de vida dignas, se incrementa el presupuesto destinado a seguridad e inteligencia. El resultado es un Estado que se retira de su función social y se expande en su dimensión represiva, reafirmando que, tal y como ocurrió en el pasado, estos modelos económicos necesitan del disciplinamiento social para sostenerse. Por lo tanto, la represión de la protesta, los despidos masivos y el deterioro de las condiciones de vida no son consecuencias, sino componentes estructurales de un proyecto que busca debilitar a las pymes, comercios y pequeños y medianos productores, pero sobre todo, a los trabajadores y a la organización sindical.
La memoria como ejercicio reflexivo
Frente a este escenario, la memoria no es un ejercicio reflexivo hacia el pasado, sino una herramienta para el presente, que apunta al futuro. Afirmar y sostener “Nunca Más” es un compromiso activo para impedir que se repitan las condiciones que hicieron posible el terrorismo de Estado, pero, también, es el puntapié para pensar un modelo de desarrollo nacional que logre garantizar el bienestar para toda la población.

En este 50° aniversario, y en el contexto actual, en el que muchos sienten que perdieron el rumbo y la esperanza, resulta imprescindible reivindicar a las Madres, Abuelas, familiares y organismos de derechos humanos. Su lucha incansable fue lo que permitió construir en la Argentina un camino ejemplar de memoria, verdad, justicia y reparación, reconocido en todo el mundo, y que se constituyó en un legado que no solo nos honra, nos obliga a no bajar los brazos y a seguir.
Porque si algo nos enseñaron es que incluso en los momentos más oscuros existe la posibilidad de un futuro mejor, que la lucha nunca se abandona y que mantener activa la memoria es, en definitiva, condición para la existencia de una democracia que fortalezca la participación popular y garantice la construcción de una sociedad soberana, con libertad y justicia social.
*Excanciller de Argentina y diputado Nacional por Buenos Aires.



