POR OMAR ROMERO DÍAZ /
La democracia no se defiende únicamente mediante el voto. También se protege preguntando, investigando, ejerciendo la crítica y defendiendo la verdad, incluso cuando incomoda al poder.
Por ello, debemos rechazar lo que este Gobierno sionista y retardatario del cuestionado y pintoresco presidente Abelardo de la Espriella acaba de hacer, silencia a RTVC Noticias y a las 20 emisoras de paz. Acordadas en el proceso de Paz del año 2016, los medios públicos no pertenecen al mandatario de turno: son patrimonio de todos los colombianos.
Las emisoras de paz fueron creadas para dar voz a territorios que durante décadas padecieron la violencia. En ellas, campesinos, víctimas, trabajadores y comunidades encontraron un espacio para expresar sus problemas, propuestas y esperanzas.
Si estos espacios pierden información, debate y participación comunitaria, no estaremos simplemente modificando una programación: estaremos silenciando la voz de los territorios.
La Constitución es clara: la libertad de expresión y de información son derechos fundamentales, y la censura no tiene cabida en una democracia.

La censura no siempre se manifiesta mediante una orden explícita. También puede presentarse cuando se presiona a los periodistas, se excluye a quienes formulan preguntas incómodas o se recompensa únicamente a quienes aplauden.
Existe, además, un riesgo aún más grave: la autocensura. Cuando un periodista deja de preguntar por temor a las consecuencias, el poder ya ha logrado su objetivo.
Un gobierno democrático no debe temer a las preguntas ni al debate públo; por el contrario, debe responderlas y alentar la discusión ciudadana.

Un gobierno rodeado exclusivamente de aduladores y medios de comunicación tradicionales de la ultraderecha termina desconectado de la realidad, mientras la ciudadanía enfrenta sus problemas cotidianos.
No defendemos a una persona ni a un periodista en particular. Defendemos el derecho de todos a preguntar y a conocer las respuestas.
Hoy pueden intentar silenciar una voz que incomoda al poder. Mañana podría ser la voz de un trabajador, un sindicato, un campesino o cualquier ciudadano.

Por eso, debemos comprenderlo con claridad: los medios públicos no pertenecen al gobierno de turno. La información no es propiedad del Gobierno. La democracia no pertenece a ningún partido. Y Colombia no pertenece a ningún gobernante.
Los gobiernos pasan; los derechos permanecen. Por ello, ante cualquier intento de censura, la respuesta debe ser inequívoca: ¡Más periodismo, más libertad, más pluralismo y más democracia!
Porque cuando el poder teme a las preguntas, la ciudadanía debe preguntar aún más. Y cuando intenten apagar una voz, debemos levantar miles.



