octubre 7, 2026 6:08 pm
Del «Corolario Trump» al abismo global: el trumpismo 2.0, la resurrección colonial y los dilemas del poder imperial en crisis

Del «Corolario Trump» al abismo global: el trumpismo 2.0, la resurrección colonial y los dilemas del poder imperial en crisis

CLACSO /

La política exterior de la administración Trump 2.0 no es un mero accidente autoritario, sino una manifestación de neocolonialismo explícito. La agresión directa sobre Venezuela marca un retorno peligroso a la Doctrina Monroe bajo la premisa de que América Latina es el «patio trasero» disputado en el tablero de la multipolaridad emergente.

Con ello no se logra la restauración de la hegemonía estadounidense tan vapuleada y en plena decadencia. Al contrario, diagnostica que el trumpismo es la respuesta radicalizada —y de tinte neofascista— ante un declive hegemónico estructural y la profunda crisis del capitalismo global. Ante la pérdida de control comercial y financiero global, Washington opta por la coerción militar y el chantaje económico.

La combinación de rearme, tensiones interimperialistas (con China y Rusia como ejes de disputa) y la erosión de los marcos multilaterales sitúa a la sociedad global al borde de un salto cualitativo hacia la barbarie bélica.

La obra colectiva ‘Trump, el imperio y el cambio social mundial. Hacia dónde vamos’ (CLACSO, Buenos Aires, 2026) parte de una coyuntura que altera de manera abrupta el campo de posibilidades de América Latina y el Caribe: la reelección de Donald Trump, la formulación de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 y la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026 en Venezuela, culminada con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. El texto interpreta esa secuencia no como una anomalía aislada, sino como el síntoma de una transición histórica: Estados Unidos conserva una capacidad militar, financiera y tecnológica extraordinaria, pero enfrenta una erosión relativa de su hegemonía, una competencia creciente con China y una crisis interna de legitimidad.

La paradoja central es que el declive relativo no produce necesariamente moderación; puede estimular formas más directas, selectivas y coercitivas de dominación.

El Cuaderno de CLCSO constituye, por tanto, una intervención de coyuntura con ambición teórica. Sus seis ensayos enlazan escalas nacionales, regionales y sistémicas. Göran Therborn caracteriza el “mundo trumpista”; Manuela Boatcă examina al hegemón en declive; Gurminder K. Bhambra reconstruye el retorno de la gramática colonial; Marga Ferré disputa el vocabulario con el que se nombra la crisis; Sandro Mezzadra analiza el nuevo corolario monroísta; y William I. Robinson vincula la concentración tecnológica, la “Pax Silica” y la formación de un Estado fascista embrionario. Más que ofrecer una tesis única, la publicación organiza una constelación de diagnósticos convergentes sobre coerción imperial, crisis capitalista y mutación autoritaria.

El trumpismo como configuración mundial

La noción de “mundo trumpista” permite leer el fenómeno más allá de la personalidad del cuestionado mandatario. Trump condensa nacionalismo económico, supremacismo cultural, liderazgo plebiscitario, hostilidad hacia mediaciones institucionales y una política exterior transaccional. Su fuerza reside en convertir inseguridades sociales reales —desindustrialización, descenso relativo de sectores medios, precarización y pérdida de expectativas— en una narrativa de restauración nacional.

El trumpismo es así una forma política de la crisis de la globalización neoliberal: cuestiona algunos de sus mecanismos, pero preserva y radicaliza jerarquías de clase, raza, ciudadanía y poder estatal.

Hegemonía en declive y colonialidad persistente

El ensayo desplaza la mirada desde la supuesta decadencia absoluta hacia el declive relativo. Estados Unidos pierde centralidad productiva y enfrenta alternativas monetarias, comerciales y tecnológicas, pero sigue ocupando posiciones dominantes en finanzas, defensa, plataformas digitales, propiedad intelectual y arquitectura institucional.

Esta combinación genera una conducta de “sobrecompensación imperial”: el poder militar y sancionatorio se emplea para contener pérdidas estructurales. La lectura es valiosa porque conecta la competencia interestatal con la larga duración de la colonialidad, evitando reducir la crisis a una simple sustitución de una potencia por otra.

Se cuestiona la idea de que el colonialismo pertenezca a un pasado clausurado. La expansión territorial, la racialización de poblaciones, la expropiación de recursos y la desigual distribución del derecho a la soberanía siguen organizando el sistema mundial.

Las presiones sobre Groenlandia y la intervención en Venezuela revelan una jerarquía práctica entre soberanías “plenas” y soberanías condicionadas. Su contribución obliga a revisar la historia convencional del orden liberal: la democracia y el bienestar del Norte no pueden separarse de las estructuras imperiales que financiaron y sostuvieron su desarrollo.

La disputa por las palabras

“Imperio”, “fascismo”, “colonialismo” y “guerra” no son etiquetas retóricas neutras: delimitan responsabilidades, sujetos y horizontes de acción.

En el ensayo de Marga Ferré se insiste en que un vocabulario heredado puede iluminar continuidades, pero también oscurecer novedades. Llamar “fascista” a toda deriva autoritaria, por ejemplo, corre el riesgo de borrar diferencias entre regímenes; renunciar al término, en cambio, puede invisibilizar la articulación entre capital concentrado, violencia estatal, xenofobia y destrucción democrática.

Por ello el ensayo propone una vigilancia conceptual que combine memoria histórica y atención a las formas contemporáneas del poder.

Del monroísmo defensivo a la preeminencia coercitiva

El “Corolario Trump” actualiza la histórica pretensión de Washington de definir el hemisferio como esfera exclusiva de seguridad. Ya no se trata solamente de excluir a potencias extracontinentales, sino de controlar infraestructuras, rutas, recursos, cadenas logísticas y alineamientos gubernamentales.

La criminal operación sobre Venezuela funciona como demostración: comunica capacidad de castigo, reduce la distancia entre amenaza y uso efectivo de la fuerza y convierte la soberanía regional en una variable subordinada a la evaluación estratégica estadounidense.

El “Corolario Trump” hay que situarlo en una geografía ampliada de fronteras, corredores y enclaves para lograr satisfacer la voracidad y expolio de Washington sobre América Latina.

Capital tecnológico y autoritarismo

La idea de un nuevo complejo del capital remite a la fusión entre plataformas digitales, Inteligencia Artificial (IA), seguridad, finanzas y aparato militar. La “Pax Silica” designa un orden centrado en semiconductores, datos, capacidad de cómputo y control de redes críticas.

En este marco, el fascismo no aparece primordialmente como copia de los años treinta, sino como respuesta política a una crisis de sobreacumulación, desigualdad y excedente de población: vigilancia masiva, militarización, represión de migrantes y alianza entre fracciones oligárquicas y movilización reaccionaria. Es la tesis más totalizante del volumen y también la que exige mayor demostración empírica.

América Latina como cinturón de seguridad y reserva de recursos

Geopolíticamente, el texto describe una transición desde la hegemonía consentida hacia una primacía más coercitiva. La hegemonía combina fuerza con capacidad de producir reglas aceptadas; la dominación depende en mayor grado de sanciones, operaciones militares y obediencia forzada.

El “Corolario Trump” expresa esa mutación al jerarquizar el hemisferio occidental como retaguardia estratégica frente a China y Rusia. América Latina vuelve a ser pensada simultáneamente como cinturón de seguridad, reserva de recursos, plataforma logística y espacio de exclusión de competidores.

La intervención criminal en Venezuela altera el cálculo regional en tres sentidos. Primero, eleva la credibilidad de las amenazas estadounidenses y favorece conductas preventivas de alineamiento. Segundo, erosiona la norma de no intervención y la declaración de América Latina y el Caribe como zona de paz adoptada por la CELAC en 2014. Tercero, incentiva respuestas asimétricas: diversificación de alianzas, adquisición de capacidades disuasivas, cooperación Sur-Sur y búsqueda de amparo en foros multilaterales.

Sin embargo, la fragmentación política latinoamericana limita una respuesta común; la proximidad económica con Estados Unidos y la heterogeneidad ideológica de los gobiernos convierten la autonomía regional en un proyecto disputado, no en una condición dada.

El riesgo de una guerra mundial no deriva necesariamente de un plan deliberado, sino de la acumulación de escaladas conectadas: Caribe, Ártico, Oriente Medio e Indo-Pacífico. La multiplicación de teatros aumenta la probabilidad de errores de cálculo, compromisos cruzados y respuestas no previstas. El trabajo bibliográfico acierta al leerlos como un sistema, aunque debe evitarse una equivalencia automática entre toda crisis regional y una conflagración global.

La clave analítica es observar los mecanismos de acoplamiento: alianzas militares, sanciones extraterritoriales, control de tecnologías duales y disputas sobre rutas energéticas y marítimas.

En pos de la seguridad económica de EE.UU.

La geoeconomía del trumpismo combina proteccionismo selectivo, reindustrialización, sanciones, control tecnológico y reordenamiento de cadenas de suministro. No significa una retirada de la globalización, sino su securitización: comercio, inversión, energía, datos, minerales críticos y semiconductores pasan a evaluarse como activos de seguridad nacional.

El hemisferio adquiere valor para el nearshoring (estrategia empresarial que traslada los procesos productivos a países cercanos al mercado de consumo final) y el friendshoring (práctica comercial que consiste en trasladar las cadenas de producción a países considerados aliados política y económicamente), pero esa oportunidad puede reproducir una inserción subordinada si la región aporta materias primas, energía y trabajo barato sin construir capacidades tecnológicas propias.

Venezuela ocupa una posición singular por sus reservas energéticas, su localización caribeña y sus vínculos con actores extrahemisféricos. La coerción sobre Caracas debe leerse en esa intersección, sin reducirla a una sola causa petrolera.

El objetivo estratégico más amplio es disciplinar flujos: quién financia, quién compra, quién asegura, quién transporta y en qué moneda se liquidan las transacciones. Bajo esta lógica, el poder imperial opera tanto mediante portaaviones como mediante licencias, sistemas de pago, seguros, plataformas y controles de exportación.

El concepto de “Pax Silica” amplía el análisis hacia la infraestructura digital. La competencia no se limita a mercados: involucra estándares, nubes, satélites, cables submarinos, centros de datos y capacidad de cómputo. Para América Latina, el dilema no es escoger pasivamente entre Washington y Beijing, sino evitar nuevas dependencias monopólicas.

Una política de autonomía requeriría integración energética, financiamiento regional, compras públicas coordinadas, gobernanza de datos, investigación común y agregación de valor en minerales críticos. Sin esas capacidades, la multipolaridad puede diversificar socios sin modificar la posición periférica.

 

El “afuera” imperial y el “adentro” autoritario

Sociológicamente, el trumpismo canaliza una crisis de expectativas. Sectores afectados por la desindustrialización, la precariedad laboral y el deterioro de servicios públicos encuentran en la promesa de restauración nacional una explicación moral del descenso social.

La responsabilidad se desplaza desde las estructuras de acumulación hacia migrantes, minorías, élites cosmopolitas o enemigos externos. Este desplazamiento convierte desigualdad en resentimiento identitario y permite que una agenda favorable a fracciones concentradas del capital adquiera una base popular heterogénea.

La dimensión colonial aporta otra clave: la distribución desigual de duelo, movilidad y protección jurídica. Las poblaciones del Sur Global son expuestas con mayor facilidad a sanciones, desplazamientos, intervención y violencia remota.

A la vez, la militarización externa retroalimenta la interna mediante tecnologías de vigilancia, expansión policial y normalización del estado de excepción. El “afuera” imperial y el “adentro” autoritario no son esferas separadas; comparten dispositivos, discursos de amenaza y clasificaciones de poblaciones consideradas peligrosas o prescindibles.

Para América Latina, la intervención también produce efectos sobre la subjetividad política: temor preventivo en gobiernos, polarización social, reactivación del antiimperialismo y, simultáneamente, apoyo de sectores que interpretan la fuerza externa como vía de cambio interno.

El volumen privilegia la crítica al imperialismo, pero una sociología completa debe incorporar las fracturas de las sociedades intervenidas, el desgaste de sus instituciones y las razones por las que parte de la ciudadanía puede legitimar soluciones externas. Reconocer esas tensiones no justifica la intervención; evita idealizar a los Estados periféricos y permite distinguir soberanía estatal de soberanía popular.

El trumpismo como régimen autoritario de poder

Desde la ciencia política, la obra obliga a estudiar el trumpismo como régimen de poder y no sólo como estilo. Sus rasgos incluyen personalización ejecutiva, deslegitimación de controles institucionales, politización de la administración, uso intensivo de decretos y excepcionalidad, ataque al pluralismo informativo y conversión de la política exterior en espectáculo de decisión soberana. La relación con la democracia es ambivalente: el liderazgo utiliza mecanismos electorales para debilitar las condiciones sustantivas de la competencia democrática.

La categoría de “neofascismo” resulta productiva si se emplea como hipótesis comparativa y no como sentencia. Permite identificar movilización reaccionaria, culto al líder, racialización del enemigo, violencia política y alianza entre poder económico y Ejecutivo.

En el plano internacional, la nueva doctrina desafía la igualdad soberana y debilita prohibiciones sobre el uso de la fuerza. El problema no es únicamente jurídico; es institucional. Si las reglas se aplican selectivamente y las grandes potencias actúan sin costos suficientes, los Estados medianos y pequeños tienen incentivos para buscar garantías militares, proliferar capacidades o someterse a patronazgos externos.

La crisis del multilateralismo resulta así tanto de la infracción de normas como de la incapacidad de las instituciones para imponer consecuencias simétricas

Declive hegemónico, coerción imperial, colonialidad

El principal aporte del libro es su capacidad de nombrar conjuntamente fenómenos que suelen estudiarse por separado: declive hegemónico, coerción imperial, colonialidad, mutación autoritaria y poder tecnológico.

El diálogo Sur-Norte evita que América Latina aparezca como mero objeto y sitúa la experiencia regional en el centro de la teoría social. También es acertada la insistencia en que la política exterior estadounidense no puede comprenderse sin sus conflictos domésticos ni la crisis del capitalismo global.

Su límite proviene, en parte, de su naturaleza de intervención urgente. Varias categorías operan con gran potencia crítica, pero con niveles desiguales de prueba y delimitación. “Imperio”, “colonialismo” y “fascismo” describen continuidades reales, aunque no siempre distinguen entre intención, capacidad y resultado. El enfoque también podría incorporar con mayor sistematicidad la agencia de China, Rusia, la Unión Europea (UE) y las potencias medias; las divisiones internas de los países latinoamericanos; y los márgenes de autonomía que emergen de la competencia entre centros de poder.

La publicación interpreta 2026 como umbral de una fase imperial más explícita: menos universalista en su retórica, más nacionalista en sus fines y más flexible en el uso combinado de fuerza militar, sanciones, tecnología y presión económica.

El volumen no anuncia simplemente el fin de la hegemonía estadounidense; muestra la peligrosidad de su transformación. Un poder que ya no logra organizar consensos globales puede recurrir con mayor frecuencia a la coerción para conservar posiciones.

Para América Latina y el Caribe, la disyuntiva no debería formularse entre obediencia a Washington y subordinación a otra potencia. La cuestión estratégica es construir autonomía cooperativa: instituciones regionales capaces de prevenir conflictos, coordinar posiciones, proteger infraestructuras críticas y negociar con múltiples actores; economías que superen el extractivismo; y democracias con legitimidad social suficiente para resistir tanto la tutela externa como el autoritarismo interno. La soberanía efectiva requiere capacidades materiales, cohesión política y control ciudadano, no sólo declaraciones diplomáticas.

La pregunta “¿hacia dónde vamos?” queda, deliberadamente, abierta. El mérito de la publicación consiste en mostrar que el desenlace no está predeterminado por el declive de una potencia ni por el ascenso de otra. Dependerá de la capacidad de las sociedades para transformar inseguridad en solidaridad, competencia geopolítica en reglas comunes y soberanía formal en poder democrático.

Su advertencia final es inequívoca: si la crisis se administra mediante militarización, exclusión y concentración tecnológica, el cambio social mundial puede adoptar formas regresivas; si se articula desde la paz, la igualdad y la cooperación regional, la transición puede ampliar los márgenes de emancipación.

Acceso a la publicación

 

Para acceder a la publicación en PDF, ingresar al siguiente enlace:

Trump, el imperio y el cambio social mundial. Hacia dónde vamos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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