DIÁLOGO INTERNACIONAL /
Un detallado análisis sobre las graves irregularidades registradas en las recientes elecciones presidenciales de Colombia en las que la autoridad electoral dominada por la ultraderecha le dio la victoria al cuestionado y pintoresco abogado Abelardo de la Espriella, hizo en desarrollo de la entrevista concedida por la filósofa argentina Luciana Cadahia al espacio Diálogo Internacional de Somos Radio AM530 de Buenos Aires, emitida el pasado sábado 29 de agosto.
El diálogo periodístico se inscribe en un momento de alta tensión política regional: el debate sobre la legitimidad de los recientes comicios colombianos y sobre la capacidad real de las democracias latinoamericanas para resistir formas renovadas de intervención, manipulación tecnológica y captura institucional.
Déficit democrático electoral
Cadahia, cientista social, activista, actualmente catedrática de la Universidad Católica de Chile, inició su análisis con una afirmación provocadora: “Colombia es un país que en lo electoral adolece de democracia”. La frase no funciona únicamente como denuncia coyuntural, sino como tesis histórica. Su argumento sitúa el problema electoral colombiano en una temporalidad larga, marcada por exclusiones, prácticas clientelares, violencia política, suplantaciones, votos de personas fallecidas, desplazamientos forzados y desigualdades territoriales que han condicionado el ejercicio efectivo del sufragio.
Desde esta perspectiva, el déficit democrático no se reduce a la existencia formal de elecciones periódicas. La cuestión central es si el voto puede ejercerse en condiciones materiales de libertad, igualdad, transparencia y trazabilidad.
En la lectura de Cadahia, la democracia electoral colombiana ha estado históricamente atravesada por una paradoja: mientras las instituciones proclaman regularidad procedimental, vastos sectores ciudadanos han debido enfrentar obstáculos estructurales para convertir su voluntad política en representación efectiva.
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Participación electoral y emergencia de una ciudadanía plebeya
Uno de los ejes más relevantes de la entrevista fue la evolución histórica de la participación. Cadahia recordó que hacia 1990 la participación electoral apenas rondaba el 40 % del censo, en un país donde la abstención no podía explicarse solo como apatía individual, sino como resultado de una cultura política moldeada por el miedo, el desencanto, la violencia y la desconfianza institucional.
En ese marco, la ciudadanía aparecía fragmentada entre quienes podían votar con garantías y quienes vivían la política como amenaza o imposibilidad.
El punto de inflexión, según su lectura, comienza a observarse a partir de 2010 y se intensifica en 2018 y 2022, cuando amplios sectores populares, juveniles, urbanos, rurales, indígenas, afrodescendientes y periféricos se apropian del derecho al voto como herramienta de transformación.
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El crecimiento de la izquierda y la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia expresaron, en este sentido, algo más que una alternancia gubernamental: revelaron la irrupción de una ciudadanía que decidió disputar el sentido mismo de la democracia.
Del fraude artesanal al fraude tecnopolítico
El análisis politológico de Cadahia propone una mutación en las formas de intervención electoral. Si en etapas anteriores predominaban prácticas visibles —compra de votos, trashumancia, presión armada, alteración de actas, suplantación—, en 2022 y en los comicios recientes emergieron mecanismos más sofisticados, articulados con Inteligencia Artificial (IA), algoritmos, infraestructura informática y operaciones de último minuto. El fraude, bajo esta hipótesis, ya no fue solamente territorial y manual, sino tecnopolítico.
En la entrevista se mencionan indicios como la creación de miles de mesas en zonas apartadas poco antes de los comicios, cifras de participación incompatibles con la demografía local y cambios imprevistos de centros de votación. Tales elementos, interpretados en conjunto, apuntan a una hipótesis de ingeniería electoral: no se trató de irregularidades aisladas, sino de una arquitectura capaz de producir ventajas marginales decisivas en elecciones cerradas.
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El voto exterior y la grave sospecha estadística
Otro punto sensible fue el comportamiento del voto en el exterior. Cadahia señaló que militantes y veedores del Pacto Histórico detectaron, durante seguimientos en vivo, márgenes de victoria externos que replicaban de manera casi exacta la diferencia proporcional final de la elección. Sociológicamente, esta observación es significativa porque cuestiona la idea de que el electorado se comporta como una masa homogénea y predecible.
En sociedades plurales, con diásporas diversas y patrones migratorios complejos, la repetición matemática de ciertos márgenes alimenta serias y graves sospechas sobre la manipulación de flujos de datos.
La fuerza de la intervención de Cadahia radica precisamente en exigir que la sospecha no sea desechada como conspiración, sino sometida a verificación pública y técnica.
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Los “Testigos Digitales” y la democratización de la auditoría
La aparición de los llamados “Testigos Digitales” constituye uno de los fenómenos sociopolíticos más novedosos de este episodio. Frente a lo que Cadahia describe como obstáculos de la Registraduría y opacidad institucional, organizaciones civiles, militantes, ingenieros, programadores y ciudadanos independientes crearon redes de veeduría informática para revisar actas, boletines y patrones de transmisión. Esta iniciativa expresa una politización de la técnica: la ciudadanía no solo protesta, sino que aprende a mirar bases de datos, huellas digitales, tiempos de procesamiento y consistencias estadísticas.
El fenómeno también revela una transformación de la militancia democrática. Si en otros momentos la defensa del voto descansaba en testigos en los puestos de votación y formularios impresos, ahora se amplía hacia una vigilancia distribuida, digital y colaborativa. La democracia electoral se desplaza así hacia una nueva arena: la disputa por el código fuente, los servidores, los metadatos y las condiciones de auditabilidad.
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Software, servidores externos y soberanía electoral
Cadahia profundizó en la denuncia sobre el software de preconteo, la digitalización de formularios E14, la supuesta pérdida de huellas de encriptación y la intervención de servidores externos no declarados. En términos politológicos, este punto desplaza el debate desde la administración electoral hacia la soberanía tecnológica. La pregunta ya no es solo quién cuenta los votos, sino quién controla la infraestructura que permite transmitir, procesar, almacenar y validar la información electoral.
La gravedad de este señalamiento reside en que una elección cerrada puede ser alterada por variaciones pequeñas, difíciles de detectar si el sistema carece de auditoría robusta.
Un servidor externo que descarga actas, altera cifras y luego recarga documentos originales —tal como fue descrito en la entrevista— no solo comprometen resultados concretos, sino la confianza pública en el régimen electoral. Cadahia vincula este problema con una tendencia regional: la conversión del software electoral en un campo de disputa geopolítica y de intervención indirecta.
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Cooptación institucional y judicialización del conflicto
Al abordar el rol de la justicia electoral, Cadahia sostuvo que el poder judicial y el Consejo Nacional Electoral (CNE) han estado históricamente condicionados por sectores afines a las élites tradicionales de Colombia. Esta afirmación debe leerse en el marco de una crítica más amplia a la captura institucional: cuando los órganos llamados a arbitrar la competencia política son percibidos como parte del conflicto, la vía judicial se vuelve simultáneamente necesaria y problemática.
No obstante, la presentación formal de denuncias por parte de los testigos digitales abrió cauces legales para solicitar la anulación de los comicios. Este dato es central: transforma una controversia política y mediática en un litigio institucional. La incertidumbre reside en si las investigaciones podrán llegar hasta el núcleo técnico del proceso o si quedarán contenidas por inercias burocráticas, alianzas partidarias y límites probatorios.
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Legitimidad formal de los procedimientos vs. legitimidad material de los resultados
La entrevista de Luciana Cadahia ofrece una lectura densa y políticamente situada de las elecciones colombianas. Su principal aporte consiste en conectar historia electoral, movilización popular, tecnología, geopolítica y captura institucional en una interpretación de conjunto.
No reduce el problema a una denuncia puntual, sino que lo ubica dentro de una crisis más amplia de las democracias contemporáneas: la creciente distancia entre la legitimidad formal de los procedimientos y la legitimidad material de los resultados.
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La intervención de Cadahia en Diálogo Internacional puede leerse como una advertencia sobre el futuro de la democracia en Colombia y en América Latina. Si la ciudadanía logró ampliar históricamente su participación y disputar el poder por la vía electoral, las élites conservadoras —según su hipótesis— desplazaron sus estrategias hacia terrenos menos visibles: el control tecnológico, la manipulación algorítmica, los servidores externos y la opacidad institucional.
La pregunta decisiva, entonces, no es solo si hubo fraude en una elección específica, sino si las democracias latinoamericanas cuentan con herramientas políticas, jurídicas y técnicas para garantizar que la voluntad popular no sea intervenida en el momento mismo de su traducción institucional.
La entrevista
El diálogo periodístico en el siguiente video:



