febrero 12, 2026 6:25 am
Democracia y populismo vs. neoliberalismo

Democracia y populismo vs. neoliberalismo

POR FRANCISCO CORTÉS RODAS

La respuesta a los crecientes desarrollos antidemocráticos que se están dando en muchos países del mundo en las dos últimas décadas debe ser más democracia y no menos. Debemos democratizar la democracia, radicalizarla, hacerla más popular y republicana, no solamente en los centros del capitalismo sino también en la periferia.

Hay una cantidad importante de investigaciones que han mostrado cómo el capitalismo neoliberal ha minado las bases de la democracia, el Estado de derecho, el conjunto de libertades civiles, políticas y sociales, y destruido nuestras capacidades para poder desarrollar formas de vida digna.

El neoliberalismo es la razón del capitalismo contemporáneo, el cual además de configurar todos los aspectos de la existencia en términos económicos, está anulando elementos básicos de la democracia. Al concentrar el poder en manos de los actores económicos más poderosos en detrimento de la masa de los ciudadanos, el neoliberalismo desactiva la democracia y fragmenta la sociedad.

Es necesario, entonces, buscar otras alternativas: transformar los sistemas de energía, realizar proyectos para mejorar la alimentación y establecer la soberanía de las comunidades sobre el agua, promover formas diferentes para la explotación económica comunal y regional, adelantar acciones para asegurar la participación política y la deliberación de todos en los procesos de tomas de decisión. Se debe buscar la superación de la explotación, la opresión y la discriminación; una sociedad más democrática debe ser ecológicamente sostenible y socialmente justa. En la base de esta sociedad deben estar los derechos humanos fundamentales, de libertad política, los sociales y los colectivos o de solidaridad. 

En estas últimas décadas, en términos de acumulación de riqueza, los más importantes ganadores de la globalización neoliberal han sido las élites más poderosas que básicamente viven en las sociedades ricas del norte global. 44 % del aumento de los salarios, que fueron conseguidos entre el 1988 y el 2008, le corresponden al 5 % más rico, casi un 5 % de los más ricos de la población mundial, escribe Branco Milanovic.

La desigualdad ha alcanzado una medida que se ha convertido en un freno para el crecimiento. El 80 % de la desigualdad global existente —medida en términos de la desigual distribución de los ingresos de los hogares— es consecuencia, hoy en día, de las diferencias en las condiciones de vida entre las sociedades. “La mayor parte de las diferencias de ingresos a nivel mundial dependen hoy de la localización geográfica”, explica Stefan Lessenich.

Estas razones determinan que muchas de las sociedades de Europa y Norteamérica se hallan convertido en las dos últimas décadas, mediante políticas antimigratorias radicales, en fortalezas contra la presión migratoria global y, por ende, han devenido en baluartes de la democracia, pero solo para sus propios ciudadanos. Sus democracias son restringidas, basadas en concepciones nacionalistas y étnicas.

En términos de la relación entre los países más ricos del norte global y los de la periferia del sur global, se puede afirmar que las democracias capitalistas que hoy existen y son modelos de inclusión e igualdad se basan en el mantenimiento de una situación de dependencia política y subordinación económica sobre aquellas sociedades que fueron dominadas colonialmente por las primeras y que continúan bajo condiciones de dominio y explotación.

El crecimiento de la riqueza producido por el capitalismo, la consolidación de la democracia y el aseguramiento de las libertades civiles, políticas y sociales en los países del norte global ha sido exitosa al costo de impedir estas posibilidades en los países de la periferia.

¿Qué puede significar la radicalización de la democracia?

En las discusiones sobre este asunto en los países del norte global se parte de aseverar que la democracia representativa ha fracasado por haber producido, entre otras cosas, una profunda desigualdad de oportunidades entre los ciudadanos para influir en las decisiones políticas, hacer oír su voz y participar en pie de igualdad.

Ante este fracaso de la política democrática han tomado la voz diferentes concepciones de la democracia: lotocracia, epistocracia, democracia agonística, constituyente y deliberativa. Esta última sostiene que “el ejercicio legítimo de la autoridad política requiere justificación ante las personas que están sujetas a ella, y la toma de decisiones mediante la deliberación entre ciudadanos libres e iguales es la justificación más defendible que cualquiera puede ofrecer para resolver provisionalmente cuestiones controvertidas”, escribe Amy Gutmann.

La lógica capitalista.

Al añadir el requisito deliberativo como condición para la legitimidad democrática, la concepción deliberativa pone de relieve una forma en que las minorías pueden evitar la dominación política de la mayoría. Sin embargo, ni los teóricos deliberativistas ni los demás mencionados, plantean que la sociedad ejerce un influjo causal sobre aquellas dimensiones suyas que no son políticas.

Estas dimensiones son la ecológica, la económica y la social. “La crisis de la democracia está inextricablemente entrelazada con estas, por lo que es imposible entenderla de manera aislada”, sostiene Nancy Fraser.

En América Latina, la democracia radical, desarrollada, entre otros, por Ernesto LaclauLuciana Cadahia y Paula Biglieri, ha señalado, mediante la construcción teórica de la lógica del populismo, que el proyecto de radicalización de la democracia se concreta en la extensión de las luchas democráticas por la igualdad y la libertad al conjunto de la sociedad en la dirección de multiplicar los espacios políticos e impedir que el poder sea limitado por el enemigo político.

Ernesto Laclau ​ (1935-2014).

Para Laclau, la frontera de exclusión que produce el neoliberalismo genera la división de la sociedad en dos campos y, por tanto, el antagonismo radical. El pueblo que resulta de la “articulación de demandas insatisfechas” constituye un contrapoder, que se opone al poder negativo, el orden neoliberal.  El populismo reconfigura al excluido y desposeído en cuanto articula unas con otras diferentes demandas entre sí hasta conseguir una cadena equivalencial capaz de impugnar el statu quo y configurar una frontera entre los de abajo (el pueblo articulado) y los de arriba (el statu quo).

En Colombia, el “pueblo”, excluido de la posibilidad de disfrutar de sus derechos sociales, —salud, trabajo, pensión, educación— se resiste en las calles contra las formas de dominación que le han sido impuestas por los grupos de poder quienes desde arriba impiden, hundiendo las reformas sociales en el Congreso, la radicalización de la democracia en términos de un proyecto que haga prevalecer la igualdad en la sociedad. En esto reside ahora el profundo y radical potencial del populismo.

La Silla Vacía, Bogotá.

 

 

 

 

 

 

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