marzo 10, 2026 11:33 am
El “Escudo de las Américas”: la nueva arquitectura militar de Washington en la región

El “Escudo de las Américas”: la nueva arquitectura militar de Washington en la región

Mandatarios latinoamericanos de ultraderecha se reunieron en Miami con el presidente Donald Trump para presentar la nueva arquitectura militar de Washington en la región denominada “Escudo de las Américas”.

EDITORIAL TSC /

Como estaba previsto, el presidente estadounidense Donald Trump recibió en su campo del golf de Doral, Miami, el pasado sábado 7 de marzo a sus homólogos de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chaves; República Dominicana, Luis Abidaner; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Irfaan Ali; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña y Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, junto con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast.

Los asistentes, seleccionados a dedo por su afinidad ideológica y su vasallaje político hacia el arrogante magnate, actual inquilino de la Casa Blanca, no acudieron a la presentación del denominado “Escudo de las Américas” en condición de iguales que comparten preocupaciones y puntos de vista, sino como subordinados que reciben órdenes y aplauden con estruendo todas las ocurrencias de su jefe, incluso cuando éste se planta frente a 10 hispanoparlantes y les suelta un “no voy a aprender su maldito idioma”.

En su recepción, Trump declaró que el “consenso” es que la única manera de derrotar al crimen organizado y los inexistentes grupos narcoterroristas es “desatar el poder de nuestras Fuerzas Armadas”, para lo cual desplegará “el poder supremo de Estados Unidos” que, gracias a él, es “otra vez” la máxima potencia militar del planeta. En realidad, nunca ha dejado de serlo ni ha experimentado ningún incremento sustancial en sus capacidades bajo el trumpismo, sólo cambió el nivel de disposición al uso unilateral y arbitrario de la fuerza.

La alianza estratégica entre los mandatarios latinoamericanos de ultraderecha y el ultraconservador presidente Trump se inscribe en un proyecto geopolítico más amplio impulsado por Washington para reorganizar la seguridad del hemisferio. El llamado “Escudo de las Américas” busca articular una coalición militar regional alineada con la Casa Blanca, con objetivos que van desde el combate al narcotráfico hasta la contención de influencias extranjeras y eventuales intervenciones políticas.

El ministro de Guerra estadounidense Peter Hegseth, en la reunión de Miami, al presentar (después de Trump) la propuesta sobre el “Escudo de las Américas” habló de la necesidad de “tener coraje” y seguir la guía del mandatario estadounidense: “Tenemos un comandante en jefe (Trump) que marca el rumbo de la brújula”, remarcó.

El “Escudo de las Américas” según lo definió Trump es una nueva coalición militar para erradicar cárteles, criminales, pandillas e “influencias extranjeras hostiles” (léase China). Si bien se refirió constantemente a “todo el hemisferio”, o sea, a todos los países americanos, la realidad es que sólo estaban presentes alrededor de un tercio: 12 de 34 países.

La pluralidad de ideas no fue invitada a la cumbre miamera. Los doce mandatarios son asistente se caracterizan por ser de extrema derecha como Trump y Milei.

Dos cosas llamaron la atención: primero que presidentes de la talla de Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro no fueran invitados y segundo: si se trata de combatir las bandas de narcotráfico, ¿por qué razón fueron excluidos nada menos que Colombia y México? ¿Será que el “Escudo de las Américas” tiene, además, ¿otros objetivos?

A lo largo del discurso Trump fue respondiendo a esa pregunta. Y fue muy claro en su postura: Estados Unidos necesita que los Ejércitos de la región bajo la batuta del Comando Sur hagan el trabajo sucio que su Washington necesita: “combatir el acceso de extranjeros que son un cáncer”; erradicar los cárteles (los comparó con “erradicar al Estado Islámico de Medio Oriente”. Extraña comparación: ISIS no es un grupo criminal narco sino una formación paramilitar con fines políticos ¿habrá también persecuciones políticas de organizaciones opositoras consideradas terroristas?); tener el aval de los países de la región y la cooperación de sus Fuerzas Armadas para aventuras golpistas.

El ejemplo fue Cuba, país que según Trump “está al final del camino”. Señalando a los mandatarios que lo escuchaban dijo: “Muchos de ustedes me pidieron que me encargara de Cuba. Me voy a encargar (aplausos de los asistentes). Una vez que lo de Cuba y Venezuela esté claro, bajo la nueva doctrina, no permitiremos que influencias hostiles extranjeras pongan el pie en este hemisferio. Esto incluye al Canal de Panamá”. No nombró a Tierra del Fuego ni al Estrecho de Magallanes, pero también son parte.

En esa dirección habló de expandir la colaboración de los Ejércitos latinoamericanos hacia escenarios que convienen a Washington. Trump expresó esto, muy ambiguamente, en referencia a México. En medio de la enumeración de las intervenciones de EE.UU. (ISIS, Venezuela) dijo: “Tenemos que reconocer que el epicentro de los cárteles es México (…) Yo le ofrecí a la Presidenta encargarme de ellos, pero no aceptó”. Y arengó de manera confusa: “Tenemos que erradicarlos. Tenemos que comprometernos de nuevo con la ley y el orden”.

La nueva arquitectura

Trump tiene como meta frenar el declive relativo de la hegemonía norteamericana en el mundo. Su plan incluye la creación de nuevas entidades “multilaterales”, alineadas férreamente con Estados Unidos, que neutralicen las organizaciones internacionales como Naciones Unidas. El “Escudo de las Américas” es la versión regional de la Junta de la Paz (supuestamente para Gaza) que presentó en enero pasado en el Foro de Davos.

El “Escudo” estará dirigido por Kristi Noem, exsecretaria de Seguridad Nacional, tristemente conocida como la “caza migrantes” ya que durante su gestión fueron asesinados en Minnesota, entre otros, dos ciudadanos estadounidenses que se oponían a las redadas.

Noem definió al Escudo como una coalición militar “del hemisferio occidental que es fundamental para la seguridad de EE.UU.”. Estas alianzas no son nuevas en América Latina, pero habían quedado congeladas a partir de los gobiernos populares de las dos primeras décadas del siglo XXI. Con la creación del Consejo de Defensa Suramericano de la Unasur en 2008 se fortaleció la consulta y la cooperación soberana entre los países suramericanos (sin la injerencia estadounidense) al punto que, por ejemplo, se consolidó la región como área de paz.

Por esta razón, el ingreso de los países de la región al Escudo de las Américas sin consultar previamente a los Congresos nacionales estaría fuera de la ley.

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. —que ya se autoproyectaba como potencia— creó en 1942 la Junta Interamericana de Defensa (JID). La excusa del aquel momento fue el ataque de Japón a Pearl Harbor. El plan consistió en formar un sistema militar interamericano que actuara mancomunadamente, pero bajo las órdenes estrictas de Washington. En la práctica resultó ser una cadena de mando a través de la cual el Pentágono bajaba la línea política e ideológica a las Fuerzas Armadas latinoamericanas.

El objetivo de la JID fue que las Fuerzas Militares del hemisferio alcanzaran una total identificación con los objetivos y principios del imperio aun cuando estos fueran en detrimento del beneficio nacional. El “Escudo de las Américas” busca lo mismo.

Lo queda claro de la reunión en Miami es que el “Escudo de las Américas” no tiene nada que ver con el combate al crimen, sino que es el parapeto perfecto para avanzar en la imposición de la Doctrina Monroe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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