septiembre 11, 2026 5:04 am
El verdadero riesgo de la gira de Marco Rubio por países andinos no es acercarse a EE.UU., “es volver a mirar solamente al norte”: Clara López

El verdadero riesgo de la gira de Marco Rubio por países andinos no es acercarse a EE.UU., “es volver a mirar solamente al norte”: Clara López

DIARIO RED /

En su nueva columna periodística para Diario Red, la exministra y exsenadora Clara López Obregón comentó la reciente gira del secretario de Estado norteamericano Marco Rubio por los países andinos de Ecuador, Colombia y Perú, señalando que su alcance geopolítico no es más que “la puesta en escena de un realineamiento regional que coincide con el giro a la derecha de varios gobiernos y con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”.

La dirigente política precisó que el verdadero riesgo de esta gira del funcionario estadounidense no es que la región se acerque a Washington, sino “volver a mirar solamente al norte” como actitud de sumisión.

El texto del comentario periodístico es el siguiente:

Volver a mirar solo al norte

 

POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN

El criterio que debería guiar a Colombia y a América Latina es el de relacionarse maduramente con EE.UU., pero rechazar que Washington determine con quién más podemos relacionarnos.

La gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú no es una sucesión de visitas diplomáticas. Es la puesta en escena de un realineamiento regional que coincide con el giro a la derecha de varios gobiernos y con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. No es casual que la ruta enlace a Abelardo de La Espriella, Daniel Noboa y Keiko Fujimori, tres mandatarios afines a Donald Trump e incorporados al Escudo de las Américas. Washington vuelve a mirar a América Latina como espacio prioritario de su seguridad, sus recursos y su competencia con China.

Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU.

El documento estadounidense no disimula sus propósitos. Proclama un “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio. Su fórmula es “incorporar y expandir”: reclutar gobiernos afines, fortalecer nuevos socios, ampliar su presencia militar, asegurar cadenas de suministro y desalentar la colaboración regional con potencias extrarregionales. Incluso plantea condicionar alianzas y ayudas a la reducción de esa influencia en puertos, infraestructura y activos estratégicos.

La escala de Rubio en Barranquilla encaja punto por punto en ese diseño. Los llamados Acuerdos de Barranquilla abarcan seguridad, comercio, inversión, migración, Venezuela, minerales críticos y energía nuclear civil. El Gobierno colombiano propuso el Plan Patriota Siglo XXI para modernizar radares, drones, defensa aérea, inteligencia, ciberdefensa y fuerzas especiales con apoyo estadounidense. Además de confirmar el ingreso de Colombia al Escudo de las Américas, ofreció convertir a Colombia en el “principal socio de seguridad hemisférica” de Washington.

No todo acuerdo con Estados Unidos entraña subordinación. Sigue siendo nuestro principal socio comercial y un aliado decisivo en inversión, conocimiento, tecnología y seguridad. Los dos memorandos sobre minerales estratégicos y energía nuclear son, según el comunicado oficial, marcos no vinculantes sometidos a la legislación colombiana. Pueden ofrecer oportunidades reales si generan transferencia tecnológica, valor agregado, empleo y capacidades regulatorias, en lugar de una nueva especialización extractiva.

 

La preocupación nace de la acumulación y del contexto. El mismo documento de seguridad estadounidense identifica los minerales, la energía y la infraestructura latinoamericanos como piezas de su rivalidad global. Al tiempo que Colombia pide apoyo militar y alivio a los aranceles del 12,5 % que incumplen el TLC entre los dos países, se subordina a una arquitectura regional diseñada en Washington, se distancia de China y alinea posiciones sensibles sobre Israel y Venezuela. La relación se vuelve asimétrica precisamente cuanto más abarca.

«Relacionarse maduramente con Washington, sí; aceptar que Washington determine con quién más podemos relacionarnos, no»: Clara López Obregón

Colombia conoce este camino. Marco Fidel Suárez, en la segunda década del siglo pasado, lo llamó “réspice polum”: mirar hacia la estrella del norte. Alfonso López Michelsen respondió décadas después con el “réspice similia”: mirar a nuestros semejantes y diversificar las relaciones. No proponía romper con Estados Unidos, sino superar la dependencia de un único centro de poder. Esa orientación cobró nueva vigencia bajo el Gobierno Petro con la apertura hacia América Latina, China, África y el Sur Global.

La alternativa contemporánea tampoco es una imposible equidistancia entre potencias. India la denomina multialineación: coopera con Estados Unidos en el Quad, participa con China y Rusia en los BRICS y decide cada relación según su propio interés nacional. No confunde amistad con obediencia ni autonomía con hostilidad.

Ese es el criterio que debería guiar a Colombia y a América Latina. Relacionarse maduramente con Washington, sí; aceptar que Washington determine con quién más podemos relacionarnos, no. La soberanía del siglo XXI no consiste en aislarse, sino en conservar la capacidad efectiva de escoger, negociar y decir unas veces sí y otras no. El verdadero riesgo de esta gira no es acercarnos a Estados Unidos. Es volver a mirar solamente al norte.

@ClaraLopezObre

Diario Red

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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