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Durante el último fin de semana la senadora y candidata presidencial Clara López Obregón participó del Convoy Nuestra América a Cuba, organizado por la Internacional Progresista, de la cual hace parte en su calidad de integrante de su directiva, y en La Habana durante los diversos actos de solidaridad que tuvieron lugar expresó de manera categórica que estas expresiones de apoyo al pueblo cubano sometido a un sistemático bloqueo económico de más de seis décadas continuarán para mostrar ante el mundo el grado de la agresión.
«Durante 67 años, Cuba ha sido sancionada sin ningún fundamento legal bajo el Derecho Internacional, y lo que podemos hacer es alzar la voz en solidaridad, y seguiremos haciéndolo, porque ello tiene repercusiones», precisó durante una rueda de prensa la senadora López Obregón.
El convoy internacional de solidaridad llegó a Cuba en un momento crítico, después de 60 días de estrangulamiento energético, con varias toneladas de insumos médicos y artículos de primera necesidad, como parte de la iniciativa “Nuestra América”, una plataforma que articula organizaciones sociales, sindicales y humanitarias para apoyar a la isla frente al bloqueo energético impuesto por Estados Unidos desde el 29 de enero.

La coalición reunió en La Habana a diversas figuras públicas y referentes políticos del progresismo internacional, entre ellosel exlíder laborista británico Jeremy Corbyn, el exvicepresidente del Gobierno español y director de Canal Red, Pablo Iglesias y la senadora colombiana Clara López. También participaron integrantes del grupo irlandés Kneecap, el sindicalista estadounidense Chris Smalls y el analista Hasan Piker, junto a otros activistas y dirigentes.
El Convoy Nuestra América a Cuba denunció que el objetivo del Gobierno de Trump es claro: asfixiar definitivamente al pueblo cubano. Un asedio medieval que pretende estrangular la maltrecha economía de la isla, provocar el colapso de su sistema energético, alentar la desestabilización interna, desatar una crisis humanitaria y justificar una intervención destinada a forzar un cambio político.

En ese propósito de Washington la asfixia energética es la corona que se ha puesto a un bloqueo económico criminal de más de seis décadas. También es el último bloque de la torre de dominación y de crueldad a escala máxima que ha definido el segundo mandato de Donald Trump.



