febrero 11, 2026 8:31 pm
Estrategia de Seguridad de EE.UU.: «Corolario» Trump a Doctrina Monroe busca consolidar expansionismo en América Latina

Estrategia de Seguridad de EE.UU.: «Corolario» Trump a Doctrina Monroe busca consolidar expansionismo en América Latina

Washington presentó el “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe.

RESUMEN AGENCIAS /

El pasado viernes 5 de diciembre Washington presentó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU., en virtud de la cual el Gobierno de Donald Trump busca consolidar su hegemonía en América Latina y expandir su influencia en todo Occidente. Como antesala de esta política injerencista, la Casa Blanca intervino descaradamente en las elecciones legislativas de Argentina y en los comicios presidenciales en Honduras y en pocos meses se alista a meter las manos en la jornada electoral en Colombia.

En efecto, Estados Unidos se ha quitado la máscara; con una política totalmente expansionista y de dominio colonial en América Latina, busca el control total del continente. Retomando ideas de hace dos siglos, intervendrá de manera política, económica, comercial, comunicacional y militar para obtener todos los recursos de la región. Presionará e intervendrá en los gobiernos que no estén alineados para expandir sus intereses y su poder hegemónico.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional presentada -un documento que traza las líneas maestras de la política exterior de la administración Trump- se propone como objetivo prioritario la «restauración de la predominancia» de EE.UU. en Occidente; una defensa sin paliativos de la descripción de la Doctrina Monroe que el presidente Trump proclamó: «El pueblo estadounidense, y no los países extranjeros, ni las instituciones globalistas, será quien controle su propio destino en nuestro hemisferio».

Estados Unidos, a grandes rasgos, habla de una restitución de todas sus herramientas de ‘poder duro’, económico y militar, para conseguir este objetivo. El documento deja claro que Estados Unidos debe «reconsiderar» su presencia militar en el hemisferio mientras «priorizará su diplomacia comercial» a través de «las poderosas herramientas que son los aranceles y los acuerdos comerciales recíprocos».

Washington resume su estrategia en dos términos: «Expandir y alistar». «Alistaremos a nuestros aliados en el hemisferio para controlar la migración, detener el tráfico de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad terrestre y marítima. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del hemisferio», señala el documento.

Esta premisa se presenta como un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, el cual supone “una restauración de sentido común potente del poder estadounidense y sus prioridades, consistente con nuestros intereses de seguridad”.

La noción de un “Corolario Trump” hace referencia al Corolario Roosevelt, introducido en 1904. La doctrina original, concebida por el presidente James Monroe en 1823, se presentó como una advertencia a las potencias europeas contra todo intento de restaurar el colonialismo, en una época en que América Latina y el Caribe se sacudía el yugo de España y Portugal e intentaba reafirmarse frente a Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y otros actores estatales o paraestatales que explotaban el vacío dejado por la debacle ibérica. Sin embargo, en los hechos ese presunto paraguas frente a la intervención europea supuso el remplazo de las metrópolis transatlánticas por la bota de Washington, como rápida y trágicamente descubrió México al sufrir el robo de más de la mitad de su territorio a manos de Estados Unidos entre 1835 y 1854.

Para inicios del siglo XX, el presidente Theodore Roosevelt estimó que ya no era necesario fingir una postura defensiva y proclamó todo el hemisferio, fuera de las fronteras estadounidenses, como un territorio salvaje susceptible de ocupación y colonización bajo la premisa de que “en el continente americano, como en otros lugares, la inconducta crónica puede requerir finalmente la intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligar a los Estados Unidos […] al ejercicio de un poder de policía internacional”.

Bajo este corolario injerencista, República Dominicana sufrió la confiscación de sus aduanas, mientras Cuba, Nicaragua y Haití padecieron ocupaciones que se prolongaron por décadas y degeneraron en sangrientas dictaduras. Antes, en 1899, Washington ya se había apoderado de Puerto Rico, al que mantiene en situación colonial hasta ahora como haría con Cuba si la Revolución de 1959 no hubiera consumado la independencia de la isla.

El respeto formal a la soberanía de sus pares (con las notorias excepciones de Cuba y Venezuela, contra las que el injerencismo ha sido siempre descarado) no impidió a los antecesores de Trump seguir aplicando la Doctrina Monroe, como atestiguan las continuas intervenciones en Haití, los golpes de Estado contra Manuel Zelaya (2009, Honduras), Fernando Lugo (2012, Paraguay), Dilma Rousseff (Brasil, 2016), Evo Morales (2019, Bolivia), Pedro Castillo (2022, Perú); así como el Plan Mérida impuesto de la mano del espurio mandatario mexicano Felipe Calderón; el brutal ‘lawfare’ (guerra jurídica) contra Cristina Fernández de Kirchner en Argentina; el apoyo al paramilitarismo uribista en Colombia; la soberanía siempre tambaleante de Centroamérica, con la resistencia prolongada de Nicaragua y efímera de Honduras, por mencionar sólo algunos entre los innumerables ejemplos del nunca extinto monroísmo.

Así, el “Corolario Trump” no es un cambio de estrategia, sino de método: el control ejercido a través de Usaid, de la red de iglesias de ultraderecha, de universidades, medios de comunicación, poderes judiciales oligárquicos y corruptos y organizaciones no gubernamentales, se sustituye o complementa con el primitivismo del Gran Garrote, los despliegues militares ostentosos y el abandono de cualquier apariencia de legalidad. Como anunció el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en lo sucesivo la democracia será considerada una mera distracción para los objetivos imperiales de la Casa Blanca.

Este corolario de propetonecia y descarado intervencionismo no es más que el coletazo de un superpoder en decadencia acelerada, de la cual el trumpismo es tanto el síntoma más evidente como el máximo catalizador. El abuso de la fuerza no es, como pretende el magnate fascista, actual inquilino de la Casa Blanca, una señal de fortaleza, sino el recurso de quien ya no puede atraer a sus vecinos con innovación tecnológica, inversión productiva, ejemplaridad institucional o un modelo civilizatorio viable.

Mirada a los otros puntos cardinales del globo

Aunque el documento otorga un peso primordial al hemisferio occidental, también aborda la nueva estrategia de EE.UU. en el Indo-Pacífico, Oriente Próximo y África, a través de una iniciativa para «reequilibrar la relación económica con China», la estabilización de la situación de seguridad en el caso del segundo escenario y la transición, en el caso africano, desde una relación centrada en la entrega de ayuda «y la difusión de ideas liberales» en el continente, hacia una enfocada al comercio y la economía.

El «reajuste» militar anunciado por Estados Unidos tiene como principal objetivo «abordar las amenazas urgentes» que representan «el tráfico de drogas y la migración ilegal o no deseada».

Como viene haciendo desde hace meses, Estados Unidos seguirá recurriendo «despliegues específicos para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles, incluyendo, cuando sea necesario, el uso de fuerza letal para reemplazar la fallida estrategia de aplicación exclusiva de la ley de las últimas décadas».

Aunque Estados Unidos ve «difícil revertir cierta influencia extranjera» en Latinoamérica, también ve una oportunidad en gobiernos que no están ideológicamente alineados con estas potencias, sino que basan su relación en términos económicos que Washington podría mejorar, usando la economía como arma para presentar una alianza más ventajosa.

En lo que a Europa se refiere, Estados Unidos considera que «algunos responsables europeos» están exhibiendo «expectativas poco realistas» sobre la guerra en Ucrania y ha destacado como prioritario el restablecimiento de las relaciones estratégicas con Rusia y salvar así un distanciamiento entre Europa y Moscú que, en opinión de Washington, es el mejor ejemplo de la «falta de autoestima» y la amenaza del «borrado» que ahora mismo afectan a la «civilización europea».

«Queremos que Europa siga siendo europea, que recupere su autoestima como civilización, y que abandone su enfoque fallido a favor de la asfixia de las regulaciones», recoge el documento antes de poner la guerra en Ucrania como caso representativo.

El marcado cariz económico del documento se ve perfectamente reflejado en el apartado dedicado a las nuevas líneas de actuación en el Indo-Pacífico. A la «reequilibrada» relación con China, Estados Unidos propone un «enfoque sólido y continuo en la disuasión para prevenir la guerra» en la región, sin mencionar ni a Taiwán ni a las numerosas disputas territoriales entre los países que se reparten esas aguas, China entre ellos.

«Este enfoque combinado puede convertirse en un círculo virtuoso, ya que una fuerte disuasión estadounidense abre espacio para una acción económica más disciplinada, que genera mayores recursos estadounidenses para mantener la disuasión a largo plazo y menos obstáculos regulatorios», ha indicado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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