febrero 11, 2026 11:56 pm
Genealogía, lógica y desafíos ante el neofascismo emergente

Genealogía, lógica y desafíos ante el neofascismo emergente

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

En las últimas dos décadas, el capitalismo contemporáneo ha sido testigo de mutaciones profundas en sus formas de dominación, desencadenadas por la crisis multifacética del modelo neoliberal y la irrupción de nuevas derechas autoritarias y ultraidentitarias. El fenómeno de la extrema derecha no se reduce a una anomalía pasajera ni a una simple regresión ideológica; es, más bien, un síntoma y catalizador de transformaciones estructurales en el orden político, económico y cultural, capaz de articular discursos reaccionarios con demandas populares, erosionando libertades y derechos conquistados por las luchas sociales.

La irrupción de la extrema derecha en la escena global contemporánea representa, sin duda, uno de los fenómenos políticos más inquietantes y complejos del siglo XXI. Más allá de explicaciones lineales o reduccionistas, su emergencia debe ser comprendida en el marco de profundas transformaciones estructurales que atraviesan las sociedades capitalistas, particularmente en el contexto de la crisis de hegemonía neoliberal, la recomposición de las formas autoritarias de dominación y la búsqueda de nuevos dispositivos de disciplinamiento social y gestión del malestar colectivo.

El escenario político global ha experimentado el surgimiento y consolidación de movimientos y liderazgos que, retomando discursos y prácticas autoritarias, desafían los principios democráticos y el respeto a los derechos humanos. Bajo distintas formas, las expresiones catalogadas como neofascistas irrumpen en la política de América Latina, Europa y Estados Unidos, generando preocupación por el futuro de la institucionalidad y la convivencia democrática.

La hegemonía neoliberal, que marcó la agenda global desde finales del siglo XX, ha entrado en crisis en sus múltiples dimensiones: económica, social, ecológica y de legitimidad. El agotamiento de sus promesas de progreso y estabilidad ha dado lugar a nuevos ciclos de incertidumbre, polarización y malestar social. Esta crisis no solo ha desestabilizado las bases materiales del consenso liberal-democrático, sino que ha abierto espacios de disputa cultural e ideológica que ahora son ocupados por proyectos reaccionarios.

Crisis de hegemonía del neoliberalismo

El neoliberalismo, entendido como proyecto político, económico y cultural, experimenta actualmente una crisis de legitimidad y eficacia que se expresa en múltiples dimensiones. Tras cuatro décadas de reformas orientadas al mercado, privatización, desregulación y debilitamiento de las protecciones sociales, los resultados prometidos —crecimiento sostenido, bienestar generalizado, estabilidad democrática— han mostrado claros límites y contradicciones.

La desigualdad se ha agudizado, la movilidad social se ha estancado, la precarización y el desempleo se han convertido en experiencias compartidas por crecientes sectores de la población. Paralelamente, las instituciones representativas y los consensos en torno al orden liberal-democrático han sufrido una erosión notable, alimentada por la percepción, no infundada, de que los gobiernos han dejado de responder a las necesidades y aspiraciones de la mayoría.

En este vacío de sentido y legitimidad, la extrema derecha ha sabido posicionarse como opción disruptiva, apelando a la frustración, el desencanto y el resentimiento que produce el malestar social. Así, su ascenso no puede ser separado de la crisis del proyecto neoliberal: es, en muchos aspectos, su producto y, a la vez, su síntoma.

En este contexto, las formas de dominación capitalista han mutado, ensayando inéditos mecanismos de disciplinamiento y gestión del malestar. El Estado, otrora garante del pacto social y del bienestar, se ha transformado en un aparato de recomposición autoritaria, intensificando el control represivo y la mediatización de la política. La lógica neoliberal de mercantilización radical y desregulación se combina ahora con pulsiones nacionalistas, xenófobas y punitivas, que buscan restablecer un orden ante el colapso de legitimidades.

Crisis de hegemonía, disciplinamiento social y recomposición autoritaria

Profundizar en la genealogía del neofascismo y la extrema derecha supone comprender sus raíces materiales y simbólicas. Estas derechas no emergen ex nihilo: condensan tanto la crisis de hegemonía neoliberal como la incapacidad de los proyectos progresistas de canalizar el descontento social. Se alimentan de la precarización, la inseguridad vital y la fragmentación identitaria, apelando a discursos de odio, exclusión y restauración autoritaria que buscan un enemigo interno o externo.

La extrema derecha actual, a diferencia de sus predecesoras históricas, articula elementos del fascismo clásico con estrategias propias del populismo digital. Ha logrado rehacer su base social, interpelando a sectores amplios de las clases subalternas mediante promesas de protección, seguridad y restauración nacional. Esta recomposición se apoya en una sofisticada máquina de guerra cultural, desplegada en redes sociales y medios de comunicación, donde circulan narrativas de polarización, fake news y revisionismo histórico.

El ascenso de la extrema derecha es un fenómeno global, aunque adopta formas y contenidos específicos según los contextos nacionales y regionales. En América Latina, este proceso se vincula a la crisis de los modelos progresistas y al fracaso del modelo económico neolibera, generando un terreno fértil para el retorno de liderazgos carismáticos, militarización de la política y ofensivas contra derechos sociales y ambientales.

La extrema derecha latinoamericana retoma dispositivos coloniales de racismo y patriarcado, articulando su proyecto autoritario con intereses empresariales y neocoloniales. La violencia simbólica y material contra comunidades indígenas, migrantes, disidencias sexuales y luchadores sociales se convierte en parte de una estrategia de disciplinamiento y control, habilitando nuevas formas de exclusión y explotación.

Guerra cultural

En los últimos años, la extrema derecha ha desplegado una ofensiva ideológica centrada en la guerra cultural. Esta ofensiva busca erosionar consensos democráticos, deslegitimar luchas feministas, antirracistas y ecologistas, y reinstalar valores tradicionalistas y excluyentes. El aparato represivo del Estado se combina con una maquinaria comunicacional que difunde miedo, resentimiento y nostalgia por un orden perdido.

Simultáneamente, la extrema derecha ensaya nuevas formas de gestión del malestar social, presentándose como respuesta eficaz ante la inseguridad y el caos percibido. Utiliza las redes sociales para viralizar mensajes de odio y pugnacidad, reclutando seguidores y radicalizando posiciones. El terreno de disputa cultural se vuelve central: allí se define la capacidad de los proyectos emancipadores para resistir y proponer alternativas legítimas y creíbles.

Las transformaciones del Estado bajo el capitalismo contemporáneo revelan una tendencia hacia la recomposición autoritaria y el incremento de la represión. La crisis del neoliberalismo ha acelerado el despliegue de dispositivos de control social, vigilancia y criminalización de la protesta. El aparato estatal se reconfigura no solo para proteger intereses económicos, sino para garantizar la gobernabilidad ante el ascenso del descontento y la fragmentación social.

El autoritarismo contemporáneo no se manifiesta únicamente en el endurecimiento de los aparatos represivos del Estado, sino también en la colonización de la esfera pública por retóricas de odio, miedo y exclusión. El elevado grado de pugnacidad social, la deslegitimación de adversarios políticos y periodistas, el ataque sistemático a los derechos humanos y la construcción de un “enemigo interno” —migrantes, minorías, movimientos sociales, feminismos— se convierten en prácticas centrales de gobierno y control social.

En este sentido, la extrema derecha ensaya nuevas formas de disciplina que, lejos de limitarse al castigo físico o a la coacción directa, buscan modelar subjetividades, resignificar identidades y reconstruir un orden social jerárquico y homogéneo.

Frente a este escenario, las estrategias para enfrentar la extrema derecha deben ser multidimensionales, informadas tanto por la teoría crítica como por las experiencias históricas de resistencia al fascismo y autoritarismo. La construcción de alternativas democráticas y emancipadoras pasa por recuperar el terreno de la disputa cultural, fortalecer vínculos comunitarios y populares, y promover una agenda de derechos que responda a las demandas legítimas de los sectores subalternos, evitando la caída en el punitivismo y la reproducción del miedo.

Las mutaciones de la dominación en el capitalismo contemporáneo, atravesadas por la crisis del neoliberalismo y el ascenso de la extrema derecha, exigen una aproximación crítica y compleja. No basta con denunciar los peligros del neofascismo; es preciso entender su lógica de acción, sus bases sociales y sus dimensiones culturales, para pensar estrategias efectivas de resistencia y transformación.

La genealogía del neofascismo, la crisis económica y la recomposición autoritaria del Estado configuran un nuevo escenario de disputa, en el que el vínculo entre racismo, patriarcado y autoritarismo se vuelve central. Sólo desde una perspectiva crítica, informada por la teoría y por la praxis social, es posible enfrentar el desafío de la extrema derecha y abrir caminos hacia alternativas democráticas que sepan responder a los malestares contemporáneos y reinventar el horizonte emancipador.

La dimensión histórica: continuidad y novedad

Aunque la extrema derecha contemporánea comparte algunos rasgos con el fascismo clásico y los autoritarismos del siglo XX, sería un error considerarla una simple reedición de antiguas fórmulas. Su capacidad de adaptación a los lenguajes, símbolos y tecnologías del presente la dota de una peligrosidad específica.

En el ámbito internacional, observamos una “globalización del autoritarismo”, donde liderazgos ultras se retroalimentan y coordinan, articulando redes transnacionales de financiamiento, propaganda y acción política. Al mismo tiempo, la extrema derecha explota los fracasos y contradicciones de la globalización neoliberal, proponiendo políticas económicas proteccionistas, discursos antielitistas y estrategias de movilización social que desafían las ortodoxias del mercado, aunque rara vez cuestionan la estructura profunda del capitalismo.

Resistencias y desafíos

Frente al avance de la extrema derecha, emergen también nuevas formas de resistencia social, cultural y política. El feminismo, los movimientos antirracistas, las luchas por los derechos LGBTIQ+, los movimientos ambientalistas y las organizaciones populares construyen cotidianamente horizontes alternativos, basados en la pluralidad, la solidaridad y la defensa de los derechos humanos.

El gran desafío reside en articular respuestas que no solo enfrenten los síntomas, sino que ataquen las raíces del malestar y la desigualdad. Esto implica repensar los modelos de democracia, participación y justicia social, así como reconstruir la legitimidad de proyectos políticos capaces de responder a las demandas y necesidades colectivas.

En definitiva, la extrema derecha contemporánea condensa, en su despliegue, la crisis de hegemonía del neoliberalismo y ensaya estrategias renovadas de disciplinamiento social, gestión del malestar y recomposición autoritaria del poder. Su comprensión exige una mirada crítica, multidimensional e histórica, capaz de reconocer tanto las continuidades como las novedades de este fenómeno. Solo así será posible imaginar y construir alternativas emancipadoras que recuperen el sentido de la política como herramienta para la ampliación de derechos, la justicia social y la convivencia democrática.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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