¿QUEQUÉ? /
La publicación de archivos oficiales del Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre el pedófilo Jeffrey Epstein —el delincuente estadounidense encarcelado y muerto en 2019 por delitos de tráfico sexual de menores— ha reavivado el debate público en Colombia y el mundo respecto a los vínculos entre el cuestionado expresidente Andrés Pastrana Arango y figuras centrales de uno de los mayores escándalos internacionales de las últimas décadas: Epstein y su socia Ghislaine Maxwell. Más allá del interés mediático, este tema plantea profundas interrogantes éticas y políticas sobre la conducta y la responsabilidad de quienes ostentan o han ostentado cargos de poder.
La relación entre Andrés Pastrana y Jeffrey Epstein ha sido objeto de escrutinio desde que el nombre del expresidente apareció en registros de vuelos y en la agenda social del pederasta. Ghislaine Maxwell, reconocida como la pareja y principal colaboradora de Epstein, también figura en dichos registros, consolidando la existencia de una amistad y cercanía entre los tres.
La publicación de nuevos documentos arroja detalles inéditos que amplían el contexto: se hace referencia a un viaje de estos criminales estadounidenses conjunto a Colombia por invitación de Pastrana, así como a la provisión de prendas militares colombianas a Maxwell por orden directa del entonces mandatario.

Estos hechos, documentados oficialmente, refuerzan la necesidad de analizar no solo el trasfondo personal de la relación, sino también sus posibles implicaciones institucionales.
Entre los datos más relevantes de los archivos desclasificados del Departamento de Justicia estadounidense se destacan:
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La mención explícita de un viaje a Colombia en el que participaron Jeffrey Epstein, Ghislaine Maxwell y Andrés Pastrana.
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La activa participación de Pastrana en la organización del viaje, incluyendo la invitación formal a Maxwell y la provisión de prendas militares, lo que sugiere un nivel de confianza y colaboración más allá de una simple relación social.
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Declaraciones y testimonios que hacen referencia a actividades presuntamente ilegales durante la visita, en el sentido de que la proxeneta Maxwell piloteó un helicóptero Blackhawk de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), presumiendo de haber disparado un cohete contra un «campamento terrorista».

La publicación de estos documentos ha generado una ola de reacciones en medios internacionales y nacionales, reabriendo el debate sobre los límites de la vida privada de los altos funcionarios y la importancia de la transparencia.
Desde una perspectiva ética, la cercanía de Andrés Pastrana con individuos condenados por delitos graves plantea serias dudas sobre el juicio y la prudencia que debe acompañar a quienes ostentan responsabilidades públicas. La provisión de prendas militares oficiales a una ciudadana extranjera —además, envuelta en investigaciones criminales— representa una transgresión simbólica de la institucionalidad y del deber de reserva que exige el uso de símbolos patrios.
El hecho de que la relación haya trascendido el ámbito privado, involucrando recursos y símbolos del Estado colombiano, obliga a preguntarse sobre los límites del comportamiento aceptable para un expresidente y sobre la necesidad de mecanismos de rendición de cuentas más robustos para exmandatarios. La ética pública demanda no solo la ausencia de delito, sino también la percepción de integridad y rectitud.

La revelación de estos hechos ha tenido un impacto inmediato en la opinión pública colombiana, erosionando la confianza en las figuras históricas de la política nacional y alimentando un clima de desconfianza hacia las élites. Políticamente, el caso reabre el debate sobre las relaciones internacionales de los expresidentes y la influencia que pueden ejercer en la política exterior y la imagen del país.
A nivel internacional, la presencia de Colombia en los archivos de un escándalo de la magnitud del caso Epstein-Maxwell trasciende la esfera personal de Pastrana y puede afectar la percepción de la institucionalidad nacional. El escrutinio internacional sobre la posible facilitación de recursos o símbolos oficiales a personas investigadas por delitos graves pone en entredicho la seriedad de los controles estatales y la responsabilidad de quienes los representan.
El suministro de prendas militares oficiales a una ciudadana extranjera, por orden del entonces un Presidente de Colombia, podría constituir una infracción a las normas de uso y custodia de símbolos y uniformes de las Fuerzas Armadas colombianas. Si bien hasta el momento no se han presentado cargos formales, la acción podría ser investigada bajo el marco legal nacional, en particular por eventuales violaciones al Código Penal y a los reglamentos internos de las Fuerzas Militares.

La obligación de las autoridades es investigar exhaustivamente cualquier indicio de delito o complicidad, especialmente cuando involucra a figuras de alto perfil y recursos del Estado.
El caso de la relación entre Andrés Pastrana, Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell representa un llamado de atención sobre la necesidad de reforzar los estándares éticos y los mecanismos de transparencia en la vida pública colombiana.
Más allá de la legalidad, la confianza en las instituciones depende en buena medida de la conducta intachable de quienes las representan o han representado. La sociedad colombiana demanda explicaciones claras y un compromiso renovado con la integridad, no solo para esclarecer los hechos, sino para asegurar que la ética sea un pilar inquebrantable del ejercicio público.



