agosto 13, 2026 8:38 am
Imperialismo sin máscaras y restauración autoritaria: Colombia ante el Gobierno de ultraderecha de Abelardo de la Espriella

Imperialismo sin máscaras y restauración autoritaria: Colombia ante el Gobierno de ultraderecha de Abelardo de la Espriella

El historiador y cientista social colombiano Renán Vega Cantor hace un detallado análisis de las implicaciones políticas, sociológicas e históricas del ascenso de un Gobierno de ultraderecha como el que lidera en Colombia el cuestionado abogado Abelardo de la Espriella.

REVISTA RAYA /

El reconocido investigador social colombiano, economista, historiador y catedrático universitario Renán Vega Cantor en entrevista para la Revista Raya de Bogotá situó el debate colombiano en una coordenada mayor: el retorno de un imperialismo estadounidense que, según su óptica, ya no necesita presentarse como defensor de la democracia, los derechos humanos o la globalización benevolente, sino que actúa de manera frontal en defensa de sus codiciosos intereses estratégicos, financieros, militares y energéticos.

El concepto de imperialismo y su mutación contemporánea

El imperialismo, en sentido histórico, designa una relación de dominación estructural entre un centro de poder y sociedades subordinadas. No se reduce a la ocupación militar directa: comprende también la imposición de políticas económicas, la subordinación diplomática, el control de bienes naturales, la dependencia tecnológica, la expansión de bases militares, la presión financiera y la producción cultural de consensos favorables al país dominante.

La tesis central de Vega Cantor es que la fase actual del imperialismo estadounidense se caracteriza por el abandono de los disfraces discursivos. En su libro ‘Estados Unidos, un imperialismo sanguinario y sin máscaras’, recientemente publicado, afirma que Washington ha dejado de encubrir sus intervenciones bajo retóricas humanitarias o democratizadoras para asumir abiertamente una política de fuerza orientada a preservar la hegemonía del dólar, la apropiación de recursos y la supremacía militar.

En esa perspectiva, el llamado “imperialismo sin máscaras” no es una novedad absoluta, sino una intensificación. Durante el siglo XX, la intervención estadounidense en América Latina se justificó con el anticomunismo, la seguridad hemisférica, la lucha contra las drogas o la promoción democrática. En el presente, de acuerdo con Vega Cantor, esos argumentos se vuelven secundarios frente a un lenguaje más descarnado: control territorial, disputa por recursos estratégicos, alineamiento militar y disciplinamiento de gobiernos considerados incómodos.

Colombia como enclave estratégico

Colombia aparece en la entrevista como una pieza privilegiada de esa arquitectura de dominación. Su ubicación bioceánica, su proximidad al Caribe, la Amazonía y Venezuela, su biodiversidad, sus recursos energéticos y su tradición de subordinación diplomática ante Washington convierten al país en un territorio clave para la política estadounidense en América Latina.

La afirmación de Vega Cantor —“Abelardo de la Espriella va a secundar al amo imperial: Estados Unidos”— condensa el núcleo político de su diagnóstico. El nuevo Gobierno de ultraderecha, en esta lectura, no solo implicaría un viraje interno hacia el autoritarismo, sino una recomposición del vínculo externo de Colombia con la administración de Donald Trump, bajo una lógica de obediencia estratégica, militarización de la seguridad y renuncia práctica a márgenes de soberanía nacional.

Plan Patriota 2.0: seguridad, propiedad y contrainsurgencia

Uno de los puntos más sensibles de la entrevista es la advertencia sobre un “Plan Patriota 2.0”, entendido como el reencauche de estrategias inspiradas en el Plan Colombia y en la doctrina contrainsurgente.

Bajo la bandera de la seguridad, la lucha contra las drogas o la protección del orden público, esta orientación se traducirá en una política de control territorial destinada a proteger la gran propiedad privada, los megaproyectos extractivos y los intereses de corporaciones transnacionales.

De ahí que el secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, informó el pasado miércoles 12 de agosto que, De la Espriella, solicitó a Washington avanzar de manera inmediata en operaciones militares conjuntas contra lo ue Washington denomina “organizaciones narcoterroristas” e indicó que la nación sudamericana se sumará a la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C, por sus siglas en inglés), que es la principal herramienta operativa del Escudo de las Américas.

Vega Cantor hizo un recorderis sobre la formación de militares y policías colombianos en la Escuela de las Américas y dijo que este antecedente funciona como una clave histórica.

La seguridad nacional, en América Latina, no fue solo una política de defensa externa: fue, ante todo, una pedagogía de la sospecha contra trabajadores, campesinos, estudiantes, sindicatos, movimientos de izquierda y comunidades organizadas. Por eso, agregó el historiador colombiano, la reactivación del enemigo interno no puede leerse como simple retórica electoral, sino como una tecnología de poder con efectos materiales sobre la protesta social.

La influencia de Israel y la exportación de tecnologías de control

Los anuncios de De la Espriella sobre la reanudación de relaciones con Israel y el eventual traslado de la Embajada colombiana a Jerusalén son interpretados por Vega Cantor como señales geopolíticas de alto impacto.

En el plano jurídico, ese traslado tensionará el derecho internacional y la posición histórica de buena parte de la comunidad internacional frente al estatuto de Jerusalén. En el plano militar, reforzaría una alianza asociada al entrenamiento, la vigilancia, la inteligencia y las tecnologías de control social.

El elemento sociológico de esta discusión es decisivo: las técnicas de control no viajan solas. Llegan acompañadas de doctrinas, lenguajes y formas de clasificar a la población. En ese sentido, la experiencia israelí en escenarios de ocupación y conflicto es presentada por el entrevistado como un laboratorio de prácticas que pueden ser adaptadas a contextos latinoamericanos para vigilar territorios, contener comunidades movilizadas y legitimar respuestas estatales desproporcionadas.

Anticomunismo, iglesias y enemigo interno

El regreso del anticomunismo al centro del debate político colombiano es otro eje de la entrevista. Vega Cantor lo conecta con la vieja doctrina del enemigo interno y con la participación de sectores evangélicos en el nuevo Gobierno de ultraderecha. Más que una disputa ideológica abstracta, se trata de una operación de frontera: definir quién pertenece a la nación legítima y quién puede ser excluido, perseguido o tratado como amenaza.

El paralelo histórico con la violencia política desatada desde 1946 resulta inquietante. La experiencia colombiana muestra que los lenguajes de odio no permanecen en el terreno simbólico: por lo general se convierten en listas, señalamientos, expedientes, operaciones militares, desplazamientos y asesinatos. La estigmatización de la izquierda, de los movimientos sociales y de los liderazgos populares puede abrir una nueva fase de persecución institucional y paraestatal al encontrar respaldo político, mediático y religioso en los sectores recalcitrantes del conservadurismo colombiano.

Restauración autoritaria  

Las implicaciones del Gobierno de Abelardo de la Espriella, según la síntesis de la entrevista, se agruparse en cuatro dimensiones. En lo político, se perfila una basada en orden, seguridad y moralismo punitivo. En lo histórico, se reactualizan doctrinas contrainsurgentes que Colombia conoce demasiado bien. En lo sociológico, se profundiza la pugnacidad social y política mediante la fabricación de enemigos internos. Y en lo geopolítico, el país queda más estrechamente alineado con Estados Unidos e Israel, reduciendo su margen de autonomía regional.

La advertencia de Vega Cantor no se limita a denunciar un Gobierno de derecha radical. Su análisis apunta a una recomposición continental: una nueva derecha que combina neoliberalismo, militarismo, conservadurismo religioso, guerra cultural, servidumbre geopolítica y criminalización de la protesta.

Colombia, por su compleja historia de conflicto armado y por su valor estratégico, se constituye en uno de los escenarios más sensibles de esa disputa.

La respuesta social: memoria, organización y movilización

Sin embargo, el diagnóstico no desemboca en fatalismo. Vega Cantor subraya que la Colombia de 2026 no es la misma de mediados del siglo XX ni la de los años más duros de la mal denominada estrategia de “Seguridad Democrática” (en desarrollo de la cual se perpetraron los “falsos positivos”) del cuestionado exmandatario ultraconservador Álvaro Uribe Vélez, quien gobernó el país entre 2002 y 2010.

La base social, juvenil, barrial, sindical, feminista, ambiental, indígena, afrodescendiente y popular que se expresó en procesos recientes como el Paro Nacional de 2021 configura una correlación de fuerzas distinta.

La conclusión política de la entrevista es clara: frente a un proyecto de extrema derecha articulado con poderes imperiales, la salida no está en la espera pasiva ni en la confianza exclusiva en las instituciones. Está en la movilización activa, la organización ciudadana, la defensa de la justicia social, la memoria histórica y la construcción de una agenda democrática capaz de disputar el sentido común del miedo.

Advertencia histórica

La entrevista de Revista Raya a Renán Vega Cantor funciona, en suma, como una advertencia histórica. El imperialismo contemporáneo ya no se presenta como promesa civilizatoria, sino como orden de fuerza. Y el Gobierno de Abelardo de la Espriella aparece, en ese marco, como una pieza local de una estrategia más amplia de disciplinamiento regional.

El desafío para los sectores democráticos, sociales y progresistas de Colombia será impedir que la seguridad se convierta en coartada para la persecución, que la soberanía sea reemplazada por obediencia y que la memoria de la violencia política sea sepultada por una nueva ofensiva autoritaria de un pintoresco gobernante que solo recibe órdenes e instrucciones de Washington.

La entrevista

El sugerente diálogo periodístico en el siguiente video:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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