mayo 28, 2026 1:45 pm
La dimensión política de la geografía

La dimensión política de la geografía

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

Napoleón Bonaparte afirmaba que los países tienen la política de la geografía que les toca en suerte: la posición, el relieve, el clima, los accesos al mar y la disponibilidad de recursos condicionan sus intereses, sus temores y sus posibilidades de expansión o defensa.  Tal vez sólo formaliza así una oposición entre las potencias cuya fuerza reside en el dominio del mar y los imperios que se basan en el control terrestre.

A lo largo de la historia, la geografía ha funcionado como una estructura de oportunidades y límites: no decide por sí sola el rumbo de un país, pero sí influye de manera decisiva en sus prioridades estratégicas y en la forma en que conduce la guerra y la diplomacia.

Los ejemplos históricos son numerosos. Las grandes civilizaciones antiguas prosperaron en torno a ríos como el Nilo, el Tigris y el Éufrates, porque el control del agua y de tierras fértiles otorgaba poder económico y político.

En el plano militar, montañas como los Alpes o los Andes sirvieron muchas veces como barreras defensivas, mientras que llanuras abiertas —como las de Europa oriental— facilitaron invasiones y movimientos masivos de ejércitos. Del mismo modo, el dominio de mares y estrechos estratégicos permitió a potencias marítimas como el Reino Unido proyectar su influencia global, en contraste con potencias más continentales, cuya seguridad dependía sobre todo del control territorial y de fronteras terrestres extensas.

En consecuencia, la disputa geopolítica y bélica nunca puede entenderse al margen del espacio. La geografía explica por qué ciertos territorios se convierten en corredores de comercio, zonas tampón, fronteras conflictivas o núcleos de poder.

Sin embargo, conviene evitar un determinismo absoluto: la tecnología, la economía, las ideas políticas y el liderazgo también transforman el peso de la geografía. Más que un destino inevitable, la geografía es el marco permanente dentro del cual los Estados diseñan sus estrategias históricas.

La dimensión estratégica del conocimiento geográfico

‘La geografía: un arma para la guerra’ es una obra clásica de la geopolítica contemporánea y uno de los textos más influyentes para comprender la dimensión estratégica del conocimiento geográfico. Publicado en 1976 por el geógrafo francés Yves Lacoste, el libro cuestiona de manera frontal la visión neutra, escolar o meramente descriptiva de la geografía, y plantea que esta disciplina ha sido, desde sus orígenes, un saber estrechamente vinculado al poder, al control territorial y a la conducción de la guerra.

Su importancia radica en que transformó la manera de entender la geografía, al situarla en el centro de las relaciones entre Estado, territorio, conflicto y dominación.

Esta obra surge en un contexto marcado por la Guerra Fría, la descolonización, los conflictos del sudeste asiático y el cuestionamiento de las ciencias sociales tradicionales.

Yves Lacoste

La experiencia de Lacoste en Vietnam, especialmente tras su estancia en julio de 1972, resulta decisiva para la gestación del libro. Allí observa cómo el conocimiento del territorio y de sus infraestructuras puede emplearse con fines militares y de manipulación política, lo que le lleva a formular una crítica radical a la falsa inocencia de la geografía académica.

La tesis central del libro sostiene que la geografía no sirve solamente para describir paisajes, regiones o recursos, sino, sobre todo, para intervenir sobre el espacio con fines de dominación. Lacoste demuestra que el saber geográfico ha sido históricamente utilizado por los Estados, los ejércitos y las élites dirigentes para planificar operaciones militares, administrar poblaciones, organizar la ocupación del territorio y legitimar proyectos de poder.

Desde esta perspectiva, la geografía deja de ser una disciplina aparentemente neutra para revelarse como un instrumento estratégico. Uno de los grandes méritos de la obra es que no se limita a denunciar este uso político de la geografía, sino que examina críticamente la manera en que la enseñanza escolar y universitaria ha contribuido a ocultarlo bajo una presentación técnica, fragmentada y despolitizada del espacio.

En esta obra, Lacoste distingue tres formas de geografía. La primera es la geografía escolar y universitaria, orientada a la memorización de datos, mapas y descripciones regionales, y presentada como un saber objetivo y desinteresado.

La segunda es la geografía espectáculo, difundida a través de medios de comunicación, documentales y representaciones visuales del mundo que convierten el espacio en objeto de fascinación o consumo cultural. La tercera, y la más decisiva, es la geografía como instrumento del poder, utilizada para la planificación militar, la administración estatal y la organización estratégica del territorio.

Según Lacoste, las dos primeras funcionan, en gran medida, como pantallas ideológicas que encubren la tercera, que es la geografía realmente operativa en los centros de decisión.

Uno de los mayores valores del libro reside en su reflexión epistemológica. Más allá de algunas conclusiones concretas que pueden ser debatidas, la obra obliga a replantear qué estudia la geografía, para quién produce conocimiento y con qué fines sociales y políticos opera. En ese sentido, Lacoste no solo introduce un contenido nuevo, sino que abre una discusión de fondo sobre el estatuto científico de la disciplina y sobre la responsabilidad pública de los geógrafos.

Este desplazamiento crítico explica por qué el libro es considerado un clásico: no únicamente por lo que afirma, sino por las preguntas que instala de manera duradera en el campo de las ciencias sociales.

Todo conflicto de poder se territorializa

En clave geopolítica, la obra de Lacoste es fundamental porque muestra que todo conflicto de poder se territorializa. El espacio no es un simple escenario donde ocurren los acontecimientos, sino una dimensión constitutiva de la lucha política. Controlar rutas, ríos, diques, fronteras, ciudades o zonas productivas equivale a ejercer poder sobre poblaciones y recursos.

La observación de Lacoste en Vietnam es reveladora: el bombardeo de los cimientos de los diques del delta del río Rojo evidencia que el conocimiento geográfico puede utilizarse para producir efectos devastadores indirectos, ocultando la responsabilidad militar bajo la apariencia de una catástrofe natural. Este ejemplo condensa de manera poderosa la idea de que la geografía sirve para identificar vulnerabilidades espaciales y explotarlas estratégicamente.

La plena vigencia del libro en el siglo XXI se advierte en múltiples escenarios contemporáneos: guerras híbridas, disputas por corredores energéticos y marítimos, control de fronteras, vigilancia satelital, conflictos por recursos naturales, urbanización militarizada y reordenamientos espaciales asociados a la seguridad.

La geopolítica actual, marcada por tecnologías de observación, inteligencia territorial y análisis de infraestructuras críticas, confirma la intuición de Lacoste: quien domina el conocimiento del espacio amplía su capacidad de intervención sobre la realidad.

Por ello, el libro conserva un extraordinario valor analítico para interpretar tanto conflictos interestatales como formas más difusas de control territorial ejercidas por grandes corporaciones, agencias de seguridad y aparatos estatales.

Las huellas de la desigualdad y de la dominación

Desde una perspectiva sociológica, Lacoste invita a comprender que el espacio está socialmente producido y políticamente administrado. La distribución de infraestructuras, servicios, industrias, vías de comunicación y dispositivos de seguridad no es neutral, sino que responde a relaciones de fuerza concretas.

En esta línea, la ordenación del territorio aparece como una práctica que puede presentarse discursivamente en nombre del equilibrio, la armonía o el desarrollo, mientras en realidad consolida jerarquías sociales, concentra beneficios económicos y facilita mecanismos de control sobre la población.

La geografía social, tal como la plantea el autor, permite leer en el territorio las huellas de la desigualdad y de la dominación.

Uno de los aportes sociológicos más relevantes del libro es su llamado a democratizar la geografía. Lacoste sostiene que los ciudadanos deben apropiarse del análisis espacial para comprender mejor las estrategias del poder y para defenderse de sus abusos.

Esta propuesta conserva enorme actualidad en sociedades donde el acceso desigual a la información territorial, a los datos y a las tecnologías de representación del espacio puede profundizar formas de exclusión.

Democratizar la geografía implica, por tanto, convertir el conocimiento del territorio en una herramienta crítica al servicio de la ciudadanía y no exclusivamente de las élites políticas, militares o corporativas.

Una tecnología de guerra

El análisis bélico es, quizá, el eje más contundente del libro. Lacoste muestra que la guerra moderna no se libra únicamente con armas, sino también con saberes especializados sobre relieve, hidrografía, redes de transporte, densidades demográficas y localización de infraestructuras.

El caso vietnamita resulta paradigmático porque pone en evidencia una guerra sobre el territorio y a través del territorio: no se trata solo de destruir objetivos visibles, sino de intervenir sobre estructuras espaciales cuyo colapso produzca efectos humanos, políticos y simbólicos de gran escala. De esta manera, la geografía se revela como una tecnología de guerra, indispensable para calcular impactos, anticipar movimientos y maximizar la eficacia de la violencia.

En el siglo XXI, esta dimensión bélica se ha ampliado con nuevas capacidades tecnológicas: sistemas de posicionamiento, drones, Inteligencia Artificial (IA), satélites, sensores, cartografías digitales y análisis masivo de datos geoespaciales. Sin embargo, la lógica señalada por Lacoste permanece intacta: conocer el espacio es una condición para dominarlo militarmente. Su obra anticipa, de forma sorprendente, debates actuales sobre infraestructuras críticas, guerra de precisión, vulnerabilidad climática instrumentalizada y operaciones destinadas a desestabilizar sociedades mediante el ataque a redes de abastecimiento, energía o comunicaciones.

Por eso su reflexión no ha perdido vigencia, sino que se ha vuelto todavía más pertinente.

Relación entre espacio y poder

Históricamente, el libro aparece en un momento de revisión profunda de las ciencias sociales y de crítica a las narrativas aparentemente objetivas del conocimiento. Frente a una tradición geográfica centrada en inventarios regionales, descripciones físicas o taxonomías del paisaje, Lacoste reintroduce el conflicto, la estrategia y la historicidad del territorio.

Su intervención intelectual rompe con la idea de una geografía inocente y reactiva una tradición más crítica, atenta a las relaciones entre espacio y poder. En este sentido, la obra debe leerse como un punto de inflexión que contribuyó a renovar la geografía humana y a reactivar el diálogo entre geografía, historia política y teoría del Estado.

Su condición de clásico se explica, precisamente, por su capacidad de modificar el campo disciplinar. Después de Lacoste, resulta más difícil sostener una geografía desvinculada de las disputas de poder.

El libro abrió un camino para pensar la cartografía, la escala, la región, la frontera y la organización territorial como categorías atravesadas por intereses concretos.

Asimismo, contribuyó a legitimar una geografía crítica interesada en fenómenos como la desigualdad espacial, la violencia estatal, la planificación del territorio y la manipulación ideológica del espacio.

Esa capacidad de seguir generando debate es una de las marcas fundamentales de toda obra clásica.

La organización del espacio responde a una racionalidad política y económica

Políticamente, la propuesta de Lacoste es profundamente crítica. El autor muestra que la administración del territorio forma parte de las tecnologías de gobierno del Estado.

Planificar ciudades, redistribuir actividades económicas, diseñar infraestructuras, vigilar fronteras o reorganizar regiones son acciones que tienen consecuencias directas sobre la capacidad de mandar, controlar y reprimir.

La ordenación del territorio, presentada muchas veces como una técnica racional y neutral, puede convertirse en un dispositivo de disciplinamiento social y de consolidación del poder estatal, especialmente cuando se articula con intereses económicos dominantes.

En este punto, el libro conserva una resonancia notable en el presente. La expansión de proyectos extractivos, grandes corredores logísticos, enclaves energéticos, zonas francas, megaproyectos urbanos y políticas de seguridad demuestra que la organización del espacio sigue respondiendo a una racionalidad política y económica orientada tanto a la acumulación de beneficios como al control de la conflictividad social.

La intuición de Lacoste acerca de la articulación entre empresas capitalistas fuertes, aparato estatal y gestión territorial sigue siendo una herramienta poderosa para interpretar el funcionamiento contemporáneo del poder.

Vigencia en el siglo XXI

Este texto mantiene plena vigencia porque ofrece una clave de lectura indispensable para comprender el presente: el espacio sigue siendo un campo de disputa, y el conocimiento sobre él continúa siendo una fuente de poder.

La obra de Lacoste conserva su fuerza no solo por su denuncia de la función militar y política de la geografía, sino también por su exigencia de repensar críticamente la disciplina desde una perspectiva democrática.

Su gran legado consiste en haber mostrado que la geografía puede ser, al mismo tiempo, un instrumento de dominación y una herramienta de emancipación. En esa tensión reside la actualidad del libro y su valor duradero dentro de la geopolítica, la sociología del espacio y la reflexión crítica sobre el poder.

Acceso al libro

 

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

La geografía: un arma para la guerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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