POR OMAR ROMERO DÍAZ /
Por estos días el país vuelve a hablar de un tema que la vieja oligarquía siempre quiso esconder: el robo de las tierras baldías, esas que son de la nación, de todos los colombianos, pero que terminaron en manos de unos pocos políticos, banqueros, empresarios y familias poderosas que se creían dueñas de Colombia.
La denuncia no es nueva, pero sí es histórica. Y hoy vuelve a tomar fuerza porque el presidente Gustavo Petro ha decidido ir hasta el fondo, sin miedo y sin favores, a pesar de que eso incomode a quienes llevan décadas beneficiándose del silencio.
La tierra: el botín privado de la oligarquía

En Colombia, los baldíos debían entregarse a campesinos sin tierra, a quienes producen la comida que llega a nuestras mesas.
Pero durante años, esos terrenos fueron capturados por los mismos de siempre: congresistas de derecha, empresarios multimillonarios, grandes banqueros y hasta familias de expresidentes.
Un país donde el campesino sigue pobre y sin tierra, mientras políticos se enriquecen “volteando” terrenos que no son suyos.

El presidente Petro reveló recientemente que la Agencia Nacional de Tierras ha identificado que alrededor del 30 % de los congresistas estarían involucrados en acaparamiento de baldíos.
El 30 %. Una cifra que debería estremecer al país. Pero lo más grave es que no se trata solo de corrupción: se trata de un sistema montado para que la oligarquía controle la tierra, la riqueza y la política.
Guaymaral: el símbolo del abuso
El caso de Guaymaral lo explica todo. Una hacienda que pasó de manos de un paramilitar, Ángel Gaitán Mahecha, a familiares del cuestionado expresidente Andrés Pastrana, su Ministro de Relaciones Exteriores, su Director de Planeación Nacional y su jefe de campaña.
Una sola finca que muestra cómo funcionaba el país: la violencia abría el camino, la política legalizaba el botín y los poderosos se repartían la tierra como si fuera un premio familiar.
Cuando el presidente Petro recuerda estas historias, la oligarquía se ofende. No porque sean falsas, sino porque teme que el país despierte.
La reacción de los poderosos: callar al que denuncia
No es casual que, apenas el Gobierno del Cambio empezó a revelar estos entramados, algunos políticos y legisladores de Estados Unidos se sumaran a la campaña para intentar enjuiciar al Presidente.
No es casual que hoy intenten calificarlo como “jefe de la mafia”, mientras guardan silencio sobre los verdaderos acaparadores de tierras y lavadores de activos.
El mensaje es claro: quieren callar al Gobierno que decidió enfrentar a los intocables.

Lo que sí está haciendo el Gobierno del Cambio
Mientras los mismos de siempre atacan, este Gobierno está haciendo lo que nunca hicieron: recuperar tierras baldías que fueron robadas al Estado.
Investigar el volteo de tierras y las redes de lavado detrás del negocio. Revelar las conexiones entre políticos poderosos, mafias y empresas constructoras. Proteger al campesino y avanzar en la reforma agraria que por años fue burlada por la oligarquía y gobiernos anteriores. Desmontar el entramado que convirtió a la tierra en un negocio exclusivo de la oligarquía.
Por primera vez en décadas, el Estado está del lado del ciudadano común y no del gran terrateniente.

Hoy la pregunta es simple: ¿vamos a dejar que quienes se robaron la tierra vuelvan a gobernar? ¿Vamos a permitir que el país regrese a los años donde la corrupción, el paramilitarismo y el negocio del volteo mandaban por encima de la ley?
El Gobierno del Cambio no es perfecto, ninguno lo es, pero ha tenido el mérito de decir lo que nadie decía, hacer lo que nadie hacía y tocar a quienes nadie tocaba.
Ha puesto el foco donde duele: en el poder real, en esa alianza entre política, mafia y dinero que ha frenado el desarrollo de Colombia por décadas.
Seguir con el Cambio no es un favor a Petro. Es una decisión por el país.

Es decirle NO al saqueo, NO al robo legalizado de la tierra, NO al silencio que beneficiaba a unos pocos.
Y es decirle SÍ a una Colombia donde la tierra vuelva a ser de quienes la trabajan y no de quienes la roban.
Cuando la verdad incomoda es porque está haciendo su trabajo. La verdad salió a la luz. Y cuando una verdad toca intereses tan altos, la reacción es inmediata: ataques, mentiras, persecución, intentos de silenciar al Presidente.

Pero el colombiano de a pie lo entiende: si los poderosos tiemblan, es porque el Gobierno del Cambio está yendo por el camino correcto.
Hoy más que nunca, Colombia tiene que decidir si quiere volver al país de la tierra robada… o si quiere seguir avanzando hacia el país donde la justicia, por fin, empieza a tocar la puerta de los intocables.



