marzo 13, 2026 3:53 pm
Los comunes: propuesta que posibilita imaginar un nuevo modo socioeconómico sustentado en cooperación, interdependencia, reciprocidad y toma colectiva de decisiones

Los comunes: propuesta que posibilita imaginar un nuevo modo socioeconómico sustentado en cooperación, interdependencia, reciprocidad y toma colectiva de decisiones

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

En un mundo dominado por un sistema como el capitalismo salvaje que con su codicioso modelo neoliberal ha conducido a la humanidad a enfrentar una grave crisis civilizatoria que amenaza con exterminar la vida en el planeta, la sugerente propuesta de los comunes ofrecen un horizonte para imaginar un nuevo modo socioeconómico orientado a la cooperación, la solidaridad y la sostenibilidad: no negando la necesidad de organización y reglas, sino proponiendo que la producción y el cuidado de lo esencial se decidan democráticamente y se sostengan con responsabilidades compartidas.

En concreto los denominados comunes (o procomún) se refieren a recursos y capacidades que una comunidad reconoce como compartidos y cuyo acceso, uso y cuidado se organizan de manera colectiva. Pueden ser materiales (agua, bosques, semillas, territorio, infraestructura comunitaria) o inmateriales (conocimiento, software libre, datos, cultura). La idea central no es solo el “recurso”, sino el arreglo social que lo hace posible: reglas, prácticas, responsabilidades y mecanismos de decisión que sostienen el bien compartido en el tiempo.

El interés internacional por los comunes ha crecido como respuesta a la intensificación de dinámicas asociadas al neoliberalismo: privatización de bienes públicos, mercantilización de esferas antes no sometidas al mercado (educación, salud, vivienda, naturaleza), precarización del trabajo y concentración de riqueza y poder. Desde esta perspectiva crítica, los comunes aparecen como una alternativa a la lógica de extracción y competencia permanente, porque priorizan la reproducción de la vida, la sostenibilidad y la cooperación sobre la maximización de ganancias.

En términos de gobernanza, los comunes se diferencian tanto del mercado como del Estado cuando promueven formas de autogestión y corresponsabilidad. La investigación de la reconocida politóloga estadounidense Elinor Ostrom (1933-2012) mostró que muchas comunidades, lejos de destruir sus recursos por “tragedia”, han diseñado instituciones robustas para administrarlos: límites claros, reglas ajustadas al contexto, participación en la toma de decisiones, monitoreo, sanciones graduales y mecanismos de resolución de conflictos. En otras palabras, los comunes funcionan cuando existen instituciones sociales que equilibran derechos y deberes.

Como propuesta socioeconómica, el procomún suele conectarse con prácticas como cooperativas y mutuales, redes de cuidados, economías solidarias, bancos de tiempo, agricultura apoyada por la comunidad, gestión comunitaria del agua, y también con comunes digitales (Wikipedia, repositorios de conocimiento abierto, software libre). En todos los casos, el eje es el trabajo digno y la creación de valor social compartido, evitando que los beneficios se capturen privadamente mientras los costos (ambientales, sociales) se socializan.

No obstante, los comunes no son una “solución automática”. Enfrentan riesgos de exclusión interna, captura por élites locales, falta de recursos para sostener el cuidado colectivo, y presiones externas (extractivismo, especulación inmobiliaria, marcos legales que privilegian la propiedad privada). Por ello, su potencial transformador suele depender de articulaciones con políticas públicas, marcos jurídicos que reconozcan la gestión comunitaria, y alianzas amplias que protejan el territorio y los derechos.

David Bollier, escritor y activista estadounidense, es una de las voces más influyentes en la divulgación contemporánea del enfoque de los comunes. En su libro ‘Pensar desde los comunes’, propone reconsiderar los bienes comunes no como vestigios premodernos, sino como arreglos institucionales y culturales vigentes para producir, cuidar y dist riqueza compartida.

El hilo conductor de la obra es una impugnación de la lectura convencional que reduce los comunes a recursos condenados al deterioro por el uso egoísta. Bollier discute la popularidad de la llamada “tragedia de los comunes” —convertida en un lugar común del discurso económico y mediático— y sostiene que su generalización funciona como coartada intelectual para dos salidas igualmente problemáticas: la privatización (mercantilización) o la centralización estatal.

Frente a esa dicotomía, el autor presenta los comunes como un paradigma de cooperación: no se trata solo de “cosas” compartidas, sino de un sistema social compuesto por (1) un recurso, (2) una comunidad de usuarios/cuidadores y (3) reglas, prácticas y mecanismos de gobernanza que definen acceso, responsabilidades y sanciones.

David Bollier

El libro recurre a historias de autogobierno en distintos lugares y escalas para mostrar que la gestión comunitaria puede ser eficiente, creativa y sostenible cuando se apoya en normas legítimas y en relaciones de reciprocidad.

Poder, Estado y mercantilización

Desde una perspectiva política, la obra puede leerse como una crítica a la racionalidad neoliberal que convierte toda relación social en transacción y toda riqueza colectiva en oportunidad de extracción. Bollier subraya que el “expolio” de lo compartido no es un accidente, sino un resultado estructural de marcos legales y económicos que favorecen la apropiación privada de beneficios y la socialización de costos (ambientales, urbanos, culturales y digitales).

La crítica, sin embargo, no desemboca en un antietatismo simple. El argumento apunta a los límites de un Estado que, al operar mediante burocracias rígidas o alianzas con intereses corporativos, puede debilitar capacidades comunitarias de cuidado. En lugar de “más Estado” o “más mercado” como respuestas automáticas, el libro invita a pensar diseños institucionales híbridos: reconocimiento jurídico de formas de autogobierno, políticas públicas que habiliten la gestión comunitaria y mecanismos de co-gobernanza que protejan lo común frente a la captura.

En clave democrática, el paradigma de los comunes desplaza el centro de gravedad de la política: la ciudadanía deja de ser solo demandante de derechos ante el Estado o consumidora en el mercado, para convertirse en corresponsable de reglas, infraestructuras y decisiones colectivas. Esta propuesta también obliga a reconocer el conflicto: decidir quién participa, cómo se define la pertenencia, qué se considera “uso legítimo” y cómo se resuelven disputas son preguntas constitutivamente políticas. El valor del enfoque está en que no elimina esas tensiones, sino que las encauza mediante procedimientos y compromisos compartidos.

Comunidad, normas y producción de lo social

En términos sociológicos, el libro resulta sugerente porque entiende los comunes como una forma de producción de lo social: al gestionar un recurso, la comunidad produce también normas, identidades, vínculos de confianza y saberes situados. Las historias que presenta Bollier muestran que la sostenibilidad de un común depende menos de la “bondad” individual que de arreglos relacionales: reciprocidad, reputación, vigilancia mutua aceptada, sanciones proporcionales y espacios deliberativos donde se renegocian reglas.

Asimismo, el enfoque de los comunes cuestiona la idea de que la coordinación social se explica principalmente por incentivos monetarios o por obediencia a la norma estatal. Bollier resalta motivaciones como el cuidado, el sentido de pertenencia y la dignidad asociada a participar en decisiones que afectan la vida cotidiana. En ese punto, la obra dialoga con debates sobre economía moral, acción colectiva y reproducción social: lo común aparece como un terreno donde se disputan subjetividades y se reeduca el deseo frente a la lógica del “usuario/cliente”.

Una dimensión especialmente contemporánea es la expansión de los comunes hacia lo digital y el conocimiento: software libre, repositorios abiertos y comunidades que producen bienes no rivales mediante colaboración distribuida. Este desplazamiento complejiza la sociología de los comunes: la proximidad territorial deja de ser condición, pero se vuelven cruciales la gobernanza de plataformas, la arquitectura técnica y las licencias que definen derechos de uso, copia y modificación.

Aportes, tensiones y límites

  • Reencuadre conceptual: desplaza el debate de “recursos” a “relaciones” (comunidad + reglas + cuidado), haciendo visible un tipo de racionalidad práctica distinta de la mercantil.

  • Potencial político: ofrece un lenguaje para nombrar y defender lo compartido frente a dinámicas de privatización, extractivismo y captura regulatoria.

  • Imaginario de transición: muestra experiencias concretas de autogobierno que funcionan como laboratorio social para alternativas institucionales.

  • Ética del cuidado: reivindica la sostenibilidad como práctica cotidiana y no solo como objetivo técnico.

Al mismo tiempo, un análisis crítico puede señalar desafíos recurrentes: (1) escalamiento (cómo sostener reglas y participación cuando crece la comunidad), (2) inclusión (riesgo de que “lo común” reproduzca jerarquías locales, excluya a migrantes o naturalice desigualdades de género), (3) relación con el Estado (qué diseños legales protegen sin asfixiar), y (4) conflicto con mercados y plataformas (cómo evitar la cooptación o la extracción de valor por intermediarios). Estas tensiones no invalidan el paradigma; más bien marcan el terreno donde los comunes deben pensarse como política institucional y no solo como romanticismo comunitario.

En conjunto, este texto propone una brújula para comprender y disputar el presente: o bien se acepta la continuidad del cercamiento de la riqueza compartida por intereses privados y lógicas estatales poco permeables, o bien se fortalece una cultura política de corresponsabilidad capaz de reconstruir vínculos, proteger ecosistemas y democratizar la producción de valor.

La principal virtud del libro es que combina argumento y ejemplo, invitando a trasladar la pregunta por “qué es lo común” hacia “cómo se hace” y “qué instituciones lo vuelven durable”.

Acceso al libro

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

Pensar desde los comunes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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