EDITORIAL TSC /
El pasado 1 de Mayo, fecha emblemática en la que se conmemoró el Día Internacional del Trabajo, el presidente Gustavo Petro realizó un discurso emblemático en el marco de la convocatoria a una Consulta Popular para restablecer derechos laborales conculcados por nefastos gobiernos neoliberales en Colombia para el beneficio de los que ostentan el gran capital.
La multitudinaria marcha que tuvo su epicentro en Bogotá y se replicó en alrededor de 200 poblaciones a lo largo y ancho de la geografía nacional marca un hito en la evolución del poder ciudadano en las calles y la conciencia de clase en Colombia.
En efecto, la repercusión que ha tenido en la opinión pública es que hoy en la sociedad colombiana la lucha contra la injusticia social necesita compaginar las demandas de una adecuada redistribución, con aquellas de un apropiado reconocimiento y una efectiva participación política.
En ese sentido, la convocatoria a Consulta Popular y las palabras del presidente Petro han generado diversas reflexiones sobre el futuro del país en términos de participación ciudadana y luchas sociales.

Contexto político y social
Colombia ha sido testigo de movimientos sociales significativos en las últimas décadas, con una creciente participación de la ciudadanía en manifestaciones y protestas. La llegada de Gustavo Petro a la Presidencia de la República en 2022 representó una ruptura con el tradicional y caduco bipartidismo oligárquico y trajo consigo una agenda política orientada hacia la justicia social y la democratización de la participación ciudadana. Los términos de la alocución presidencial el pasado jueves 1 de mayo y la invitación a que sea el pueblo el que decida sobre las condiciones laborales en el país se enmarcan en esta línea de empoderamiento ciudadano.
La convocatoria a de la Consulta Popular se presenta como una estrategia para afirmar la voz del pueblo en la toma de decisiones políticas y como un mecanismo que legitima las decisiones gubernamentales a través del apoyo popular.
Por ello, en su discurso, Petro subrayó que el poder ciudadano en las calles es esencial para mantener la vigilancia sobre el Gobierno y asegurar que las políticas públicas respondan a las necesidades de la población.

La movilización ciudadana ha sido un elemento clave en la historia reciente de Colombia. Desde las protestas estudiantiles hasta las manifestaciones en contra de la violencia y la corrupción, los ciudadanos han demostrado su capacidad para influir en la agenda política.
En ese contexto, es interesante observar que no obstante la permanente campaña de alienación desplegada por parte de los aparatos ideológicos del establishment como los medios corporativos de (des)información, en Colombia se viene generando un despertar social que se traduce en conciencia de clase.
Gracias al mensaje presidencial y a las movilizaciones populares se está dando un reconocimiento por parte de amplios sectores ciudadanos de su posición dentro de la estructura social y la identificación con otros que comparten condiciones similares.

En Colombia, la conciencia de clase ha ido en aumento, especialmente en el contexto de la lucha por la justicia social y la igualdad. El discurso presidencial y el proceso de convocatoria de la Consulta Popular potencian este sentimiento, promoviendo la solidaridad y la acción colectiva entre los diferentes sectores sociales.
Esta circunstancia inédita por lo demás en el proceso sociopolítico del país anticipa algunos escenarios de futuro en términos de poder ciudadano y conciencia de clase. Es evidente que a partir del Gobierno Petro se ha estimulado el debate público generando mayor participación ciudadana en términos de la agenda de interés nacional. La Consulta Popular puede motivar a más ciudadanos a involucrarse activamente en la política, fortaleciendo la democracia y haciendo que las decisiones gubernamentales sean más inclusivas y representativas.
También es interesante en este proceso la consolidación de movimientos sociales que reivindican derechos y garantías sociales.
La convocatoria de la Consulta Popular, además, puede influir directamente en la formulación de políticas públicas más equitativas y justas, en línea con las demandas ciudadanas. De esta manera, el rol activo de la ciudadanía forzará a que los gobiernos estén alineados con los intereses y expectativas del pueblo.

La narrativa oficialista puede ser incómoda para los sectores de la derecha que defienden el statu quo, pero es innegable que ha logrado tocar una fibra popular real. Petro, al decir que “el jefe ahora es el pueblo”, no solo hace un gesto simbólico; pone en el centro del debate la legitimidad democrática que se expresa en las calles tanto como en las urnas. Y el mensaje fue contundente: si el Congreso bloquea el cambio, el pueblo se lo cobrará en las elecciones del 2026.
La jornada del pasado 1 de mayo ha marcado un punto de inflexión: el momento en que el pueblo colombiano, históricamente condenado a la marginalidad y la explotación política de las camarillas oligárquicas, ha decidió terminar con décadas de ignominia y reclamar su lugar en la historia.
Parece que por fin una ciudadanía consciente y deliberante ha aprendido la lección: la democracia no se mendiga; se construye con el paso firme de las mayorías que ya no temen marchar masivamente y alzar su voz para reclamar sus justos derechos y construir democracia.



